Pese a que la ciudad complutense pasó por un periodo de esplendor durante los Siglos de Oro, no cabe duda de que en épocas posteriores ha ido acumulando una producción artística notable, más consistente de lo que a primera vista pudiera parecer.
Eso es lo que cabe pensar a propósito del xix, una centuria que nos dejó algunas de las edificaciones características de la ciudad, como es el caso del Hotel Laredo, muy afín al gusto burgués, cuya decoración neogótica mueve a una saludable melancolía. En la misma linde se sitúa el Casino, un edificio ubicado en el número 2 de la Plaza de Cervantes y que sirve de sede al Círculo de Contribuyentes, el órgano económico de la Sociedad de Condueños.
El Círculo de Contribuyentes fue fundado en 1893 y los obreros trabajaron en la construcción del edificio a lo largo de 1901, de acuerdo con los planos que trazó el arquitecto Martín Pastells. Elaborada con ladrillo rojo, la fachada está diseñada según la interpretación que Pastells hizo del estilo neomudéjar. El acceso queda abierto mediante dos terrazas, a las que se llega por sendos tramos de la escalera exterior.
Por lo que concierne al interior del edificio, sobresale por su brillantez decorativa el Salón Noble, cuyos lienzos simulan la textura y disposición ornamental de los tapices. Llevados a cabo por el pintor Félix Yuste en 1901, estos lienzos reflejan el paisaje alcalaíno y ciertas alegorías de la Villa. De todos ellos, destaca el titulado Apoteosis de Alcalá, en el cual queda resumido el devenir cultural de la ciudad, pues suministra un modelo, o mejor dicho, una identidad a propósito de la tradición histórica que defienden los alcalaínos.
Igualmente notable es la pintura que ilumina el techo, y que fue realizada en el año 1906 por Samuel Luna López. Con todo, una observación resulta inevitable: acumulando este muestrario, el edificio del Círculo de Contribuyentes se traduce en respeto por esa pacífica burguesía local, a la cual bien podemos imaginar, por coincidencia literaria, con un oportuno sesgo galdosiano.