Recogida por sus hagiógrafos, la trayectoria de San Felipe Neri (1515-1595) corre pareja al desenvolvimiento del humanismo cristiano. Este poeta, hijo de un notario florentino, se ordenó sacerdote en 1551, y en San Gerolamo della Carità fundó la Congregación del Oratorio. Dada su inclinación lírica y popular, el santo no pudo menos de animar la piedad de sus feligreses a través de la música, anticipándose con esa fórmula al discúlpesenos una redundancia en la que volveremos a incurrir oratorio musical.
Fue canonizado en 1622, y bajo su advocación se fundó en Alcalá, en 1694, este Oratorio de San Felipe Neri, hoy Colegio de Filipenses. A modo de curiosidad intelectual, diremos que éste fue el lugar de retiro de don Miguel de Unamuno, ilustre defensor de Alcalá. Probablemente, el sabio debió de disfrutar con la biblioteca que se custodia tras estos muros, y que contiene saberes cruzados e inagotables.
El fundador del Oratorio fue el obispo de Melilla, Martín de Bonilla y Echevarría, cuyos restos mortales descansan en este lugar desde 1704. Si bien el convento pudo completarse en 1704 las obras habían comenzado en 1698, la iglesia no estuvo terminada hasta 1714, y ello gracias a lo fijado en el testamento de la Condesa de Alba de Liste, quien fue sepultada junto al fundador.
Dicen los expertos que la fachada de ladrillo de su iglesia ofrece rasgos tardíos del estilo madrileño de la Encarnación. Para los legos en la materia, es más evidente que el patrono o mejor, su escultura reposa en el interior de un nicho, acaso con el fin de verificar a la sombra la vitalidad de su enseñanza. Dentro del templo, trazado con planta de salón, cabe advertir la cúpula elíptica que se abre sobre el altar. Aparte de la capilla barroca de la Inmaculada, la iglesia contiene otros apartados de notable atractivo artístico, si bien el retablo se perdió durante el saqueo de las tropas napoleónicas.
El padre Lecanda abrió en su interior un museo que catalogó debidamente los fondos del Oratorio. En lo que se refiere a esculturas, podemos admirar la talla de San Felipe Neri, atribuida a la escuela de Alonso Cano, y la talla de Santa Teresa, seguramente elaborada por Gregorio Fernández. Entre las pinturas que conocerá el visitante en este lugar destacan el Calvario, de Mariano Salvador de Maella; el San José, de Antonio Palomino de Castro; el San Bruno, de Vicente Carducho; Santa Teresa, de Juan Delgado; la Inmaculada, de Pereda hijo; la Glorificación de San Felipe Neri, de J. Vicente Ribera, y un boceto de la Purísima, de Vicente López.