Por razones que no se ocultan al lector, la edificación que en esta página se incorpora al paseo alcalaíno adquiere para nosotros una particular dimensión, dado que entre 1997 y 2004 se elaboraron entre sus muros las páginas del Centro Virtual Cervantes. En ella se aloja desde 1991 el Instituto Cervantes.
Pero, más allá de lo que significa en esta dirección, el Colegio del Rey es una garantía de gozosos hallazgos; una certeza de curiosidades históricas que la piedra revela a cada trecho. Ciertamente, ese tipo de revelaciones comienza en el momento mismo de la fundación. Y es que el Colegio de San Felipe y Santiago, inaugurado por orden del rey Felipe II en 1550, ocupó su espacio en la calle Libreros a modo de compensación por el expolio achacable al emperador Carlos V. Ampliando el ciclo monárquico, la construcción concluyó cuando Felipe III ocupaba el trono. De ahí que en el dintel de la portada, sobre el frontón, se haga ver su escudo real el de los Austrias y una inscripción donde leemos la seña del patronazgo: «Philippus III H Rex Chrmo».
Con esos antecedentes, no sorprende que los colegiales que tenían previsto su alojamiento tuviesen este detalle en común: casi todos ellos eran hijos de servidores reales, y por tanto requerían un entorno de modales cortesanos. No obstante, aquí se desliza la ironía, puesto que, entre quienes sucedieron a los dieciséis colegiales que inauguraron sus instalaciones, figura otro estudiante, Antonio Pérez, no precisamente oportuno en su labor como secretario de Felipe II. De todos modos, conviene destacar la excelencia del maestro de don Antonio, que fue el doctor Gaspar Carrillo de Villalpando.
Al margen de tan complejo personaje, hubo aquí otros estudiantes de Teología, Leyes y Cánones. Entre ellos, sobresale Francisco de Quevedo. También hemos de subrayar la eficacia de rectores como el humanista Ambrosio de Morales (1513-1591), religioso jerónimo, e hijo del doctor Antón García de Morales, a la sazón uno de los primeros catedráticos de Filosofía de la Universidad Complutense. Traductor al español de la Tabla de Cebes y cronista real, Morales redactó El viaje hecho por orden de Felipe II a León, Galicia y Asturias, Las antigüedades de Castilla y de las ciudades de España, la Memoria Sanctorum qui nati sunt in Hispania y Las vidas de los santos Justo y Pastor. Además de ejercer como profesor de Retórica en la Complutense entre 1543 y 1546, escribió La crónica general de España (1574-1577), y además realizó una admirable labor en la Biblioteca de El Escorial.
Aun conservando la huella de ocupantes tan ilustres, el Colegio del Rey dio por concluida su tarea en 1836. Poco tiempo después, en 1842, la Universidad se trasladaba hasta Madrid, y el edificio fue puesto a la venta. Desde 1882 alojó la Casa de Correos y Telégrafos. Una vez más pasó a manos privadas, hasta que el Ayuntamiento de Alcalá lo adquirió nuevamente. Sede del Archivo Histórico Municipal y más adelante de la Fundación Colegio del Rey, el antiguo colegio acogió por último las instalaciones del Instituto Cervantes, y bajo su enseña cabe hoy reconocerlo en la calle Libreros.
El visitante puede admirar la fachada de ladrillo, custodiada por dos torreones y atribuida a Juan Gómez de Mora. El claustro, construido en 1696 por José Sopeña, sigue los criterios del estilo herreriano. El patio interior es renacentista y tiene dos alturas que inicialmente estaban formadas por arcos de medio punto, aunque en la actualidad la superior queda ocupada por balcones. En los muros de las crujías se distinguen dos lápidas romanas y alguna otra fechada en el siglo xvii. Si bien se perdió la capilla original, se mantiene, a modo de testimonio, su cúpula barroca.