Sabemos que Miguel de Cervantes Saavedra vino al mundo en Alcalá de Henares, el 29 de septiembre de 1547. Pero en cuanto al detalle hogareño de aquel nacimiento, tenemos una deuda con el erudito conquense Luis Astrana Marín (1889-1960), biógrafo y traductor de Shakespeare (1930), autor de Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra (1948-1958), editor de las Obras completas de Quevedo (1932) y de Calderón (1932), y por tanto buen conocedor de los pormenores alcalaínos durante los Siglos de Oro. En ese esfuerzo profundo, fue don Luis quien ubicó la casa natal de Cervantes. Con todo, Andrés Trapiello evidenció una duda que otros compartieron:
«Las mismas conjeturas en las que se sumieron los eruditos para establecer la casa de Miguel de Cervantes, rodean la fecha de su nacimiento. Sabemos que le dieron las aguas el 9 de octubre de 1547 por el acta de bautismo. Se sospecha que nació el día de San Miguel, el 29 de septiembre, por el nombre que llevó. (…) Su casa natal en la calle de la Imagen, siempre y cuando creamos que esa casa, después de transformaciones y remodelaciones sin cuento, fue su casa, no guarda ningún parecido con la que conoció Cervantes, y en el caso también de que a eso podamos llamarlo conocer, ya que Cervantes abandonó la casa y el pueblo cuando todavía no contaba cuatro años.»
Las vidas de Miguel de Cervantes, Barcelona, Planeta, 1993, p. 20.
Mirándolo desde un ángulo menos estricto, preferimos observar ese edificio como un testimonio cervantino. Un testimonio, en fin, cuya substancia debe mucho a la ilusión de todos los alcalaínos que desean evocar a su ilustre paisano.
Repasemos, por lo tanto, aquellos detalles que no dejan entrever la sospecha. Mucho tiempo después de que Cervantes lo ocupara debemos situarnos en 1953, el Ayuntamiento de Alcalá de Henares decidió adquirir el inmueble, que en lo sucesivo, y tras las correspondientes disposiciones, alojó lo que hoy conocemos bajo el nombre de «Casa de Cervantes», en la que también hallamos la Biblioteca y el Museo Cervantino. Un año después, el Ministerio de Educación encargó la muy laboriosa restauración del conjunto al arquitecto José Manuel González Valcárcel. En lo que concierne a su vínculo administrativo, la gerencia de este rincón corresponde a la Consejería de Cultura y Deportes de la Comunidad de Madrid desde 1985. Posteriormente, ya en 1998, los arquitectos Juan José Echeverría y Enrique de Teresa dirigieron unas obras de ampliación que mejoraron sensiblemente el recorrido interior de este museo cervantino.
Diseñada en torno a un patio cuadrangular, esta casa ejemplifica las normas de edificación propias de la tradición toledana, con esa mampostería de ladrillo que confiere personalidad a la fachada. Al margen de los detalles arquitectónicos, conviene reseñar los contenidos que atesora el museo, lleno de muebles, enseres, tallas y demás piezas artísticas que reflejan la cotidianidad en tiempos del escritor. En este campo, las colecciones de bargueños y de braseros son de especial interés. Por otro lado, el visitante puede disfrutar de una notable colección bibliográfica, y asimismo puede recorrer las distintas salas que dispone el trayecto: la Sala despacho del padre, la Sala de aparato, la Sala del estrado de las damas, la cocina, el comedor y los dormitorios.