Para orientarnos en nuestra próxima visita, cabe citar como punto de referencia el monumento en homenaje al guerrillero Juan Martín el Empecinado, que fue inaugurado en 1879 y que es obra de Carlo Nicoli, ese escultor italiano a quien asimismo debemos la estatua de Cervantes que preside la Plaza del mismo nombre. En las proximidades del citado monumento, y como verdadera curiosidad, casi oculta a las miradas menos advertidas, destaca la fachada del Colegio convento de la Merced Descalza, que aun hoy sorprende a los paseantes deseosos de conocer el fecundo acervo arquitectónico de la ciudad.
Difícil es fijar los rasgos de este lugar. En principio, tiene algo de ruina y como tal se distingue de otras edificaciones similares, mucho mejor conservadas. Su aspecto produce la impresión de un tiempo que ha ido devastando su hermosura original, pero a no dudarlo también revela rastros de un pasado glorioso. A la fachada, casi irreconocible si pensamos en su primer diseño, le faltan la portada y otros ornamentos que lució el colegio en su fundación, llevada a cabo en 1613. No obstante, conserva el claustro y también vestigios de su iglesia. Anulada su condición original en beneficio de posteriores ocupantes militares y operarios fabriles, el edificio encarna hoy los estragos que sufre una parte del patrimonio alcalaíno, y que una eficiente y minuciosa labor rehabilitadora intenta contrarrestar. Como sucede con otras construcciones en circunstancias similares, el uso institucional es el más recomendable para su activa conservación.
A título anecdótico, viene al caso mencionar que en la inauguración de este colegio estuvo presente la beata madrileña Mariana de Jesús (1565-1624), un personaje de gran importancia para los fieles católicos de la provincia madrileña.
Monja Terciaria de la Orden Mercedaria desde el año 1613, llevó una vida extremadamente virtuosa en la que no faltaron los prodigios de orden sobrenatural. Todo ello motivó que en 1624 se abriese el proceso de su canonización. Como bien saben los alcalaínos, dicho proceso tuvo un primer desenlace en 1783, cuando Mariana de Jesús fue beatificada. La madrileña iglesia de las Mercedarias es el templo donde reposan sus restos.