Descartando la caminata insubstancial, irrespetuosa con las bellezas de la zona, podemos recorrer la calle de Santo Tomás, entre cuyas invitaciones culturales merece la pena atender a lo que un día fue antiguo Colegio convento de Carmelitas Descalzos de San Cirilo.
Hoy, estos restos convocan la apacible memoria de la Orden que lleva su nombre, ateniéndose a las pautas de tan venerable institución. A decir verdad, más que la figura de quien lo fundó en 1570, fray Francisco Espinet, vale la pena evocar al primer rector de este colegio, el abulense San Juan de la Cruz (1542-1591), místico y doctor de la Iglesia, cuya festividad se conmemora el 14 de diciembre. A la altura de estas paredes donde tan clara se oyó su voz, queda el visitante en disposición de recordar versos inefables, como aquellos donde el poeta nos habla de una intimidad ferviente, que orienta hacia lo sagrado: «La noche sosegada / en par de los levantes de la aurora. / La música callada, / la soledad sonora, / la cena que recrea y enamora».
Con todo, esta digresión literaria no debiera infiltrar un excesivo fantaseo, y menos aún distraernos de otros acontecimientos históricos que aquí tuvieron su escenario. Por ejemplo, fue en este colegio-convento donde los carmelitas descalzos celebraron en 1581 su primer capítulo general, un hecho sin duda fundamental para la trayectoria de la Orden. Conforme lo atestiguan estudiosos y académicos, ese cimiento religioso halla un perfecto reflejo en el diseño de la edificación, aun a pesar de las reformas que han ido variando su aspecto original.
Buen ejemplo de esos cambios lo hallamos en la capilla y asimismo en la fachada barroca de ladrillo, que está rematada por un frontón y a la cual se agregó un apósito para cumplir labores de portada.
La decoración interior ofrece la misma gradación de matices. Llama la atención del visitante la cúpula de media naranja que se eleva sobre el presbiterio. El retablo original y una talla de San Juan de la Cruz situada en la hornacina superior dan la pauta de lo que fue la antigua iluminación de este espacio. La pérdida de los lienzos que ahí se admiraban recomendó que su lugar fuera ocupado, en 1988, por una serie de pinturas alegóricas de Jaime Albedo.
El colegio-convento depende hoy de la Universidad, ostentando la misma insignia educativa que lució en su origen. Conmemorando el nombre de la doctora alcalaína María de Guzmán, esta institución cumple actualmente las funciones de salón de actos y escenario.