No hay quizás días en la historia complutense que se hayan vivido tan intensamente como aquéllos en que el Cardenal Cisneros llevó adelante su proyecto universitario. Tras ese marco debe analizarse la evolución del Colegio de Teólogos de la Madre de Dios, fundado por el genial prelado en 1513. Alternando saberes cruzados, los dieciocho estudiantes de Teología que ocuparon sus habitaciones compartieron techo con seis alumnos de Medicina. Esa combinación, sin duda rica en posibilidades, da la medida de los resultados académicos del centro, ya que figuran en su crónica alumnos como el segoviano Andrés Laguna (1499-1569), quien fue discípulo de galenos como Gunther von Andernach, Jacobus Sylvius y Jean de la Ruel, y que en Alcalá dio un curso extraordinario hacia 1538.
Autor de más de treinta obras, entre las que destacan Anatomica methodus (1535), Epitome omnium Galeni Pergameni operum (1548) y Annotationes in Galeni interpretes (1548), Laguna es, sin duda, figura principal en este colegio menor. No obstante, no han de olvidarse otros personajes que acá estudiaron, como Juan Alonso de Moscoso. En suma, mencionamos nombres que completan el prodigioso currículo de la institución, que alojó entre sus paredes a cuarenta futuros obispos y a una veintena de médicos reales.
Desde el año 1780, esta edificación pasó a ser Colegio de la Concepción. Más tarde, la ocupó un cuartel de la Guardia Civil, y más recientemente, en 1990, fue elegida como sede del Colegio de Abogados de Alcalá de Henares y de la Escuela de Prácticas Jurídicas.
La severidad del conjunto no inhibe rasgos de hermosura. Tanto la portada ceñida por dos torres como la escalera principal, que divide sus patios, sirven a modo de apunte de lo que fue la armonía arquitectónica complutense. El salón de actos, ubicado en la planta superior, queda cubierto por un techo de madera igualmente significativo de los usos estéticos que fueron tan propios del siglo xvi.