A igual que tantas otras edificaciones del núcleo complutense, la que protagonizará las siguientes líneas ha pasado por circunstancias muy diversas. Tanto es así, que de creer el lector en fantasmagorías, descubriría en ella rastros y sombras de ocupantes muy heterogéneos, pues los menesteres que a lo largo de los siglos se desempeñaron entre sus paredes también lo fueron. A saber: en el siglo xvi, la Casa de Lizana fue erigida con trazas de palacio. Quienes encargaron la obra fueron los integrantes de la familia Mendoza, en particular doña Juana, que fue su ocupante principal. Más adelante, en pleno periodo de expansión universitaria, las reglas domésticas cedieron paso a las académicas, y el protocolo nobiliario fue abandonado en beneficio de los rigores estudiantiles. Llamado en lo sucesivo Colegio Menor de las Santas Justa y Rufina, requirió en 1607 la fundación de don Lucas González de Alcides, que tenía la dignidad de racionero de la Catedral de Sevilla. Es de señalar esa procedencia andaluza, pues los doce estudiantes de Teología y Cánones que acá vivieron eran también sevillanos, conociéndoles los alcalaínos por un sobrenombre bien expresivo: rufinos.
No acabaron ahí los cambios. De nuevo por decisión de las autoridades religiosas y académicas, el colegio se incorporó al de Santa Catalina, también llamado de «los Verdes», en el siglo xviii. Al cabo de un tiempo, las tropas napoleónicas dejaron en él huella de sus tropelías, hasta el punto de arruinar buena parte de sus bellezas. Aun así, fue sometido a reformas y pasó a pertenecer a una familia, la de los Lizana, cuyo apellido se recuerda al nombrar esta edificación, que fue casa de vecindad hasta que el Ayuntamiento de Alcalá decidió comprarla. Entre los fines previstos para ella, figura la acogida de los invitados ilustres que visiten la villa.
En lo relativo a sus virtudes estéticas, destacaremos su portada plateresca, dividida en dos cuerpos, que ornamenta la fachada principal. La ventana, hermosamente decorada, está flanqueada por dos grandes felinos rampantes, sujetos con cadenas. Bajo dicha ventana se distingue una piedra armera, donde figura un escudo que quizá corresponda a la heráldica del fundador.