Centro Virtual Cervantes
Lengua
El español en el mundo > Anuario 1998 > E. Ybáñez. El español...
El español en el mundo

El español en las organizaciones internacionales

Eloy Ybáñez Bueno

1. El español como lengua diplomática

La coincidencia absoluta de título y autor entre este informe, el artículo incluido en el libro El peso de la lengua española en el mundo 1y la intervención, el 16 de julio de 1996, en Soria, en el seminario «La lengua española en el mundo. Aspectos políticos y económicos», organizado por las fundaciones Duques de Soria e Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior, conlleva necesariamente una repetición de datos, posiciones y argumentos a los que quien esto escribe ha llegado, no sólo a través de un estudio teórico, sino de una vivencia profesional como Representante de España, de manera permanente u ocasional, en algunas de las organizaciones Internacionales mencionadas en este informe, y del contacto y colaboración con colegas y funcionarios internacionales, españoles e iberoamericanos, con los que le une este interés común por la defensa y promoción de la utilización de nuestro idioma en los foros internacionales.

Como afirmé en el citado seminario en Soria: «la perspectiva desde la que ahora vamos a intentar ver a nuestra lengua en el mundo», es decir, «en los organismos Internacionales, puede ser hoy, quizás, la más adecuada para juzgar sobre su peso real, sus posibilidades, sus riesgos y carencias, y sobre este juicio, basado en hechos, trazar una estrategia orientada a la acción, posibilista pero ambiciosa, con los pies en la tierra pero la mirada en el horizonte, contemplando, como se pide en la convocatoria de este seminario, los aspectos políticos y económicos, que en el marco de las organizaciones Internacionales se nos presentan con particular claridad y relieve».

Protagonismo de las organizaciones internacionales

«El creciente protagonismo de estas organizaciones Internacionales», dije en el citado seminario, «es una de las características más definidoras de nuestros tiempos, fruto de dos fenómenos coincidentes y complementarios:

  • »El espectacular progreso de las comunicaciones, en su más amplio sentido, que permite el traslado de mercancías, personas, noticias, imágenes e ideas de manera rápida (instantánea, e incluso relativamente previa a veces) y asequible, que ha producido un mundo interdependiente, en el que todos nos vemos afectados —en diverso grado, por supuesto— por lo que ocurre en cualquier lugar del planeta, que se ha convertido, según la acertada expresión de Mc Luhan en la aldea global.
  • »La percepción, por los sectores más sensibles e influyentes, en los países más avanzados, de las dos catástrofes de este siglo, las dos guerras mundiales, como consecuencia de los intentos de establecer sistemas de relación internacional basados en la vieja idea imperial, que, hasta el estallido de 1914, había sido el motor de la Historia.

»La nueva Sociedad Planetaria se manifiesta —y va desarrollándose—», afirmé en la misma ocasión, «por la creación de foros, ágoras, lugares públicos en los que, sin tapujos, a veces, pero también en pequeños grupos que se hablan más secretamente con frecuencia, se discuten los asuntos públicos, sin que en estos foros o ágoras, como ocurría también en los que les precedieron, se llegue siempre a adoptar decisiones o acuerdos que, sin embargo, sí son muchas veces propiciados —y condicionados— por estos debates.

»Estos foros o ágoras son las Conferencias u organizaciones Internacionales, de muy variados tipos, porque los miembros de esta Comunidad Internacional (que se está creando y que aún carece de estructuras semejantes al instrumento característico de la denominada Edad Moderna: el Estado) ya no son sólo los Estados, sino entes supraestatales, unas veces públicos o de interés público, otras privados, e incluso a veces los individuos, los seres humanos directamente».

El latín en la diplomacia

El Embajador Joaquín Ortega Salinas inició su Memoria, no publicada, presentada en la Escuela Diplomática en cumplimiento del artículo 56 del Reglamento de la citada Escuela, el 19 de abril de 1965, afirmando que «comparada con nuestro tiempo, la Edad Media fue, desde el punto de vista del lenguaje, una época privilegiada, gracias al predominio absoluto del latín como lengua culta, eclesiástica y política. Quedaba así resuelto, al menos entre las minorías rectoras, el problema de la intercomunicación. Pero el Renacimiento, la Reforma y la aparición de los Estados nacionales determinaron un cambio de rumbo irreversible.

»El latín, lengua oficial del Sacro Imperio Germánico, difícilmente podía sobrevivir al ocaso de la institución imperial, pero este proceso de sustitución fue lento. Los clásicos españoles que concibieron el Derecho de Gentes precisamente para permitir la convivencia entre naciones después del fracaso de la etnarquía, escribieron su obra en latín» 2.

Recuerda el Embajador Ortega en esa memoria que «en un momento concreto pareció que se afirmaba el español como lengua diplomática. La anécdota es conocida: con motivo de su coronación en la Corte Pontificia, en 1530 3, Carlos V pronuncia un discurso en español; el obispo de Mâcon, Embajador de Francia, no le entiende y el Emperador replica: Señor obispo, entiéndame si quiere, y no espere de mí otras palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana.

»Después, por la abdicación de Carlos V y la separación del Imperio y de España entre otras razones, no pudo el español sustituir al latín como lengua internacional» 4.

«En el Congreso de Westfalia» 5, recuerda asimismo el Embajador Ortega 6, «aparece por primera vez el concepto de igualdad entre los Estados y como corolario el de la igualdad entre los idiomas; el latín empieza a dejar paso a los idiomas vulgares en la redacción de plenipotencias y en las deliberaciones, si bien todos los documentos se redactaron en latín. Todavía en Utrecht, en 1715 7, se celebraron las negociaciones en latín (…)».

El francés y el inglés en la diplomacia

«El vacío dejado por el latín que la lengua española no pudo llenar por entonces», dice asimismo el Embajador Ortega en su Memoria, «fue aprovechado por la francesa. (…) Las primeras armas del francés como idioma diplomático se remontan a Westfalia, en Nimega 8consigue ya un adelanto notable y en Rastadt 9, por primera vez, el francés es el único idioma de negociación. A partir de entonces se va confirmando esta regla aunque en la práctica tropiece con ciertas resistencias. Así en Aquisgrán (1748) 10se hace constar la reserva de que el empleo del francés no puede constituir un precedente para futuras negociaciones» 11.

«En 1815», recuerda más adelante el Embajador Ortega, «en el Acta final del Congreso de Viena, los ingleses exigen la inclusión de una reserva semejante a la que constaba en el acta de Aix. (…) La reserva de Viena desaparece ya en el tratado de París de 1856, punto culminante de una evolución lenta y sostenida. En 1878, en el Congreso de Berlín, Bismarck tiene que hacer uso de su autoridad para resolver un incidente diplomático suscitado por la reclamación del representante de Francia. En efecto, el Embajador ruso interrumpe su discurso en francés y sigue en inglés en honor de Disraeli, que no entendía bien el otro idioma.

«Al aminorar la resistencia inglesa empieza a cobrar fuerza la oposición norteamericana. En 1895, en el tribunal arbitral reunido en París para conocer de su controversia con el Reino Unido sobre la jurisdicción en el mar de Bering, los Estados Unidos se opusieron al empleo del idioma francés. (…) en la conferencia de la paz de 1919, a instancias de Wilson, el inglés quedaba equiparado al francés» 12.

«Las versiones francesa e inglesa del Tratado de Versalles eran igualmente auténticas», recuerda asimismo el Embajador Ortega, «pero todavía conseguía la diplomacia de la Tercera República que el texto francés de los Tratados de Neuilly, Saint-Germain, Trianon y Sèvres, fuera fehaciente en caso de discrepancia y que el Tratado de Lausanne se redactara únicamente en francés» 13.

Pese a que Estados Unidos se abstuvo de participar en la creación de la Sociedad de las Naciones, en los órganos de ésta se instaló el bilingüismo franco-inglés, sin que prosperaran —afirma el Embajador Ortega en su Memoria— 14intentos de delegaciones hispanoamericanas para una utilización más amplia del español.

«En 1920, en la Conferencia de la Unión Postal Universal celebrada en Madrid», recuerda asimismo el Embajador Ortega, «el representante de los Estados Unidos pedía que se reconociera el español como lengua oficial junto al francés, e incluso con carácter prioritario, por ser mayoría los países de habla española. La propuesta no prosperó» 15.

Las características de la representación en la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) 16fueron motivo, recuerda el Embajador Ortega, de que los representantes de los países de habla española solicitaran que se tradujeran las intervenciones a nuestro idioma y que Alemania, en 1927, solicitara para el suyo el rango de lengua oficial. Ninguno de los dos intentos tuvo éxito 17.

«En el período de liquidación de la Sociedad de Naciones, o sea al final de la segunda Guerra Mundial», señala el Embajador Ortega, «se pusieron de manifiesto dos fenómenos contradictorios: por una parte el predominio del inglés (los grandes instrumentos internacionales que iban a determinar la inmediata posguerra, Carta del Atlántico, Acuerdos de Bretton Woods, etc., se redactaron principalmente en inglés); por otra parte, el reconocimiento de varios idiomas internacionales en las conferencias destinadas a regular la paz, por ejemplo en la Conferencia de Chicago sobre Aviación Civil y muy principalmente en la de San Francisco» 18.

Es en esta Conferencia de San Francisco donde se consagra el nuevo sistema lingüístico que va a caracterizar a la organización de las Naciones Unidas y, en consecuencia, a gran parte de los organismos internacionales que irán naciendo en el marco de la nueva organización.

El Embajador Ortega en su Memoria afirma que «en la farragosa documentación de la Conferencia de San Francisco no hay constancia clara del origen de la propuesta. En el proyecto de Dumbarton Oaks no se hace referencia alguna ni a los idiomas de la Conferencia ni a los de la futura organización. En las observaciones previas de los gobiernos a quienes fue sometida la propuesta antes de convocarse la Conferencia no se menciona tampoco la cuestión, salvo en las de Brasil y Venezuela, que por razones prácticas se inclinaban por el mantenimiento del régimen de la Sociedad de Naciones. Cuba en cambio pedía la equiparación del español con el inglés y el francés, y presentó propuestas concretas en ese sentido al principio de la Conferencia» 19.

En el proyecto de Reglamento presentado por la Secretaría Provisional se proponían los cinco idiomas oficiales en los que debía redactarse el texto definitivo de la Carta, pero se señalaba un único idioma de trabajo, el inglés, en el que se redactarían los documentos, las actas y el diario y en el que se realizarían las declaraciones.

Francia, que no era potencia invitante, pero que estaba previsto sería uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, se opuso a este monolingüismo, con el apoyo en general de las Delegaciones hispanoamericanas, aunque la Delegación de Honduras anunció que, si se concedía al francés el rango de lengua suplementaria de trabajo, exigiría el mismo trato para el español. Chile, Venezuela y Perú intervinieron en favor del francés. Finalmente, a propuesta de la URSS, quedaron definitivamente aprobados los cinco idiomas oficiales de la Conferencia, y francés e inglés como idiomas de trabajo, dejando el concepto de idioma oficial ceñido —precisa el Embajador Ortega cuya Memoria sigo en todo este apartado— «al objetivo de la Conferencia, o sea la redacción de la Carta» 20.

Evocados estos antecedentes vamos a tratar, en los siguientes apartados, de señalar la realidad actual en los diversos organismos Internacionales de los que España es miembro, con referencias concretas a cada organización, empezando por la de las Naciones Unidas, por ser la más universal y la que origina el nuevo sistema.

  • (1) Eloy Ybáñez Bueno, «El idioma español en las organizaciones Internacionales», El peso de la lengua española en el Mundo, Valladolid, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Valladolid. Fundaciones Duques de Soria e Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior, 1995. volver
  • (2) Joaquín Ortega Salinas, «El español en las organizaciones Internacionales», memoria, no publicada, presentada en la Escuela Diplomática, Madrid, 19 de abril 1961, p. 1. volver
  • (3) El Prof. Doct. D. Antonio Fontán en su opúsculo «El español, lengua universal», editado por el autor en Madrid en la Navidad de 1966, sitúa este episodio en el 17 de abril, lunes de Pascua, de 1536. volver
  • (4) Joaquín Ortega Salinas, op. cit., p. 11. volver
  • (5) 1648. volver
  • (6) Joaquín Ortega Salinas, op. cit., p. 8. volver
  • (7) Fin de la Guerra de Sucesión en España. volver
  • (8) 1678. volver
  • (9) 1714. volver
  • (10) Fin de la Guerra de Sucesión de Austria. volver
  • (11) Joaquín Ortega Salinas, op. cit., p. 13-14. volver
  • (12) Joaquín Ortega Salinas, op. cit., pp. 16 y 17. volver
  • (13) Joaquín Ortega Salinas, op. cit., p. 81. volver
  • (14) Joaquín Ortega Salinas, op. cit., p. 82. volver
  • (15) Joaquín Ortega Salinas, op. cit., p. 82. volver
  • (16) Joaquín Ortega Salinas, op. cit., pp. 82 y 83. volver
  • (17) Joaquín Ortega Salinas, op. cit., p. 83. volver
  • (18) Joaquín Ortega Salinas, op. cit., pp. 83-84. volver
  • (19) Joaquín Ortega Salinas, op. cit., pp. 84-85. volver
  • (20) Joaquín Ortega Salinas, op. cit., p. 90. volver
flecha a la izquierda (anterior) flecha hacia arriba (subir) flecha a la derecha (siguiente)
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es