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El español en el mundo > Anuario 1998 > E. Ybáñez. Conclusiones
El español en el mundo

El español en las organizaciones internacionales

Eloy Ybáñez Bueno

10. Conclusiones

El encargo del Instituto Cervantes de redactar un estudio sobre «El español en los organismos internacionales», formando parte del «Informe sobre el Español del Mundo», que proyecta publicar anualmente, ha supuesto una ocasión para intentar completar el inventario de situación que el Embajador Ortega en su Memoria para la Escuela Diplomática realizó en 1965 178 y el que yo mismo efectué en 1995 179.

He solicitado, en esta segunda oportunidad, la colaboración de los Representantes de España en todos los organismos de los que nuestro país forma parte para poner al día y ampliar mi primer trabajo.

Creo que esta actualización y ampliación están conseguidas, pero el inventario no es aún completo y, en algunos casos, no tiene todo el rigor que yo hubiera deseado, por no haber dispuesto del tiempo necesario —lo que probablemente será siempre, en definitiva, inalcanzable—, para seguir insistiendo en mis solicitudes.

Pero es, pienso, otro paso adelante en un camino, que será necesario proseguir, extendiendo asimismo el ámbito de la recogida de datos, como he dicho anteriormente, a otros modelos de organismos, de carácter no gubernamental, que también son lugares e instrumentos de creación de opinión pública, primero, de estructuración de diversos tipos, después, de esta «aldea global», en la que estamos empezando a vivir.

Pero, como afirmé en mi citado primer trabajo sobre este tema, creo que, basándonos en estos ejemplos, podemos «tener base suficiente para conclusiones provisionales que sirvan de pauta para la acción» 180.

Ante todo, algunas obviedades de carácter general, porque, como decía Talleyrand: «ce que va sans dire va encore mieux en le disant», «lo que no hace falta decir, queda aún mejor diciéndolo»:

  • 1. Ninguna situación es definitiva.
  • 2. Las situaciones cambian, al cambiar las circunstancias.
  • 3. En la modificación de estas circunstancias tienen papel importante las acciones, las actitudes incluso, de los seres humanos, de algunos seres humanos al menos, y, sobre todo, de los grupos humanos que actúen y adopten actitudes. Los que no las adoptan, o no actúan, grupos o individuos, también influyen y son afectados, pero los otros deciden por ellos.
  • 4. El éxito de cada ser humano, de cada grupo, como Toynbee dejó claramente establecido, radica en su respuesta al desafío que le presentan las circunstancias, teniéndolas en cuenta.

Más aconsejable es, por ello, la técnica del judoka, aprovechar la fuerza contraria, que la del boxeador, golpear para derribar.

Y, pasando ya al terreno lingüístico:

  • 5. En la Historia del Mundo (el denominado «occidental», primero; globalizado, hoy) han existido dos tendencias contrapuestas: la pretensión de imponer una lengua universal o, al menos, franca, para facilitar el contacto, el comercio, en su sentido más amplio y la reivindicación de lo «típico», lo propio, las señas de identidad. En unas épocas ha predominado la vocación al comercio, en otras al aislamiento. Del juego de ambas han ido surgiendo las circunstancias concretas, según las diferentes regiones, con lenguas, valga la paradoja, universalmente locales o localmente universales, que tanto da, porque en cada momento histórico la parte del planeta en que se desarrollaban sus vidas era, para sus respectivos habitantes, el Universo: griego, latín, español, francés, inglés, árabe, swahili, turco...
  • 6. La Sociedad de las Naciones fue un intento de sustituir el sistema de relaciones internacionales basado en la idea imperial, primero, y en el enfrentamiento de soberanos sin superior común, después, por otro basado en la cooperación entre estos soberanos, institucionalizada en Organismos Internacionales, que adoptan, para su funcionamiento, un régimen de bilingüismo: francés e inglés, que refleja la realidad del poder en el momento del nacimiento de la Sociedad y el peso que ambos idiomas tenían, o parecían tener, en aquellos momentos.
  • 7. Este intento no pudo evitar la repetición de la catástrofe y, por ello, en 1945, como recordé en mi trabajo anterior sobre este mismo tema 181, se buscaron nuevas bases:
    • acuerdo permanente entre las cinco potencias consideradas vencedoras, aunque lo fueran en grados muy distintos: EE.UU., Gran Bretaña, Francia, URSS y China.
    • implicación clara del gran vencedor, EE.UU., cuya ausencia de la Sociedad de las Naciones se consideraba una de las causas del fracaso de ésta, y atención a la zona en la que primero se había realizado su expansión, las Américas, cuyos recursos habían sido tan importantes en el esfuerzo bélico y cuyas élites se embarcaron entonces decididamente en la construcción de la nueva Utopía.
    • cooperación internacional para el crecimiento económico, que, en sí mismo, se consideraba democratizador y garantía de la paz.

La traducción en el terreno lingüístico fue un más amplio plurilingüismo en el Sistema de Naciones Unidas que en el ginebrino: cinco idiomas, los de los cinco grandes (inglés, francés, ruso y chino), más el español, a los que se añadirá después el árabe, que llegan a ser nueve, aunque en muy distintos grados, como he señalado, en UNESCO.

  • 8. «Frente a esta generosidad lingüística», señalé en mi trabajo anterior sobre este tema 182, «pronto empezarán a manifestarse las duras realidades presupuestarias, hechas aún más acuciantes por las tentaciones aislacionistas de Estados Unidos, cuya opinión pública es desconcertada por el comportamiento de su criatura y, en el terreno lingüístico, por la postura de los países cuyos idiomas no están entre los seis privilegiados y que, cada vez, son más reticentes a asumir cargas económicas que, para ellos, no son consideradas rentables en ningún terreno y estiman producto de motivaciones políticas. Su opción en favor de una solución razonable, económica, les lleva a defender el monolingüismo (por supuesto del inglés) como imposición de la realidad, en postura que aparece como desinteresada ya que este idioma no es el oficial de la mayoría de ellos, pero sí es dominado suficientemente por una gran parte (o, al menos, la elite) de sus poblaciones».

Como consecuencia, en la práctica de todo el Sistema trata de imponerse el inglés e, incluso, algunos Organismos adoptan, en sus normativas o en sus prácticas, un único idioma, el inglés, denominándolo significativamente «idioma de trabajo».

Claro es que este inglés no es el de Shakespeare, sino lo que el Marqués de Tamarón ha llamado «inglés internacional» 183 y descrito como «una lengua aséptica y sencilla bien distinta del inglés propio de la cultura inglesa o angloamericana (...) la primera lingua franca planetaria, el inglés pasteurizado y despojado de casi todos los sabores que había ido adquiriendo a lo largo de siglos de uso culto y popular. Un inglés, pues, esencialmente desnacionalizado, lengua errabunda y meteca aun en su propia cuna».

«Los funcionarios ingleses», señala el Marqués de Tamarón en el mismo artículo 184, «destinados en organismos internacionales reconocen que terminan usando un inglés distinto del que empleaban en Londres, un inglés que sin llegar a la pobreza del basic English posee un vocabulario somero y una sintaxis elemental».

Inglés que, además, en cada organismo internacional es adaptado a las necesidades y funciones de éste y convertido, a la vez, en jerga propia, para que, a través de su manejo adecuado, puedan reconocerse entre sí los iniciados.

  • 9. Contra esta corriente se debaten los defensores del pluriligüismo, a cuyas iniciativas y a sus resultados me he referido en varias ocasiones en páginas anteriores de este informe. «Dos campeones principalmente», resumí en mi trabajo anterior sobre este tema 185:
    • «1. Francia, consciente de que el mantenimiento de su idioma como lengua diplomática es vital para asegurar su propia presencia política, económica y cultural en el mundo, e incluso para la propia supervivencia de su idioma en algunas de sus antiguas colonias y, por tanto, no sólo vigilante ante cualquier posible atentado contra su estatus en cualquier foro, sino, sobre todo, incansable en la dotación de cuantiosísimos recursos para la acción cultural (que desborda la simple difusión del conocimiento del idioma) en todo el planeta. Dos acciones que mutuamente se apoyan.
    • »2. El amplio, y variado, mundo que tiene al español como idioma oficial de sus Estados, dispuestos siempre, en general, a la acción inmediata para defender posiciones adquiridas o incluso a intentar ampliarlas, pero sin la constancia, la coordinación, la implacabilidad y la intransigencia francesas y, por supuesto, sin que la acción diplomática esté apoyada por un esfuerzo, ni siquiera análogo, muchísimo menos equivalente, de acción cultural semejante a la francesa».
  • 10. «En los últimos tiempos», señalé en 1995 186, «dos hechos nuevos:
    • »1. La reunificación alemana y el derrumbamiento del sistema soviético, que aumenta, como es lógico, el deseo de protagonismo internacional y la capacidad de atracción de una importante zona europea hacia un idioma que tradicionalmente figuró entre los predominantes en la misma.
    • »2. El creciente peso económico del Japón y la también creciente participación asiática, conectada con él, en el comercio mundial».

      «Hasta ahora», observaba yo en esa ocasión, «sólo Alemania ha intentado reivindicar un trato preferencial para su idioma en algunos foros internacionales, mientras que Japón empieza a ser un temible líder de los partidarios del monolingüismo».

      En este informe me he referido también a algunos de estos intentos alemanes y en cuanto a la actitud japonesa y asiática en general creo que el apartado II del citado artículo del Marqués de Tamarón 187 contiene interesantes informaciones y muy sugestivas reflexiones.

  • 11. Esta contraposición de posiciones, consecuencia de los diferentes puntos de partida de los países miembros y reflejo de los diferentes intereses de los mismos, produce, como hemos podido ver a lo largo de este informe, una extraordinaria variedad de normativas aplicables al régimen lingüístico, que pretenden, en cada caso, responder a las finalidades de cada organismo y son el resultado de estas contraposiciones, y que se ven, luego, sometidas a las necesidades y exigencias de la práctica, interpretadas, también, según los respectivos intereses de los miembros y en la manera que cada uno de éstos sepa, y pueda, defenderlos.
  • 12. Aunque el inventario sea, como he ya reconocido, incompleto y mejorable, y estas conclusiones provisionales y personales, creo que existe ya base suficiente para intentar fijar pautas para la acción, lo que, sin duda, excede el encargo recibido y mi competencia.
  • 13. No obstante —y para lo que pueda valer—, quiero repetir aquí, al final de este informe, los últimos párrafos de mi trabajo anterior sobre este tema 188:

«Parece lógico, pues, que nuestro objetivo debiera ser asegurar a nuestro idioma una posición en los distintos organismos internacionales que correspondiera a sus posibilidades, es decir, tener en cuenta ante todo las características del organismo, en especial qué países lo integran y cuál es la situación real en cada momento.

»En muchos de estos Organismos, fundamentalmente en aquellos de vocación universal, el idioma español es ya, o puede serlo, uno de los tres privilegiados entre los privilegiados.

»Ahora bien, para el mantenimiento del statu quo o su modificación en favor de nuestro idioma, o simplemente para hacer que la norma no se deteriore en la práctica, debemos tener muy en cuenta la necesidad de una actitud vigilante, activa y coordinada con los demás países de nuestro idioma, con los eventuales aliados y, muy en especial, entre las personas de nuestra nacionalidad (funcionarios públicos españoles o de nuestro idioma del organismo, personas privadas...) que actúan en el correspondiente organismo, manteniendo constante como referencia en nuestra acción —y sobre todo en nuestra argumentación— el interés del organismo y las posturas —interesadas o desinteresadas— de los representantes de otros Miembros, evitando enfrentamientos innecesarios pero sin rehuir las necesarias y clarificadoras tomas de postura.

»Pero esta acción no será suficientemente eficaz —y creo que este es uno de los grandes retos pendientes— si no es completada por una acción cultural seria y sistemática, a ejemplo de la realizada por Francia, que no puede —ni debe— ser asumida sólo por España, puesto que es interés de todos los países que hablan español y porque su gran fuerza —y su gran ventaja frente al francés— es poder presentarse como voluntad colectiva de un grupo tan importante de tantos países de tan consolidada tradición de presencia en la vida internacional.

»Claro es que, ante todo, debiéramos estar convencidos de que se trata de un objetivo verdaderamente importante, y no sólo de una mera vanidad narcisista, y por ello consideraciones como las aducidas en la citada ponencia del Marqués de Tamarón sobre la industria de la enseñanza del inglés como lengua extranjera 189 y muchas más que pueden hacerse en la misma línea, son absolutamente relevantes; pero todo ello es más que materia suficiente para otros artículos, por lo que me limitaré a señalar que la implantación del monolingüismo en los organismos internacionales, la opción razonable, económica, supondría, dada la creciente tendencia a tratar todos los problemas en este tipo de foros, que todo el desarrollo futuro de todos los países estaría supeditado al conocimiento de ese idioma, pues sin dominarlo, sus expertos no podrían participar en las correspondientes reuniones internacionales, ni aprovechar las experiencias de sus colegas, ni influir en las tomas de decisiones que, cada vez más, serán coordinadas internacionalmente.

»El bilingüismo parece reducir a la mitad estos inconvenientes, pero sería estúpidamente suicida para los países de lengua española desaprovechar la oportunidad histórica que todavía se nos brinda y que he intentado hacer patente en este trabajo».

  • 14. En todo caso, sinceramente opino que la tarea es urgente, productiva y factible. Y que hubiera sido mejor haberla ya comenzado. Pero aún es tiempo.

Coda

En lo que tiene de positivo, como aportación de datos para conocer la realidad y estudiar y poner en práctica los medios de influir sobre ella, este informe es una obra colectiva.

Pero toda obra colectiva se realiza por decisiones y a través de acciones individuales, de las que personas concretas son responsables y a las que tienen que acreditarse estas decisiones y esfuerzos.

Creo, por ello, que, asumiendo yo la responsabilidad por los fallos y carencias del informe, debo mencionar los nombres de quienes a él han contribuido, no sólo en testimonio de agradecimiento personal, sino también como constancia de su protagonismo en la realización de esta tarea.

Menciono aquéllos que conozco, y extiendo mi agradecimiento a cuantos, a su vez, han ayudado a éstos, pero sin que esta ayuda haya llegado a mi conocimiento directo.

He aquí sus nombres: Luis Adrover, Esperanza Aguirre, José María Álvarez Gómez-Pallete, Fernando Arias-Salgado, Joaquín María de Arístegui Laborde, Joaquín María de Arístegui y Petit, Carmen Asencio, Alberto Aza, José Ramón Barañano, Carlos de Benavides, Aurora Bernáldez, Loreto Bravo de Urquía, Emilia Buergo, Gerardo Bugallo, Mario Buisán, Santiago Cabanas, Juan Manuel Cabrera, Manuel Cacho, Juan Ramón Calaf, Enrique Calzada, Fernando Carderera, Carles Casajuana, Alvaro de Castilla, Delfín Colomé, Javier Conde, Antonio Cosano, Carlos Díaz, Cristina Díaz, Martha Dueñas Loza, Lucía Echecopar, Juan Manuel Egea, Javier Elorza, José Luis Feito, Emilio Fernández Castaño, María del Rosario Fernández Santamaría, Francesco Frangialli, Jorge Fuentes, María Teresa García Gil, Amelia García Gregorio, Javier Garrigues, Luis Gómez de Aranda, Miguel Gómez de Aranda, César González Palacios, José Luis Guzmán, Henri L. Jason, Cristina Latorre, José Manuel López-Barrón, Nicolás López de Coca, José Ramón López Pardo, Alfonso López Perona, Gérard Loyen, Fausto Luchetti, Lola Maldonado, Domingo de Silos Manso, Pilar Marín, Pedro Antonio Martín, Juan Antonio Menéndez-Pidal, Luis Fernando Monroy, Jorge Montealegre, Alberto Moyano, Raúl Morodo, María Naranjo, Antonio Navarro de Zuvillaga, Alejo Ollé, Esteban Orbegozo, Joaquín Ortega, Alfonso Ortiz, Antonio Ortiz, Antonio Oyarzábal, José Luis Pascual, Natalia Padrón, Raimundo Pérez-Hernández, Javier Piernavieja, José Pons, Fermín Prieto-Castro, Joël Quénette, Íñigo Ramírez de Haro, Gonzalo Ramos, Alvaro Rengifo, José Enrique Román, María Luz Rufilanchas, Enrique Ruiz Molero, Esteban de Salas, Santiago Salas, José Salicio, Dorothee de Sampayo Garrido-Nijgh, Hugo Scarone, Alvaro Sebastián de Erice, José Pedro Sebastián de Erice, Luis Sempere, Fernando de la Serna, Pedro Antonio Serrano de Haro, Bernardo de Sicart, José Spiteri, Alcira Stania, Ana Tomé, José Torreblanca, Ignacio Trueba, Manuel Valencia, Eduardo Valencia-Ospina, Ciriaco Vázquez Hombrados, Ana Verástegui, Francisco Villar, Carlos Westendorp, D. S. Wijewardang y Juan Antonio Yáñez-Barnuevo.

  • (178) Joaquín Ortega Salinas, op, cit. volver
  • (179) Eloy Ybáñez Bueno, op. cit. volver
  • (180) Eloy Ybáñez Bueno, op. cit., p. 103. volver
  • (181) Eloy Ybáñez Bueno, op. cit., pp. 128 y 129. volver
  • (182) Eloy Ybáñez Bueno, op.cit., p. 130. volver
  • (183) Marqués de Tamarón, «El papel internacional del español», El peso de la lengua española en el Mundo, Valladolid, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Valladolid. Fundación Duques de Soria e Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior, 1995, p. 33. volver
  • (184) Marqués de Tamarón, op. cit., p. 32. volver
  • (185) Eloy Ybáñez Bueno, op. cit., p. 131. volver
  • (186) Eloy Ybáñez Bueno, op. cit., pp. 130 y 131. volver
  • (187) Marqués de Tamarón, op. cit., pp. 22 a 30. volver
  • (188) Eloy Ybáñez Bueno, op. cit., pp. 132 a 134. volver
  • (189) Marqués de Tamarón, «El español, ¿lengua internacional o lingua franca?», ponencia presentada en el Congreso de la Lengua Española en Sevilla, 7-10 de octubre de 1992. Actas del Congreso de la Lengua Española, Madrid, Instituto Cervantes, 1994, pp. 189 a 211. volver
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