Francisco Moreno Fernández y Jaime Otero
El informe demolingüístico elaborado concluye que el número de hablantes de español en el mundo (GLM y bilingües) supera los 350 millones. Para llegar a esta cifra se han tenido que afrontar numerosos problemas teóricos, metodológicos y técnicos, tantos que forzosamente se ha de hablar de cautela, de provisionalidad y de cálculos aproximativos.Las estadísticas comparadas permiten apreciar que el número de hispanohablantes en el mundo es claramente inferior al de los anglófonos y notablemente superior al de los hablantes de francés. En general, en la evolución demográfica de los tres idiomas destaca una estabilidad que puede deberse a que el periodo considerado (1984-1996) es demasiado corto para reflejar tendencias prolongadas. Hemos podido observar, no obstante, que crecen más, aunque muy poco, el francés y el inglés que el español, quizá por las posibilidades de expansión que les proporciona su oficialidad en países de elevadas tasas de crecimiento de la población.
Las proyecciones realizadas para el año 2010 revelan, con todas las reservas necesarias, que el español podría haber llegado al final de un ciclo de expansión relativa de su número de hablantes. Consecuentemente, si el aumento de los hispanohablantes desde este final de siglo se prevé como pausado, a partir de ahora la eventual expansión del español habría de basarse en otros factores, muchos de ellos de naturaleza cualitativa, como un mayor prestigio cultural, mayor poder adquisitivo, mayor uso como segunda lengua, mayor uso como lengua de la ciencia y la tecnología o la adopción como lengua franca fuera de los países de habla hispana, entre otros. Una vez alcanzada una presencia internacional de primer orden, es el momento de promover e impulsar políticas lingüísticas encaminadas a acrecentar el prestigio cultural, científico y tecnológico de los países hispánicos y, por tanto, de la lengua española.
Al mismo tiempo, sería aconsejable que, a través de los instrumentos políticos nacionales e internacionales que se estimaran oportunos, se llegara a un acuerdo entre todos los países hispanohablantes con la mirada puesta en una planificación del español, que podría buscar, como objetivos comunes y esenciales, los siguientes: a) favorecer la unidad, el enriquecimiento y la actualización de la lengua española; b) garantizar el derecho a la comunicación en español en situaciones públicas en los países hispanohablantes; c) proteger el derecho a hacer un uso correcto y prestigioso de la lengua española. El español es una lengua de cultura, internacional, homogénea, extensa y compacta que merece una política lingüística que contribuya a mantener estos atributos, en beneficio de la propia lengua y de sus hablantes como individuos.
Finalmente, las dificultades metodológicas del análisis demográfico, a las que se ha hecho referencia más arriba, nos obligan a sugerir la realización de estadísticas lingüísticas comparables en todo el mundo hispánico, en su conjunto y para cada uno de sus países. Sería bueno trabajar a partir de unos mismos criterios para fijar los glm e introducir en los censos preguntas homologadas, capaces, no ya de garantizar, sino simplemente de hacer posible la comparación de los datos. Hasta que no se haga así y así se practique durante un tiempo prolongado, será difícil conocer con el rigor debido la situación de las lenguas que se dan cita en el mundo hispánico, muy especialmente de la lengua española.