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El español en el mundo > Anuario 2009 > P. B. Pérez y Á. M. Laseca. Presencia española en Brasil
El español en el mundo

El español en Brasil. Situación actual y perspectivas de futuro

Pedro Benítez Pérez y Álvaro Martínez-Cachero Laseca

1. Presencia española en Brasil

Las relaciones entre Brasil y España, en el siglo xx, están marcadas por las formas de gobiernos que imperan en los dos países en cada momento. La proclamación de la II República en España, en 1931, coincide en Brasil, con la llamada República Nova de Getulio Vargas. Los dos países se encuentran con el mismo sistema de gobierno: el republicano, Brasil ya lo era desde 1889; pero de signos ideológicos diferentes, de izquierdas en España, de derechas en Brasil, lo que va a producir momentos de tensión y crispación; por ejemplo, cuando el gobierno brasileño decide cerrar los Centros Republicanos y permitir actividades falangistas, mientras, el español tolera manifestaciones a favor de la libertad del comunista brasileño Luís Carlos Preste.

En 1936, al estallar la Guerra Civil en España, son muchos los españoles que piden asilo y refugio en la Embajada de Brasil en Madrid, lo que provoca que las relaciones entre los dos países se deterioren más de lo que ya lo estaban. La embajada sufrió múltiples atentados y bloqueos, y Brasil intentó que prevaleciese la inviolabilidad de los diplomáticos, del edificio y de las personas refugiadas en él. Durante la guerra, los brasileños van a ponerse a favor de un bando u otro según sus convicciones políticas. En 1937, el golpe militar que lleva de nuevo a Getulio Vargas a la Presidencia y el apoyo de Franco desde su cuartel general en Burgos van a enturbiar más las débiles relaciones. El triunfo de Franco fue visto con tanta simpatía por el presidente brasileño que el 31 de marzo de 1939 manda a su representante acreditarse ante él. Esta simpatía comienza a enfriarse al estallar la Segunda Guerra Mundial y al producirse la declaración de guerra de Brasil a Alemania e Italia, en agosto de 1942, que trae como consecuencia el distanciamiento de España, ideológicamente próxima al eje fascista. Getulio Vargas impide el trabajo que llevaba a cabo la Falange Española en suelo brasileño, y las relaciones entre los dos países se deterioran. Casi al final de la guerra, el presidente Vargas fue depuesto por generales que componían su propio ministerio y llega al poder el general Dutra, quien, siguiendo las exigencias de Estados Unidos, rompe relaciones diplomáticas con España. Años más tarde, ante el golpe militar de 1964, de nuevo los dos países se acercan políticamente por su forma de gobierno y se intensifica la cooperación en foros internacionales.

Según Ayllón Pino (2006: 160), las relaciones hispano-brasileñas se refuerzan a partir de 1979 y, para probarlo, se atiene a tres procesos diferentes:

  1. La democratización de los dos países. España, en 1975, entra en un proceso de transición que llevará a la promulgación de la Constitución democrática de 1978. En 1974, se producen los primeros cambios aperturistas de Figueiredo, que llevarán a las elecciones de 1984.
  2. La integración de ambos en bloques multinacionales. En 1986, España ingresa en la CEE. Ese mismo año se firma, entre Brasil y Argentina, el Protocolo de Integración y Cooperación Económica (PICE), que, en 1991, desembocará en el Mercosur.
  3. Las medidas liberalizadoras, privatizadoras y aperturistas brasileñas, a partir de 1997, serán bien acogidas por España, que vive entonces un próspero momento económico gracias a las amplias reformas promovidas por el gobierno y a los efectos positivos de su entrada en la CEE.

Desde 1996 las relaciones entre los dos países han experimentado una sensible mejoría; nunca se habían encontrado tan cerca desde el punto de vista institucional, ni la sociedad de uno ha tenido nunca tanto interés por la del otro y viceversa.

En cuanto a las relaciones comerciales entre Brasil y España, se observa una inclinación de la balanza de pagos a favor de Brasil. Sin embargo, a partir de 1996, hay un importante incremento de las inversiones españolas, que muestra el fortalecimiento de la economía española y las transformaciones que se dan en la economía brasileña. Son muchas las compañías españolas que se han establecido en Brasil: seguros (MAPFRE), energía (Endesa, Iberdrola, Repsol), finanzas (BSHC, Santander), telecomunicaciones (Telefónica), transporte urbano (RENFE, Caf), hostelería (Sol Meliá), aeronáutica (Gamesa), redes eléctricas (Guascor), componentes automovilísticos (Grupo Antolín Irausa), envoltorios alimenticios (Viscofán), colchones (Grupo Flex), siderurgia (Sidenor), porcelana (Grupo Roig), pesca (Calvo), fibra óptica (Optral), cosméticos (Grupo Natra), servicios en Internet (Catalana d'Iniciatives), tejas y cerámicas (Uralita), textil (Artesanos Camiseros), electrodomésticos (Mondragón Cooperativas).

1.1 La emigración española en Brasil

Entre 1880 y 1930, se produce la llegada de unos 500.000 españoles a Brasil, fundamentalmente dirigidos a los cafetales de São Paulo. Entraban en el país por el puerto de Santos, de allí iban a la Hospederia dos Inmigrantes, en São Paulo, en la que permanecían unos días antes de subir a un tren que les llevaba a regiones cafetaleras del interior donde era necesaria mano de obra. Los muchos que se asentaban en São Paulo lo hacían en los barrios de Moóca y Brás. En este período había como mínimo 15 periódicos en español en São Paulo, lo que muestra la importancia de esta comunidad.

Entre los años de 1931 y 1945, la emigración española cae a causa de la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial. Se recupera entre 1945 y 1964, pero con características diferentes, pues viene mano de obra especializada para las nacientes empresas automovilística y siderúrgica brasileñas. El número de inmigrantes españoles, entre 1946 y 1959, asciende a 91.500; en la década de 1960 a 32.191, y entre los años setenta y ochenta a 2.074 (Ayllón Pino, 2006: 136).

Las autoridades han estado siempre muy atentas a esta emigración. Así, en 1960, se firmó un acuerdo para regular el flujo migratorio, y, en 1981, un convenio que garantiza la Seguridad Social a los españoles residentes en Brasil. En los últimos años, la dinámica migratoria ha cambiado y España se ha hecho receptora de un número considerable de brasileños que buscan en Europa una mejora de su condición de vida. En la actualidad, los españoles que vienen a Brasil suelen ser especialistas altamente cualificados que trabajan temporalmente, con intención de retornar a España.

No tenemos datos confiables del número de inmigrantes españoles en Brasil, tal vez porque se asimilaron pronto, quizá por la cercanía lingüística y cultural. Se calcula que unos quince millones de brasileños tienen algún tipo de ascendencia española, lo que representa la tercera comunidad de origen europeo, detrás de Portugal e Italia.

1.2 Relaciones Brasil-Hispanoamérica

Hasta mediados del siglo xx, la atención de Brasil se centraba en los países vecinos: Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia, si bien sus relaciones han sido históricamente tensas. Los procesos de independencia de Uruguay y Paraguay, así como la Guerra del Paraguay, son buen ejemplo de ello. En 1817, Portugal intenta anexar Uruguay a la corona portuguesa, Uruguay lucha por la independencia con ayuda de Argentina y, en 1828, se trabó una batalla que saca a Brasil de Uruguay.

En 1960, a pesar de las dificultades políticas que había en la zona, nace, bajo el auspicio de la Comisión Económica para América Latina, la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, que no funcionó pero abrió vías para futuros acuerdos.

Con la intensificación de su desarrollo industrial, Brasil se vuelca hacia los países de la región amazónica (Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela, Colombia, Surinam y Guyana) en los que veía un mercado de unos 87 millones de personas. El 3 de julio de 1978 se firma el Tratado de Cooperación Amazónica, por el que se pretende ocupar de forma racional esta región y evitar que países ajenos se introdujesen en ella.

El 26 de marzo de 1991, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay firman el Tratado de Asunción que crea el Mercado Común del Sur (Mercosur), por el que se eliminaban trabas aduaneras y se establecía una tarifa común, con la finalidad de llegar a constituir un verdadero mercado común. Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela son estados asociados, participan en la zona de libre comercio pero no forman parte de la unión aduanera. La integración ha tenido avances y retrocesos, producidos, fundamentalmente, por los altibajos de las relaciones entre Brasil y Argentina. Sin embargo, aunque desde el punto de vista real y político las cosas no avanzan lo que deberían, muchos sectores de la sociedad civil como centrales sindicales, grupos académicos y universitarios cooperan asiduamente. Son muchas las universidades que tienen portales en Internet con análisis e investigaciones sobre el bloque; proceden igual los municipios organizados en torno a la Rede Mercocidades.

Aunque los propios miembros del Mercosur reconocen su falta de efectividad regional, muchos países reconocen el bloque; por ejemplo, el acuerdo con la Unión Europea en 1995 prueba la importancia de este tipo de asociaciones. Parece que cada país lo utiliza según sus propios intereses; así, cuando Brasil protestó por la presencia de soldados norteamericanos en suelo paraguayo, Paraguay argumentó que los beneficios de pertenecer a este grupo son pocos. Lo positivo es que sus problemas se han resuelto de forma negociada y han sido escuchados, por ejemplo, por la Unión Europea y el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). El Mercosur, a pesar de todo, mantiene acuerdos con Japón, México, la Comunidad Andina y la Unión Europea.

En diciembre de 2004, en Cuzco, se firmó un acuerdo para crear la Comunidad Sudamericana de Naciones, a la que pertenecen todos los países de América del Sur menos la Guayana Francesa. El acuerdo, que une dos bloques importantes: la Comunidad Andina y el Mercosur, se basa en tres puntos: diálogo político permanente entre las partes, intercambio comercial entre los dos grandes bloques e integración de la infraestructura física de la región. A pesar de las buenas intenciones que se esconden detrás de este tratado, al encuentro de Cuzco solo asistió el presidente brasileño, como único representante de los cuatro países que componen el Mercosur.

Como vemos, Brasil mantiene relaciones fundamentalmente con países de su entorno, pero, cada vez más se aproxima a países hispánicos más alejados, como México.

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