Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo
La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) es, por su implantación internacional y por los recursos humanos y materiales que emplea, uno de los instrumentos más potentes con los que cuenta el Estado español para la difusión de la lengua y la cultura españolas.
La unidad responsable de la programación y gestión de estas competencias es la Dirección de Relaciones Culturales y Científicas. Bien a través de su red propia de centros culturales (CC) y centros de formación (CFCE) como a través de la red de embajadas (http://www.AECID.es/web/es/AECID/listado_centros/), mediante convenios con otras instituciones (como el Instituto Cervantes) o a través de organismos multilaterales (aportaciones económicas muy importantes a la UNESCO, la OEI, la SEGIB o al PNUD), la AECID destina en la actualidad 160 millones de euros anuales a la cooperación cultural con países en desarrollo y a la promoción de la cultura y la lengua españolas.
Se trata de dos facetas muy relacionadas entre sí, pues de ambas maneras la AECID contribuye a que la lengua y la cultura españolas ocupen un lugar en el mundo y a que lo que más ampliamente podríamos denominar «cultura en español» desempeñe un papel relevante entre las culturas que destacan en el mundo actual. Junto con esto y no menos importante, la AECID apoya a lenguas y culturas minoritarias, y defiende la diversidad cultural como uno de los más ricos patrimonios que la humanidad debe preservar y enriquecer.
La Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), inmediato antecedente de la actual AECID, fue creada en 1988 mediante la integración de diversos organismos autónomos y otras unidades orgánicas del Ministerio de Asuntos Exteriores. Los orígenes del organismo se remontan al año 1946 con la fundación del Instituto de Cultura Hispánica, y de este periodo inicial (décadas de los cuarenta y los cincuenta) datan la Biblioteca Hispánica y el sello Ediciones de Cultura Hispánica. Ambos propiciaron una intensa e importante labor de difusión de la cultura española, como reflejan sus fondos y catálogos. Con el nacimiento de la AECI, este trabajo sería ampliado con la incorporación de la Biblioteca Islámica Félix María Pareja.
En 1954 sería inaugurada la sede del Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe, fundación del Instituto de Cultura Hispánica destinada a albergar a estudiantes universitarios originarios de los países iberoamericanos y españoles, que complementó la política de becas para la formación superior de los futuros dirigentes y profesionales de aquellos países, y que se mantiene hasta el día de hoy. Muy posteriormente, con la AECI, se añadiría el Colegio Mayor Nuestra Señora de África. Actualmente, ambos colegios son regidos por la Fundación Colegios Mayores, cuya presidencia corresponde a la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional.
El Instituto Hispano-Árabe de Cultura (IHAC), que venía desarrollando su labor desde 1954, sería dotado de estructura legal y operativa por Ley de 13 de febrero de 1974, también como organismo autónomo del Ministerio de Asuntos Exteriores. La Comisión Nacional y la Oficina de Cooperación con Guinea Ecuatorial (1981) son otras entidades que se refunden e integran en la AECI al tiempo de su creación.
El Instituto de Cultura Hispánica, pasó a denominarse, en 1977, Centro Iberoamericano de Cooperación (CIC) y en 1979 el organismo pasa a llamarse Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI), al tiempo que se establece como su finalidad esencial la cooperación española con Iberoamérica. En 1988 se reestructuró la Secretaría de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica (SECIPI), y se creó la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), que integraba a los organismos autónomos, el Instituto de Cooperación Iberoamericana, el Instituto Hispano-Árabe de Cultura y la Oficina de Cooperación con Guinea Ecuatorial.
A la nueva AECI se le encomendaba propiciar el desarrollo económico y el progreso social, cultural, institucional y político de los países en vías de desarrollo y, en especial, de los que tienen un ascendiente hispano, así como favorecer el estrechamiento de los lazos de entendimiento y cooperación entre los países desarrollados, especialmente de los integrados en las comunidades europeas.
Cuando en 1991 se crea el Instituto Cervantes, la decisión política es que la nueva institución desarrolle su labor (lingüística y cultural) en países que no tienen el español como lengua oficial y que la AECI mantenga su red cultural en Latinoamérica y coordine la tarea que desarrolla la red de embajadas en todo el mundo.
La Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo, aprobada en 1998, supuso un hito en la regulación jurídica de la cooperación española. Atribuía a la AECI la gestión de la política española de cooperación internacional para el desarrollo y contemplaba como oficinas en el exterior las Oficinas Técnicas de Cooperación (OTC), los Centros Culturales (CC) y los Centros de Formación de la Cooperación Española (CFCE). El actual despliegue exterior del organismo está compuesto por 42 OTC, 17 CC y 4 CFCE, en países de Iberoamérica, África y Asia.
Los instrumentos para el desempeño de las funciones y cometidos asignados a la AECID tienen como base principal el Plan Director de la Cooperación Española (el actual abarca los años 2009-2012), el Plan Anual de la Cooperación Internacional y las Estrategias sectoriales y de países, así como los acuerdos y convenios con entidades y organismos públicos y privados, añadiéndose, más recientemente, los planteamientos de los Objetivos del Milenio (ODM), aprobados por Naciones Unidas.
En octubre de 2007 la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) pasa a denominarse Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). El Real Decreto 1403/2007, de 26 de octubre, aprueba el estatuto de la nueva Agencia y la adapta a la ley de Agencias Estatales, de 18 de julio de 2006.
La AECID queda adscrita al Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, con personalidad jurídica pública diferenciada, patrimonio y tesorería propios, y autonomía de gestión y funcional; se inserta, de este modo, en los procesos de modernización organizativa y de innovación de la Administración pública española, permitiéndole así que se pueda dotar de una nueva cultura de gestión, basada en el desarrollo de la administración por objetivos, en la evaluación de resultados y en la participación de su personal.
Los fines primordiales de la AECID son contribuir al crecimiento económico y al progreso social, cultural, institucional y político de los países en vías desarrollo, fomentar la cooperación cultural y científica de España con países de las mismas características y asegurar la concertación de las políticas correspondientes. Asimismo, se trata de diseñar, coordinar y ejecutar programas y proyectos de cooperación para el desarrollo en los campos económico, social, cultural, educativo, científico y técnico.
Para llevar a cabo estas funciones en el campo de la cooperación cultural, la AECID ordena sus acciones en líneas que conforman la que se ha llamado «Estrategia de Cultura y Desarrollo de la Cooperación Española» (que puede consultarse en la dirección http://www.AECID.es/web/es/publicaciones/Documentos/estrategias/).
Las siete líneas a través de las que se implanta esta estrategia son:
Por otro lado, la dotación presupuestaria que el parlamento adjudica a la AECID se articula a través del programa presupuestario 144 A, programa que es, asimismo, el que afecta al Instituto Cervantes. Los fines de este programa son difundir una imagen positiva y dinámica de España en el exterior, mediante la implantación, el desarrollo y la potenciación de una política cultural y lingüística eficaz que permita, una vez sentadas las bases fundamentales para lograr una más amplia cooperación, el logro de una mayor penetración de índole política, económica, científica y tecnológica de carácter permanente en el exterior.
A la consecución de los fines inherentes a este programa contribuyen cada uno de los objetivos enunciados a continuación:
Los instrumentos a través de los que se implementan estos objetivos son, asimismo, múltiples. Los más importantes, que detallaremos a continuación son: