Centro Virtual Cervantes
Lengua
El español en el mundo > Anuario 2012 > J.P. de Besterrechea. Introducción
El español en el mundo

Las Aulas Cervantes

Juan Pedro de Basterrechea Moreno

Introducción

A medida que se difunde la labor que lleva a cabo el Instituto Cervantes, a medida que se conoce la actividad docente y cultural que desarrolla, su presencia es requerida, cada vez más, por representantes de gobiernos e instituciones de muy diferentes lugares. Esta demanda, que se suma a la propia estrategia de expansión del Instituto, supera ampliamente su capacidad para crecer, especialmente para crecer sobre la base de la apertura de grandes centros; ello obliga a plantearse formas alternativas de presencia del Instituto Cervantes en aquellos lugares en los que habría que estar, pero en los que no es viable la apertura de un centro a corto plazo. Así, al igual que han hecho otros institutos culturales con más larga trayectoria que nosotros, surgen otras fórmulas, más flexibles, menos costosas, que permiten extender la presencia del Instituto en el mundo, entre ellas, las primeras, las aulas Cervantes.

De este modo, en el año 2000, se firman convenios con la Universidad Eötvös Loránd, en Budapest, con la Universidad Carolina, en Praga, y con la Universidad San Clemente de Ojrid, en Sofía, para albergar las primeras aulas Cervantes. Los motivos que aconsejaron tomar esta decisión, en aquella ocasión, estaban relacionados con la urgencia por dotar de un mínimo de recursos con que atender una desbordante demanda de aprendizaje de español, por parte de sociedades, como la húngara, la checa o la búlgara, que se abrían al mundo exterior, después de una larga dictadura, y que reclamaban este tipo de oportunidades.

A lo largo del tiempo, las circunstancias que han determinado la apertura de otras aulas han sido casi tan variadas como las aulas mismas. Precisamente, la capacidad para adaptar la fórmula a las necesidades y circunstancias de cada caso ha sido siempre una de sus cualidades. Además de esta flexibilidad, las aulas se caracterizan por una serie de elementos comunes entre los que destacan especialmente, en primer lugar, su vinculación a una universidad, bien como un complemento del departamento que se ocupa de la enseñanza de español o, si no existiera tal departamento, como una forma de introducir la presencia del español en el campus. Desde el principio, las aulas se concibieron como centros de recursos en los que hispanistas, profesores o alumnos de español pudiesen encontrar una oferta lo más completa posible para atender sus intereses relacionados con nuestra lengua y nuestra cultura: una pequeña biblioteca especializada en cuestiones de didáctica del español como lengua extranjera, acceso a través de Internet a recursos en línea de todo tipo, incluido el acceso a recursos didácticos, a medios de comunicación y, por supuesto, a la amplia oferta del propio Instituto a través del Centro Virtual Cervantes (CVC). Posteriormente, a medida que el elenco de recursos del Instituto fue creciendo, las aulas pudieron incluir servicios como el acceso a los fondos de la red de bibliotecas, a la amplia parrilla de cursos de formación de profesores a distancia o a cursos de aprendizaje de español en línea, constituyéndose así en auténticos focos de difusión de la lengua. Igualmente, en la medida de sus posibilidades, las aulas desarrollan su propio programa de actividades culturales y docentes, además de ocuparse de la celebración de las convocatorias DELE en su ámbito de influencia.

Con el fin de gestionar adecuadamente este programa, las aulas cuentan con un profesor coordinador, responsable del aula, que forma parte de la plantilla del Instituto Cervantes y que realiza su trabajo en coordinación con el equipo del centro de adscripción del aula. De esta manera, la actividad de las aulas se incardina en la que desarrolla la red de centros del Instituto y cuenta con el respaldo de los recursos técnicos y administrativos del centro del que depende, así como con las directrices de su equipo directivo. Normalmente, las aulas disponen también del apoyo de becarios que proporciona la universidad y que permiten la gestión de los cada vez más numerosos servicios que ofrecen, incluida la actividad docente y la cultural.

Todas las aulas disponen de un espacio propio, que se identifica como Instituto Cervantes, cedido por la universidad en virtud del convenio que regula la colaboración; sin embargo, estos espacios varían significativamente de un caso a otro, atendiendo a las necesidades y características de las prestaciones que realiza cada aula. Así, por ejemplo, mientras el aula de Dakar, en Senegal, cuenta con varias salas en las que organizar cursos, seminarios y conferencias, un centro de recursos dotado de biblioteca y puestos equipados con ordenadores con acceso a Internet, o un auditorio al aire libre en el que se programan representaciones, conciertos o cinefórum, las aulas Cervantes de Estados Unidos, en Boston y Seattle, disponen de poco más que unos despachos desde los que gestionar una actividad que se desarrolla contando con los abundantes medios de que disponen las respectivas universidades de Boston y Washington.

La estrecha colaboración con la universidad que las acoge, así como con las instituciones locales que se dedican a la promoción de la cultura, en aquellas actividades que coinciden con los fines del Instituto, es otra de las características de la actividad de las aulas. A menudo, su capacidad para promover actividades con una cierta repercusión se ve multiplicada por la colaboración con estas entidades. El tejido de relaciones que las aulas han ido elaborando a lo largo del tiempo constituye uno de sus activos más importantes y es siempre uno de sus objetivos.

Finalmente, otro aspecto que es común a la actuación de todas las aulas y que tiene una especial relevancia, sobre todo en aquellos casos en los que el aula es la única representación del Instituto Cervantes en el país, es la vinculación con las embajadas y consulados de España, y con toda la representación española acreditada en el país, especialmente con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y con las consejerías y agregadurías de educación. Sin duda, el apoyo de las embajadas es otro de los factores que hace posible que la actividad de las aulas destaque muy por encima de lo que cabría esperar, teniendo en cuenta los recursos con los que cuentan.

Cuando en el año 2000 se optó, por primera vez, por la fórmula de las aulas Cervantes, se las consideraba como la vanguardia que precedía a la apertura de un centro; de hecho, aquellas tres pioneras ya no existen, fueron clausuradas cuando se abrieron los centros Cervantes de Budapest, Praga y Sofía, respectivamente; sin embargo, poco a poco las aulas se han ido revelando como una interesante y necesaria alternativa a los centros, como una forma de llegar a lugares en los que no es posible o no es aconsejable pensar en abrir un centro, o bien como un modelo que complementa la red en aquellos países en los que, aun existiendo ya uno o varios centros, conviene a la misión del Instituto disponer de una mayor presencia.

Las aulas Cervantes han sabido encontrar su sitio en el mapamundi en el que se señala la presencia de la institución en el mundo, han sabido también demostrar su utilidad al proyecto y son, sin duda, un interesante precedente desde el que explorar otras posibilidades para llevar la actividad del Instituto a nuevos escenarios importantes para su misión y que esperan su llegada.

flecha a la izquierda (anterior) flecha hacia arriba (subir) flecha a la derecha (siguiente)
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es