Manuela Marín
El calificativo de ejemplar que doy a la trayectoria biográfica de Julio Tienda se apoya en su condición de figura emblemática del múltiple haz de relaciones y significados configurado por la acción colonial española en Marruecos. A través de su largo y rico itinerario vital, Tienda permite al observador actual anudar hilos en apariencia dispersos pero congruentes: formación académica, actividad profesional, interacción lingüística, predominio militar en la administración colonial, luchas ideológicas y políticas... Gran parte de la «intrahistoria» de la presencia colonial española en Marruecos se revela diáfanamente en el devenir biográfico de Tienda, como se verá a continuación10.
Nacido en Sevilla, Julio Tienda se educó en el Colegio Alemán de Madrid, donde recibió una sólida formación en lenguas clásicas y modernas. En la universidad cursó dos años de Medicina, pero se licenció en Filosofía y Letras, carrera que terminó en menos tiempo de lo habitual y que le dio la oportunidad de estudiar árabe con Miguel Asín Palacios, catedrático de la asignatura desde 190311. En una entrevista publicada en Abc muchos años después, Tienda rememoraba la calidad humana de Asín Palacios en sus relaciones con sus alumnos: «Puedo decir que por él he pasado mi vida en tierras marroquíes. Nos invitaba con frecuencia a ir a su casa, donde tomábamos café, organizábamos largas tertulias y jugábamos al billar, que era su gran afición...»12. Como para muchos otros discípulos de Asín, la atracción del maestro fue definitiva en la inclinación hacia una materia, que a su no escaso grado de dificultad unía las muy limitadas opciones profesionales que ofrecía. Consciente de ello, Tienda se disponía, una vez terminados sus estudios, a opositar a una cátedra de latín. La intervención de su maestro, evocada en la entrevista citada, y las nuevas circunstancias de la política cultural y educativa en España, transformaron el destino del joven arabista.
En 1907, la creación de la Junta de Ampliación de Estudios había supuesto, entre otras cosas, la instauración de un sistema de pensiones en el extranjero que contribuyó de forma decisiva a la renovación intelectual de la universidad española y de otros ámbitos de estudio. Entre los vocales de la Junta figuraba Julián Ribera Tarragó (1858-1934), maestro de Asín Palacios, que impulsó la participación en ese programa de jóvenes licenciados en árabe. Se pretendía, de ese modo, contribuir a la formación de «arabistas prácticos», que pudieran tomar parte activa en la política española de penetración en Marruecos. El mismo Ribera había intentado organizar un centro de ese carácter -volcado a la inserción profesional en el ámbito colonial-, sin conseguir otra cosa que la aparición del decreto que lo creaba en la Gaceta de Madrid13. El fracaso de su iniciativa no desanimó a Ribera ni a su discípulo, Asín Palacios, y su activa presencia en la Junta de Ampliación de Estudios facilitó la concesión de pensiones en Marruecos a arabistas como Maximiliano Alarcón y Ambrosio Huici Miranda. A raíz de la instauración del Protectorado, el Ministerio de Estado (actualmente, de Asuntos Exteriores) dio un paso más en esta dirección con la creación, en 1913, de la Junta de Enseñanza en Marruecos, de la cual también formaron parte Ribera y Asín y a cuyo frente estaba el Presidente del Consejo de Instrucción Pública14. Asín Palacios y su maestro Ribera se encontraron así en una situación privilegiada para proceder al impulso de las relaciones entre el mundo académico y el aparato administrativo-colonial. Si bien diferentes circunstancias impidieron que esta conjunción alcanzara los niveles de otras potencias coloniales, no debe soslayarse en absoluto.
En este contexto, se entiende mejor el ofrecimiento que Asín Palacios hizo a Julio Tienda de una beca en Marruecos, con el fin de perfeccionar sus conocimientos de árabe. Desde -al menos- 1914, Tienda residió en Tetuán, la capital del Protectorado, ejerciendo una serie de funciones que revelan su progresión en el dominio del idioma, tanto en el registro clásico como en el dialectal. Al mismo tiempo, completó su formación como jurista estudiando Derecho en la Universidad de Granada. En 1919 era ya intérprete de la Secretaría General de la Comisión de Reclamaciones del Registro de la Propiedad de Tetuán y profesor de árabe de la mehalla jalifiana; en 1924, jefe de sección del Régimen Inmobiliario en el Protectorado; en 1932, interventor regional. Esta relación de sus cargos en la Administración colonial debe completarse con su actividad como fiscal en el Juzgado de Paz de Tetuán y, sobre todo, como intérprete de diversas autoridades del Protectorado. Al igual que muchos otros -el ya citado Clemente Cerdeira, Juan Vicente Zugasti, Emilio Álvarez Sanz y Tubau...-, Tienda sobrepasó con creces la labor de intérprete para convertirse, cuando las circunstancias lo requerían, en actor y conductor de negociaciones diplomáticas.
Entre todas las funciones oficiales desempeñadas por Tienda, cabe destacar la de interventor regional (en Tetuán y Larache). El cuerpo de interventores se había creado inspirándose en la Administración colonial francesa, habiéndose nutrido tradicionalmente de oficiales del ejército. La presencia de los primeros civiles dentro del cuerpo, a partir de la instauración de la República en España, no dejó de suscitar críticas entre los militares que hasta entonces lo habían controlado por completo; algunas de estas críticas fueron bastante acerbas15. La elección de Tienda para este cargo indica, por otra parte, una voluntad política de seleccionar a personas con excelentes conocimientos del medio en el que debían desarrollar su actividad y que eran capaces, por consiguiente, de comunicarse en su propio idioma con las poblaciones cuyo control se les encomendaba.
La carrera de Tienda como arabista y como miembro de la Administración española en Marruecos quedó truncada en 1937. Sufrió entonces la represión organizada en el norte de África contra los miembros de la masonería, a la que había pertenecido en algún momento, y fue separado del servicio16. Pudo conseguir, no obstante, la protección de Juan Beigbeder, alto comisario nombrado por Franco en ese mismo año y al que Tienda conocía de antiguo. Beigbeder le encomendó diversas misiones en España, relacionadas con los hospitales destinados a las tropas marroquíes y, finalmente, le ayudó a establecerse en Tánger -todavía ciudad internacional-con su mujer y su hijo. Cuando el ejército español ocupó Tánger en 1940, siendo alto comisario el general Asensio Cabanillas, Julio Tienda fue detenido, encarcelado y sometido a juicio.
Los avales de Beigbeder y del capellán de aviación Adolfo Suárez Martínez, así como, al parecer, la intervención personal del general Muñoz Grandes, favorecieron la absolución de Tienda quien, sin embargo, no fue reintegrado al servicio. Establecido en Tánger, tuvo que dedicarse a diversos negocios para sobrevivir. En 1976, cuando ya llevaba algún tiempo viviendo en España, le fue reconocida su condición de jubilado del cuerpo de interventores civiles de Marruecos. En los últimos años de su vida trabajó intensamente en la elaboración de un diccionario de términos jurídicos árabe-español que permanece inédito.