Manuela Marín
Íntimamente ligado al desarrollo de la acción colonial española en Marruecos, el destino de Julio Tienda representa igualmente la inserción en ese contexto del ámbito académico y universitario, en su vertiente más implicada con las realidades de su tiempo. Su actividad profesional estuvo marcada por la labor de interpretación, es decir, por una intermediación lingüística y cultural basada en su conocimiento de la lengua de la población local. La escasa formación que, en este aspecto, tenían los funcionarios del Protectorado, tanto civiles como militares, era uno de los problemas reiteradamente expuestos a lo largo de los más de 40 años de la historia colonial española en Marruecos.
En sentido contrario, los problemas de la enseñanza del español, al menos en la primera parte de esa historia, tampoco se solucionaron adecuadamente. Más arriba se han planteado las contradicciones derivadas de las diferencias sociales y culturales entre la población marroquí; significativamente, Tienda las resume en su propia experiencia como divulgador de su propio idioma. Por una parte, en efecto, fue profesor particular de español del jalifa, representante de la teórica autoridad del sultán de Marruecos en la zona norte del Protectorado; por otra, fue autor de una obra dirigida a las tropas marroquíes al servicio de España.
En contraste con la Gramática de Cerdeira, cuyo público estaba formado, en principio, por grupos cultos y deseosos de ampliar sus horizontes lingüísticos -a los que, de paso, se les enviaban mensajes políticos de cierto progresismo-, la obra de Tienda iba dirigida a solucionar los problemas de comunicación entre la oficialidad española y las tropas «indígenas», cuyo nivel cultural, en su propia lengua, no podía ser muy elevado. Por otro lado, al tomar como base de su obra su propia experiencia en la enseñanza del árabe, Tienda soslaya por completo la más que posible existencia de soldados marroquíes berberófonos en las filas de esas tropas.
El predominio de la presencia militar en la historia del Protectorado español en Marruecos es un hecho innegable, que ha condicionado tanto la relación colonial como la literatura de todo tipo producida en torno a ella. En esa presencia militar tuvieron una parte importante los contingentes alistados localmente, dentro de una política similar a la realizada por Francia en sus colonias norteafricanas e iniciada por Dámaso Berenguer en 1911. Sin embargo, a diferencia de Francia, que reclutaba en Argelia a los soldados que luego llevaba a Marruecos, el ejército español se vio obligado a depender, para sus tropas indígenas, de la propia población marroquí17. La práctica continuidad de un estado de guerra, desde la instauración del Protectorado hasta la «pacificación» de 1927, favorecía muy poco el establecimiento de lazos permanentes de lealtad entre oficiales y soldados, tanto más cuanto que las razones de estos últimos para alistarse en el ejército español eran fundamentalmente económicas18.
Si los oficiales e interventores desconocían la lengua de las «tropas indígenas» (todavía en 1948 se sigue lamentado la «sordomudez» del oficial español ante sus soldados marroquíes)19, al menos habían enseñado a sus subordinados el vocabulario militar más elemental, imprescindible para el ejercicio del mando. Así se reconoce en el prefacio de la Cartilla de Tienda (compuesto en árabe por Ni'mat Allah al-Dahdah y traducido por Tubau). Que se trataba de una situación del todo insatisfactoria lo demuestra que en 1918 se hubiera convocado oficialmente un concurso, ganado por Julio Tienda, para la composición de un libro de texto destinado a la enseñanza del castellano «al personal indígena de las fuerzas regulares y Policía del territorio del Protectorado español en África».
En las tres partes en que se divide la Cartilla hay una notable presencia, como era de esperar, del vocabulario militar; sin embargo, no es tan abundante como cabría suponer (aunque una sección está dedicada en exclusiva a las «voces tácticas»), y el propio autor se justifica a este respecto en su prólogo, en el que afirma que su pretensión ha sido mencionar «las palabras de mayor uso entre los indígenas». El léxico así reunido se presenta en tres columnas: castellano, pronunciación -en caracteres árabes- y traducción al árabe; en esta última columna se introducen muchas voces pertenecientes al registro dialectal, único que se maneja corrientemente en la lengua hablada. Los ejercicios de lectura y pronunciación contienen, asimismo, referencias diversas al entorno cotidiano del soldado marroquí, sin limitarse exclusivamente al uso de las armas o a las tácticas militares.
La tercera y última parte de la Cartilla agrupa una serie de textos en español, con su correspondiente traducción al árabe. Se trata de fábulas cortas -con su moraleja-, refranes y cuentos breves, entre los cuales sorprende la inclusión del llamado «El hombre y el cerdo», poco apropiado para ser explicado a soldados musulmanes. El libro termina con dos textos de carácter geográfico e histórico. El primero de ellos describe la geografía física de Marruecos; el segundo es un resumen histórico que no carece de interés, si se tiene en cuenta la audiencia a la que estaba destinado. La conocida retórica de la «hermandad» entre marroquíes y españoles, tan utilizada por una corriente de la literatura colonial, introduce aquí una de sus referencias preferidas: el común origen de ambos pueblos. El texto de Tienda, después de una visión panorámica de la historia de Marruecos, aduce la presencia en el país de descendientes de los musulmanes expulsados de España como fundamento de ese origen común20. La relación así formada, de ineludible parentesco entre ambas partes, obliga al mantenimiento de «buena amistad entre los marroquíes y los españoles». El mensaje que destila la Cartilla de Julio Tienda no era original y se puede detectar en obras sobre Marruecos de autores muy dispares: se trataba de dotar a la potencia colonial de un carácter benévolamente paternalista, utilizando para ello recursos extraídos de una realidad histórica que, en el país de origen, solía ser, bien denigrada, bien convertida en cliché orientalista para uso de literatos decadentes. Su presencia en una «cartilla» para la enseñanza del español a soldados marroquíes parece indicar la confianza depositada en esta imagen de «hermandad» y parentesco, aunque también podría derivarse de una elección personal de Tienda, que no en vano había estudiado con Ribera y Asín, defensores de una permeabilidad cultural -o incluso étnica- entre las culturas árabe e hispánica. De hecho, el ejemplar que se conserva hoy en el Instituto de Filología del CSIC, y que formaba parte de la biblioteca particular de Asín Palacios, lleva una dedicatoria autógrafa, en árabe, del autor a su maestro, don Julián Ribera. Este ejemplar formaba parte de la biblioteca particular de Asín Palacios, que se conserva hoy en el Instituto de Filología del CSIC.
No deja de ser una cruel ironía del destino que este librito, destinado a facilitar la comprensión entre oficiales españoles y soldados marroquíes, se publicara finalmente en 1921, el año de Annual.