De Lezama Lima, con quien también le unió a Cortázar una amistad fraterna, se conservan en la biblioteca casi una veintena de libros, algunos de ellos dedicados. Lezama, que prácticamente no salió nunca de La Habana, y en particular de su casa en la calle Trocadero, una especie de consulado de embajada de sí mismo, escribía con letra minúscula largas y encantadoras dedicatorias tremendamente personales. Por ejemplo, en La cantidad hechizada, le escribe: «Para Julio Cortázar, el misterio de la amistad se iguala en ti a la alegre sorpresa de toda tu obra».
En la dedicatoria de Paradiso se refiere al ejemplar de Rayuela que acaba de recibir: «Para mi querido amigo Julio Cortázar, el mismo día que recibí su magnífica Rayuela, le envío mi Paradiso», en lo que seguramente sea uno de los grandes momentos de encuentro de la literatura hispanoamericana contemporánea. «Entre Ud. y yo», continúa, «hay un cariño muy grande, sin habernos casi tratado, a veces se lo atribuyo al común, pero otras me parece como si los dos hubiéramos ido al mismo colegio, o vivido en el mismo barrio, o a que cuando uno de nosotros dos duerme, el otro vela y en la buena estrella».
Cubierta del libro Paradiso. Ediciones Unión, 1966.
Primera página de Paradiso, con dedicatoria autógrafa de Lezama Lima.También tienen interés las notas manuscritas por Cortázar en la última página del libro en las que, por ejemplo, se refiere a la cantidad de erratas que jalonan el texto, «żpor qué tantas erratas, Lezama?», pregunta. Y anota algunas curiosidades, por ejemplo, cómo uno de los personajes cambia de nombre: «A partir de 222 —escribe— Olalla, se vuelve Olaya. En 283, back to Olalla!».
Última página de Paradiso, con notas y comentarios de Cortázar.
El libro está leído a conciencia y en muchas de sus páginas encontramos anotaciones y señales. En una pregunta por el nombre de otro de los personajes, «żMainya o Maiya?».
Páginas 122 y 123 de Paradiso, con notas y comentarios de Cortázar.
En otro libro, Órbita, le agradece su apoyo en tiempos muy difíciles en los que, afirma, «recibí siempre su palabra de compresión y eso se lo agradeceré siempre. La realización de su obra era para mí una noticia alegre».
Cubierta del libro Órbita. Ediciones Unión, 1970.
Cubierta del libro Analecta del reloj, de Lezama Lima. Orígenes, 1953.
Primera página de Analecta del reloj, con dedicatoria autógrafa de Lezama Lima.
