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Francisco de Goya y Lucientes nace en la pequeña población zaragozana de
Fuendetodos, el 30 de marzo de 1746.
En 1760 entra como aprendiz en el
taller de José Luzán. En 1770 viaja a Italia para perfeccionar sus conocimientos, sobre
todo en lo referente a la técnica del fresco. En Italia permanece dos años. En 1772
realiza los frescos para la Basílica del Pilar de Zaragoza.
En 1773 se casa en Madrid con Josefa
Bayeu, hermana de Francisco Bayeu, pintor de cámara del rey Carlos III. En Zaragoza,
pinta los frescos de la Cartuja del Aula Dei, con un estilo cercano al neoclasicismo; sin
embargo, en la iglesia de Muel se muestra barroco.
Ingresa como pintor en la Real
Fábrica de Tapices de Santa Bárbara en 1776. Esta faceta de su producción dura hasta
1791, en diversas series de cartones para tapices que decorarán los Reales Sitios. Su
estilo es colorista, rococó, con escenas cotidianas estereotipadas y también con
crítica social: El quitasol, Las mozas del cántaro, La maja y los embozados, La boda...
Alrededor de 1777, durante la
convalecencia de la enfermedad que más tarde causa su sordera, Goya comienza a crear sus
primeros grabados. En 1780, tras algún que otro intento frustrado, el pintor consigue
incorporarse a la Real Academia de San Fernando (de la que será nombrado Director en
1795). Por otra parte, en 1783 realiza el Retrato del conde de Floridablanca;
gracias a ello, comienza a trabajar en los retratos de otros personajes de la corte, con
muy buena captación de los caracteres gracias a su afilada percepción psicológica (La
familia del infante Don Luis...).
En 1789, Carlos IV lo nombra pintor
de cámara; comienzan sus retratos oficiales del Rey y la familia real. En 1793, tras un
agravamiento de su enfermedad, Goya queda totalmente sordo. Esta circunstancia lo
impulsará a prestar mayor importancia a su mundo interior. A partir de entonces, su obra
toma dos caminos simultáneos: por una parte, la rama exterior, oficial y retratista, y
por otra la rama interna, con libertad de temas e incluso de técnicas, para disfrute
propio. Muestra de esto último es su colección de Los Caprichos (80 estampas al
aguafuerte y al aguatinta) y el retrato de su esposa, Josefa
Bayeu.
En 1798 simultanea su serie sobre Las
Brujas con los frescos de San Antonio de la Florida, de técnica mucho más suelta que
los de la Basílica del Pilar. Y de esta época data la relación de Goya con la duquesa
de Alba, plasmada en varios retratos y culminada con La
Maja vestida y La Maja desnuda, dos de
sus obras más conocidas.
Su retrato de La Familia de
Carlos IV es obra de 1800, impregnado de ironía hacia los personajes representados
(otros ejemplos: La reina María Luisa a caballo,
La infanta María Josefa). Goya tampoco
descuida su faceta de retratista de las clases acomodadas, sobre todo porque es una
sustanciosa fuente de ingresos (Retrato de Tomasa
Palafox).
Después de la Guerra de la
Independencia, Goya realiza una serie de obras de su vertiente privada, como El Auto de
fe, El Coloso, los Fusilamientos del 3 de Mayo, y las series de grabados
Los Desastres de la Guerra (1817-1818), y La Tauromaquia. El horror de la
guerra ha hecho mella en su forma de contemplar el mundo. En 1819, Goya adquiere en Madrid
la Quinta del Sordo, cuyas paredes decora con los frescos de las Pinturas Negras, oscuras
e inquietantes: Las Parcas, Dos viejos comiendo sopa, Saturno devorando a
un hijo, El aquelarre, La Leocadia,
Judith y Holofernes...
En 1824, Goya se exilia en
Francia por su decepción política ante el absolutismo del rey Fernando VII. En Burdeos
se retira, pero aún realiza obras como el Retrato de Moratín y La lechera de Burdeos, precursora esta última,
para algunos, de la técnica impresionista. Goya muere el 16 de abril de 1828. |