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Se trata de un desnudo muy académico. La textura de la piel se asemeja al
mármol, la pincelada se aprieta, no es del todo libre. Se ha discutido mucho sobre si el
rostro de la modelo corresponde al cuerpo, sobre si el rostro pertenece a la duquesa de
Alba (dama con la que Goya mantuvo una intensa relación hasta 1797)... Lo cierto es que
la expresión de la modelo sugiere, con cierta picardía, la complicidad que la unía al
artista.
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