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El TrujamánRevista diaria de traducción

ISSN: 1885-5806

El Trujamán es una revista diaria del Centro Virtual Cervantes dedicada en exclusiva a la traducción en todos sus aspectos que intenta, de modo sistemático, exponer las reflexiones de los traductores vinculados con la cultura hispánica. Este espacio se abre a todas las especialidades de la traducción: literaria, científica, técnica, administrativa, sin olvidar dos importantes aspectos de la misma: la enseñanza y la historia; asimismo, encontrarán anécdotas y citas. Los autores de los textos son especialistas en cada una de las materias; a pesar de ello, no pretende llegar sólo a los profesionales, sino a cualquier lector curioso e interesado por su lengua y su literatura.

Traductología

Psicodélica semántica (y 2)

Por Pablo Moíño Sánchez

Presbiterios y proletarios: cada uno de ellos da nombre a una cadena de citas con las que Marcel Bénabou y Georges Perec transforman —traducen—, por un lado, a Leroux en Sade, a Sade en Lefebvre, a Lefebvre en Sollers y a Sollers en Lecanuet; y por otro, al Manifiesto comunista en Genet, a Genet en Tixier-Vignancour, a Tixier-Vignancour en Kraft-Ebbing y a Kraft-Ebbing en el editorial de La Marsellaise del 17 de mayo de 1967. Haciendo apenas los ajustes necesarios en las palabras vacías, el procedimiento, sorprendente y muy conseguido, se vale a veces de metáforas y juegos poéticos para pasar, en una sola etapa, del punto de partida al de destino: así se salta de «nada» a «una mujer que se ahoga», con la escueta anotación entre paréntesis: «La Fontaine». En efecto, hay que buscar la solución en los primeros versos de la fábula XVI de su libro III: «Je ne suis pas de ceux qui disent : Ce n’est rien ; / C’est une femme qui se noie»…

Entre el hatajo de equivalencias esperables (jardín = país fértil), inesperadas (líquido = dinero), un poco más imaginativas (flotar = estar mal asegurado) o un poco más esópicas (lengua = la mejor o la peor de todas las cosas), aparecen también ciertas voces que no son tan fácilmente trasladables al español, al menos de una tacada. A primera vista, exprimer no nos vale para exprimir y para expresar, aunque hay que decir que tampoco quedan tan lejos: exprimir > estrujar > condensar > esquematizar > representar > explicar > expresar, todo esto jugando con la ventanita de sinónimos del Word.

Precisamente ese es otro de los campos donde trabajan Perec y Bénabou. Tras sus diez páginas de presbíteros y proletarios y un ejercicio de LSD poética en que cada palabra se reemplaza (más o menos) por un alejandrino, nos ofrecen la LSD analítica: se trata de demostrar que los sintagmas «Les lettres du blanc sur les bandes du vieux billard» y «Les lettres du blanc sur les bandes du vieux pillard» son rigurosamente idénticos, puesto que además uno y otro son equivalentes a esta tercera proposición: «Les bandes de la lettre sur les pillards du vieux blanc».

Del famoso enunciado doble, blanco y viejo de Raymond Roussel sobre las cartas letras y el billar bandido ya se ha hablado mucho. Hermes Salceda lo ha hecho en esta misma revista, aquí y aquí; también ha publicado una estupenda traducción —precedida de un comentario— del cuento donde aparece, «Parmi les noirs», en la revista Saltana. Ahora se trata de jugar con esa frase doble para mostrar que, en rigor, es una frase sola.

Por desgracia, algunas de las mejores transformaciones nos obligarán a dar largos rodeos, a ir por otro lado o a perdernos hermosas caminatas históricas. Los ocho pasos que median entre bandes y pillards incluyen un salto (conducteurs > chauffeurs > brigands) que parece insalvable en español: los chauffeurs de pieds que en tiempos de la Revolución francesa quemaban las plantas de los pies a sus víctimas para hacerles confesar dónde guardaban el dinero, y que se escriben y suenan igual que chóferes. Si nos llevamos eso a otro país y a otro tiempo, la cosa podría pasar con un conductores > caudillos > criminales, pero ya estamos hablando de otra historia. La de España.

En la página electrónica del Oulipo, bajo la contrainte de la LSD, se propone como ejercicio convertir la misteriosa frase de Gaston Leroux «El presbiterio no ha perdido nada de su encanto ni el jardín de su esplendor» en el lema «Proletarios de todos los países, ¡uníos!». Y hay muchos caminos, largos y breves, divertidos y artificiosos, para lograrlo; pero se puede. En el mío he descubierto una cruz y una peonza.

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