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El TrujamánRevista diaria de traducción

ISSN: 1885-5806

El Trujamán es una revista diaria del Centro Virtual Cervantes dedicada en exclusiva a la traducción en todos sus aspectos que intenta, de modo sistemático, exponer las reflexiones de los traductores vinculados con la cultura hispánica. Este espacio se abre a todas las especialidades de la traducción: literaria, científica, técnica, administrativa, sin olvidar dos importantes aspectos de la misma: la enseñanza y la historia; asimismo, encontrarán anécdotas y citas. Los autores de los textos son especialistas en cada una de las materias; a pesar de ello, no pretende llegar sólo a los profesionales, sino a cualquier lector curioso e interesado por su lengua y su literatura.

Traductología

Tacos y supertacos en la lengua y la traducción (y 2)

Por Enrique Bernárdez

La enseñanza de la lengua se fija sobre todo (demasiado, diría yo) en cuestiones de «corrección morfológica» y muy poco (prácticamente nada, diría yo) en cuestiones de uso. Parece más importante conocer sin vacilar el pretérito simple del verbo placer o el uso (¿?) del pretérito anterior o el futuro de subjuntivo que ser capaz de expresarse en formas adecuadas al contexto, la situación, los interlocutores, el tema. Y esto sucede en la escuela, el bachillerato, pero también la universidad. Como casi siempre, se busca simplificar afirmando cosas como «hay dos niveles de lengua: el culto, literario, y el hablado, coloquial». De ahí, en mi opinión, la peculiar situación reflejada en el problema de traducir al español los insultos, tacos o maldiciones de otras lenguas. Pero de ahí también la invasión de «usos coloquiales» en los programas de radio o televisión, pero también en las películas y en los textos literarios escritos; invasión que va acompañada de profusión de insultos, tacos y otras expresiones malsonantes. Es típico en grado sumo del humor, pues al parecer la risa debe producirse a base de tacos en rápida sucesión, y cuanto más «guarros», mejor: es una forma de «romper la esclerotizada forma de expresarse a la que nos obliga la sociedad y huir de la represión mental».

Entiéndaseme un poco: no critico el uso de tacos y demás, me pueden gustar más o menos y yo puedo usarlos con más o menos frecuencia y profusión; lo que critico es la idea (falsa de toda falsedad) de que solo hay dos niveles de lengua, y que el coloquial es sinónimo de utilización masiva de tacos. Incluso en traducción, porque esta «tiene que reproducir fielmente el uso predominante en la lengua española». Pero en lenguas como el español no hay dos niveles, sino muchos más. Hay varios niveles de lengua «formal», y «lengua escrita» no corresponde a un único concepto; en cuanto a la «lengua coloquial», no es lo mismo que «lengua hablada» (un discurso parlamentario —sin papeles— es lengua hablada, pero no coloquial), existen varios niveles. Yo doy mis clases en lengua coloquial, pero no en la misma que uso con los amigos o la familia. En el aula no digo tacos, pero los uso en ocasiones cuando estoy con personas íntimas. De manera que la equivalencia «lengua coloquial–abundancia de tacos» es, como suele decirse coloquialmente, más falsa que un billete de 751,34 euros. Y eso lo sabe todo aquel que haya leído algo de sociolingüística.

Hay muchos escritores, aquí y en todas partes, que son maestros en el uso de los distintos niveles de lengua. Cervantes, Shakespeare o Goethe están entre ellos. Pero voy a referirme sobre todo a los islandeses, que para algo los traduzco. Es muy frecuente encontrar en una misma novela, en un mismo capítulo, en una misma página, varios niveles de lengua: narración en lengua escrita estándar, las palabras de alguien (A) en lengua coloquial, también estándar, y de pronto la irrupción de otra persona B que, quizá ofendida por lo que ha dicho A, responde con algo más «vulgar» que estándar. Naturalmente, el traductor ha de respetar todos esos niveles, eligiendo la forma de expresión adecuada en español a cada uno. Por desgracia, a veces algún corrector, guiado quizá por la simplificación que mencioné antes, o quizá por la simplificación exigida por la editorial (y que obedecería a las supuestas expectativas del mercado) intenta reducir esas diferencias e imponer un único nivel («literario», suele llamarlo) o dos: (falsamente literario–falsamente coloquial). Si además hay alguna maldición en cualquiera de los niveles del original, se corre el riesgo de que aparezcan expresiones de un nivel (muy) vulgar en las palabras del personaje A. Porque tampoco hay un solo nivel de vulgaridad. En algunas traducciones se opera de esta forma, con resultados como los que mostramos en el anterior trujamán.

Además, hay otra cuestión que se debe tener en cuenta: los escritores en otras lenguas (por ejemplo, los islandeses), no sienten la impulsiva necesidad de mostrar su desenvoltura en el uso de expresiones vulgares, y pueden limitar el nivel de vulgaridad siempre que quieren, y sin verse acosados por el trauma de ser víctimas de la represión. Se produce un fenómeno que llama muchas veces la atención en el mundo de la traducción, y que preocupa a los traductores: no es que el escritor extranjero no pueda, es que no quiere. No es que el escritor islandés sea un acomplejado (póngase también en femenino) que se somete a las exigencias del «bien hablar y bien pensar», sino que no se siente obligado a estar siempre en el extremo opuesto. Opta muchas veces por una expresión «dura» como helvítis fíflið þitt!, aunque podría haber utilizado otras más fuertes aún —que existen—; las más de las veces usará maldiciones menos poderosas.

Moraleja: los tacos y demás en su momento, su contexto, su situación, su nivel de lengua. Y huyamos de la simplificación en los registros lingüísticos como… digamos, como… como espíritu impuro ante el acoso de la virtud.

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