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El TrujamánRevista diaria de traducción

ISSN: 1885-5806

El Trujamán es una revista diaria del Centro Virtual Cervantes dedicada en exclusiva a la traducción en todos sus aspectos que intenta, de modo sistemático, exponer las reflexiones de los traductores vinculados con la cultura hispánica. Este espacio se abre a todas las especialidades de la traducción: literaria, científica, técnica, administrativa, sin olvidar dos importantes aspectos de la misma: la enseñanza y la historia; asimismo, encontrarán anécdotas y citas. Los autores de los textos son especialistas en cada una de las materias; a pesar de ello, no pretende llegar sólo a los profesionales, sino a cualquier lector curioso e interesado por su lengua y su literatura.

Traductología

Nivel de lengua, registro lingüístico, idiosincrasia nacional

Por María José Furió

Como traductores tomamos determinadas decisiones que parecen más «trascendentes» según la calidad de la obra original. Los traductores de los grandes clásicos que han compartido aquí sus experiencias nos han detallado sus dudas, sus cavilaciones al comparar las versiones previas y las decisiones que finalmente han adoptado para componer una versión que pueda calificarse de moderna y que resista al tiempo.

En obras no literarias, como ensayos, crónicas periodísticas y obras de divulgación el registro de lengua parece marcado de antemano y entendemos que no cabe cambiar ni innovar mucho al traducir, por poco que el léxico esté establecido. Sin embargo, estamos cansados de comprobar que textos que han funcionado muy bien en sus países no calan en español. Más de una vez me han dado a traducir libros que yo sabía, al acabar de leer el original, que no funcionarían en el mercado hispano a menos que se organizara una —muy improbable— machacona campaña de publicidad decidida a destacar unas virtudes invisibles para nuestro gusto. Me refiero a novelas con fuerte contenido sexual o policíacas exóticas. Esto es así porque se ha acostumbrado al lector al modelo anglosajón, y especialmente norteamericano, modelo que no vale la pena describir aquí.

Hay otros géneros, como la literatura juvenil, la autoayuda-cool —luego explico en qué consiste—, la de viajes, el humor e incluso ciertas autobiografías que pueden interesar al lector español, al punto de conseguir que el libro sea un éxito, a condición de introducir algunos cambios, y no hablo solo de editar y suprimir párrafos o capítulos con información pertinente en el país de origen pero no aquí, donde el lector carece de suficientes referencias. El cambio que introducimos de manera intuitiva afecta al registro lingüístico. El lenguaje coloquial a veces puede considerarse un registro culto o literario, porque es un lenguaje elaborado, homogéneo a lo largo de todo el libro; registro que el autor mantiene para ganarse la complicidad del lector. Es frecuente en temas de autoayuda-cool con su combinación de marujeo (esoterismos, autoayuda, saberes exóticos, salud, divulgación de disciplinas especializadas como economía) y de guiños culturales (incluido el no traducir dummies, por ejemplo).

Pero, aparte de las veces en que el editor pide que rebajemos el nivel de lengua porque el público de destino de la versión traducida no es el mismo al que se dirigía el autor —i. e., para chavales que cursan la ESO un texto sobre filosofía originalmente publicado en las páginas de cultura de un diario francés—, podemos decidir por nuestra cuenta que, para que la versión española quede redonda, conviene enfatizar el tono si no humorístico, al menos risueño y desenfadado del original y rebajar las construcciones sintácticas más propias de un ensayo que de una guía de viajes novelada.

Y es que cada género tiene lo que llamaría unas «marcas de convicción», que son aquellas que el lector acepta, asumiendo que «es así como se habla» en tal género o así se dirige uno a una franja de edad concreta para tratar de tal tema. Romper estas reglas implícitas para ganarse a una franja distinta de lectores —aunque quizá de la misma edad— explica el éxito de la serie de títulos tipo Economía para dummies(estúpidos, idiotas), donde se da por seguro que hasta los más «estúpidos» saben inglés y cuándo son los destinatarios de un mensaje.

Los idiomas también son víctimas de las modas —recordemos el «en base a» de la España de la Transición, cuando el españolito medio se empeñó en hablar como un tecnócrata y que luego parodiaron genialmente los cómicos Martes y Trece—. El italiano sufre últimamente una fiebre similar por la que cualquiera habla como un dottore o un ingegnere empleando un registro elevado para describir, por ejemplo, las casas con fantasmas que alegran la soledad de algunos sótanos. Un traductor experimentado ha de saber cuándo ese registro chirría y cuándo, como en la novela El tiempo material, de Giorgio Vasta, es la marca que da sentido al conjunto.

Los textos publicados en esta sección no reflejan necesariamente posiciones oficiales del Instituto Cervantes, sino las opiniones de sus correspondientes autores.

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