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El TrujamánRevista diaria de traducción

ISSN: 1885-5806

El Trujamán es una revista diaria del Centro Virtual Cervantes dedicada en exclusiva a la traducción en todos sus aspectos que intenta, de modo sistemático, exponer las reflexiones de los traductores vinculados con la cultura hispánica. Este espacio se abre a todas las especialidades de la traducción: literaria, científica, técnica, administrativa, sin olvidar dos importantes aspectos de la misma: la enseñanza y la historia; asimismo, encontrarán anécdotas y citas. Los autores de los textos son especialistas en cada una de las materias; a pesar de ello, no pretende llegar sólo a los profesionales, sino a cualquier lector curioso e interesado por su lengua y su literatura.

Traductología

Marar, vever (1)

Por Pablo Moíño Sánchez

Cette forme est introuvable !, se queja quejumbroso el diccionario. A ver, tampoco es eso: el sustantivo en cuestión lleva setenta años en la cubierta de un libro de poemas más o menos mítico y al parecer más de ocho siglos en unas crónicas francesas escritas en Oriente. Pero a veces no bastan estas cosas para llenar los repertorios léxicos. O sea, que empezamos bien.

En 1943, en plena guerra, aparece en Gallimard el poemario Les ziaux, de Raymond Queneau. Antes de eso, su autor ha publicado ocho novelas en prosa y una en verso: la autobiográfica Chêne et chien. Como señala Claude Debon, esta segunda colección poética queniana pasará casi inadvertida por la crítica a pesar de los elogios inmediatos de Maurice Blanchot, que la considera entre las filas de la «grande poésie».

El título de la obra, el título introuvable y tentador está tomado del último poema de la serie:

LES ZIAUX

les eaux bruns, les eaux noirs, les eaux de merveille
les eaux de mer, d’océan, les eaux d’étincelles
nuitent le jour, jurent la nuit
chants de dimanche à samedi 

les yeux vertes, les yeux bleues, les yeux de succelle
les yeux de passante au cours de la vie
les yeux noirs, yeux d’estanchelle
silencent les mots, ouatent le bruit 

eau de ces yeux penché sur tout miroir
gouttes secrets au bord des veilles
tout miroir, tout veille en ces ziaux bleues ou vertes
les ziaux bruns, les ziaux noirs, les ziaux de merveille

Ahí está: Queneau se inventa una palabra nueva a partir de les eaux (‘las aguas’) y les yeux (‘los ojos’), dos motivos que recorren todo el libro, lleno de lluvias, puertos, naufragios, relojes, cisternas, sombras, desiertos, puentes. ¿Pero se la inventa de verdad? Bueno, no del todo. Como el autor dejó anotado en un manuscrito previo, la voz ziaux (en realidad, ziaus) aparece, con el valor de yeux, en la Geste des Chyprois, una recopilación de crónicas escritas en los siglos xiii y xiv y publicadas en 1887. Por otro lado, el mismo Trésor que no recoge ziaux sí documenta el verbo popular zieuter o zyeuter (‘mirar, ver, observar, vigilar’, a veces ‘burlonamente’, ‘disimuladamente’ o ‘con insistencia’) al menos desde finales del xix, como derivado de yeux y precedido de una z- de liaison.

Una z inicial, reflejo de la pronunciación francesa, que se repite mucho en otras obras de Queneau. Seguramente el caso más conocido sea Zazie dans le métro (y, en menor medida, alguno de los ensayos que el autor publicaría en Bâtons, chiffres et lettres), pero el procedimiento aparece muy a menudo en casi todas sus obras y es especialmente fructífero en su primera novela, Le chiendent (1933), al final de la cual se dice, retorciendo un poco las palabras, que «les zoiziaux chantaient gaiement», algo que podríamos traducir como «lojpájaroj cantaban alegremente».

Desde luego, hay otros textos del poemario sujetos a constricciones formales más dificultosas —«Don Evané Marquy» es un poema en el que cada verso se compone de permutaciones del nombre del autor; «Muses et lézards» juega con la homofonía entre lézards y les arts, o sea, entrelas artes y los lagartos; etc.—; ni siquiera ziaux es la única palabra «extraña» del poema, donde succelle o estanchelle son neologismos quenianos, «mots à rêver, issus de sonorités» en palabras de Debon; pero sin duda esos ziaux son la palabra alrededor de la cual gira todo lo demás. Y, aunque en la traducción inglesa —a cargo de Daniela Hurezanu y Stephen Kessler— dieron con una solución buenísima, EyeSeas, la cosa parece difícil de reproducir en español…

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