Centro Virtual Cervantes

Rinconete > Arte
Martes, 12 de abril de 2011

Rinconete

Buscar en Rinconete

ARTE / Claroscuro

La prensa

Por Laura Rodríguez Peinado

Situada en la sala superior de la Quinta del Sordo, formaba pareja con Dos mujeres y un hombre, obra con la que se ha querido poner en relación en los comentarios iconográficos. Se trata de un grupo de hombres que rodean a otro que destaca en el centro de la composición por su camisa blanca y lee lo que se ha interpretado como un periódico. Todos escuchan atentamente y el que figura en último plano levanta su mirada hacia arriba en una actitud que parece esperanzada en el devenir.

Tras la libertad de prensa decretada por el gobierno de Cádiz en 1810, la represión fernandina prohibió cualquier publicación que no fuera la oficial. Durante el Trienio Liberal, época en la que Goya decoraría su casa de la ribera del Manzanares, surgieron diarios políticos revolucionarios como El Zurriago o La Tercerola, junto a otros moderados como  El Imparcial, El Espectador, El Universal o El Censor, considerada la publicación más intelectual, así como El Periódico de las Damas, con el que se pretendía que las mujeres inculcaran a sus hijos los valores del constitucionalismo. Pero esta libertad de prensa fue cortada de nuevo con la irrupción de la Santa Alianza hasta la muerte de Fernando VII, cuando regresaron a España los liberales expulsados en 1823 con nuevas ideas sobre cómo hacer periodismo.

Tipológicamente los periódicos de esta época en España tenían un formato pequeño e iban escritos a una columna. Solo algunos como El Universal, conocido como «el sabañón» (31 x 21 cm), superaba las medidas estándar. No fue hasta 1835 cuando los periódicos en España empezaron a tener un formato similar a los de la actualidad.

La prensa española de este periodo tenía un tinte fundamentalmente político y científico, donde apenas tenía cabida la información general. Era el vehículo a través del cual los liberales podían difundir sus ideas y educar a los lectores en los proyectos políticos, haciéndolos sentirse partícipes y concienciándolos de los problemas del país. Pero en una sociedad con un porcentaje elevadísimo de analfabetismo ésta no era tarea fácil; por ello, era fundamental acercar estos medios al pueblo mediante la lectura en voz alta, práctica que en la obra de Goya adquiere un tinte de clandestinidad, acentuado por las tonalidades de la pintura y la concentración de los personajes en torno al lector con una tensión expresiva reflejada en sus rostros. Esto nos lleva a pensar que más que una lectura de prensa en el periodo en que ejecuta las pinturas, podría tratarse de un recuerdo de la lectura de periódicos y panfletos en la época absolutista del reinado fernandino, cuando las ideas liberales tenían que difundirse de forma clandestina, y por eso es de noche cuando este grupo de personajes se reúne para conocer las consignas políticas que se lanzan desde la prensa y soñar con un mundo en el que se puedan llevar a cabo.

Ver todos los artículos de «Claroscuro»

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es