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Martes, 7 de marzo de 2006

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ARTE / Claroscuro

Santa Teresa de Jesús

Por Juan Carlos Ruiz Souza

Este lienzo de Santa Teresa de Jesús de Bartolomé Pérez, pintor y decorador de la escuela madrileña de la corte de Felipe IV, forma parte de un conjunto de pinturas originarias del convento de San Diego de Alcalá de Henares, que tras la desamortización de Mendizábal de 1836 fueron incautadas y llevadas al Museo de la Trinidad y posteriormente al Museo del Prado. Forma parte del mismo lote otro cuadro de San Francisco Javier. Ambos santos del siglo xvi, al igual que otros grandes personajes españoles elevados a los altares, como San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, San Pedro de Alcántara o San Francisco de Borja entre otros, se convirtieron en ariete de la Contrarreforma católica frente a la Reforma protestante, gracias a sus escritos, éxtasis, o martirios. Además, su cercanía cronológica y su vida probada venían a renovar la imagen de tantos y tantos santos medievales de existencia dudosa.

Posiblemente fue la vida de la santa abulense Teresa de Cepeda y Ahumada (1515-1582), junto a la de San Ignacio, la que más trascendencia llegó a tener dentro y fuera de las fronteras hispanas, desde un punto de vista religioso, y sin duda desde el ámbito artístico. Fue representada en multitud de ocasiones por los más afamados artistas de los siglos xvii y xviii, y especial fama alcanzó la obra de la Transverberación de Santa Teresa realizada por Gian Lorenzo Bernini en la iglesia romana de Santa María della Vittoria a mediados del siglo xvii.

El éxtasis sufrido por la santa, venía a significar el premio más grande que un cristiano podía alcanzar por amar a Dios, ya que consistía en su contemplación directa, algo inimaginable en el ámbito protestante. Experiencia que la propia santa explicó por escrito en el libro de La Vida: «Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión...».

Extendió por Castilla la reforma de la Orden Carmelita, en su rama femenina, la cual tuvo su punto de partida en la fundación del convento de San José de Ávila en 1562 y en la redacción un año más tarde de las Constituciones, aprobadas por Pío IV en 1565. Sus experiencias y pensamientos quedaron en la memoria por la gran cantidad de conventos que ella misma fundó, y también en sus diferentes libros (La Vida o Libro de las misericordias, Libro de las fundaciones, Camino de Perfección, Las moradas o Castillo interior) donde se expresa con un estilo claro, directo y espontáneo.

Además de ser canonizada en 1622 por Gregorio XV, Teresa de Jesús es considerada doctora de la Iglesia.

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