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| Publicada en su primera versión
(1939), con el título de El lugar de un hombre, por la editorial Quetzal, fundada
por Sender al llegar a México, la obra debía haber sido terminada poco antes de su
exilio, aunque el autor había recogido materiales para ella desde hacía varios años. La
novela se basa en un hecho histórico: la vuelta en 1926 a su pueblo de un hombre por cuyo
asesinato se condenó a dos inocentes, que habían terminado por reconocer el inexistente
crimen debido a las brutales torturas infligidas por la guardia civil consentidas por la
maquinaria judicial, y que, desde 1910, fecha de su detención, habían pasado largos
años en el penal. Desde entonces este asunto, que causó honda conmoción en el país y
sobre el que Sender había publicado una serie de reportajes para el El Sol en
marzo de 1926, se conoció como «El crimen de Cuenca». |
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El narrador ligó estos hechos con otro que se
dio durante su niñez en Aragón: el de la desaparición de un hombre marginado y
miserable, que huyó de su aldea natal al campo, al verse despreciado y anulado por sus
convecinos.
Sender, sin embargo, no se limita al relato de
los hechos sino que incorpora otros materiales integrando también muchas de las
obsesiones de su intensa peripecia personal, con lo que la obra multiplica sus niveles de
significado: la preocupación social, que había convertido al novelista en el principal
representante de esta tendencia durante los años treinta y que aquí toma la forma de una
exacta denuncia del caciquismo; la omnipresencia de las raíces de su niñez rural
aragonesa, con su paisaje natural y humano; el trasfondo de la división del país en dos
bandos irreconciliables, con la metáfora latente de la guerra civil; el elemento
existencial, tan presente en toda la producción senderiana y que durante toda la década
de los cuarenta va a convertirse en el principal leif-motiv de la literatura
europea. Y, sobre todo ello, la afirmación de la importancia de cada ser humano, por
humilde e insignificante que éste sea, en el transcurso y desenvolvimiento de la
existencia y de la naturaleza, con la denuncia de lo que suponen hechos sociales como la
marginación, la exclusión o el exilio interior o forzado. Con estas bases, Sender se
afirmaba en su defensa del individuo como valor primario, en la línea de sus
planteamientos anarquistas.
Junto a todo ello, Sender logra una intensidad
descriptiva y emocional que convierte El lugar de un hombre en una de las cimas de
la novela española del siglo XX. La maestría en la distribución de los materiales
narrativos, la capacidad de sugerencia y elipsis, el desgarrado realismo orlado de
elementos poéticos, así como el magnífico dibujo de los personajes, expresado en rasgos
rápidos pero creíbles, y la precisa descripción de la terrible sociedad rural española
de la preguerra constituyen otros de los principales rasgos de esta poderosa obra.
La segunda edición (1959), con importantes
modificaciones, que no siempre mejoran el original, y cambio definitivo de título, El
lugar de un hombre, fue también publicada en Méjico por Ediciones CNT. La primera
edición española en 1968 se debe a la barcelonesa editorial, Destino y ha tenido muy
numerosas reimpresiones. Hay también una excelente edición crítica de la profesora
Donatella Pini, publicada en Huesca por el Instituto de Estudios Altoaragoneses, en
coedición con Destino. La novela ha sido traducida a los principales idiomas europeos. |