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Jueves, 12 de julio de 2007

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Arte

Republicanas exiliadas en México (VII).
Lucinda Urrusti

Por Concepción Bados Ciria

Nació en Melilla, en 1932, hija de militar republicano de origen vasco. Llegó a México en 1939 junto a sus padres y hermano, muy niña, después de haber pasado unos meses en un campo de concentración francés, que ella recuerda muy bien «un edificio abandonado lleno de paja, en unas cocheras diferentes a las de los hombres». Tras localizar a su padre, toda la familia se reunió en el puerto francés de donde salía el «Sinaia», el primer barco de los exiliados españoles que partieron hacia México, una vez que el presidente Lázaro Cárdenas abriera las puertas del país americano a los republicanos españoles perdedores de la contienda bélica.

Junto con artistas como Manuel Felguérez y Vicente Rojo, Lucinda Urrusti formó parte de la conocida como Generación de la ruptura. Ella misma ha asegurado en una entrevista: «Yo admiraba mucho la pintura mexicana, pero no era mi sentir. Siempre intuí que el arte no es discurso o panfleto político» (Época, 2002). Urrusti inventa en sus pinturas formas nuevas, de cuya asociación se define la forma que constituye su signo gráfico distintivo. La forma, en definitiva, es el resultado obtenido del trabajo arduo y consciente sobre una gama de elementos cardinales que califican la obra acabada. Color, textura y trazo predominan en sus lienzos, que se extienden y amplifican en los marcos. De un lado, el color impone un ritmo plástico que, en contrapunto, lo domina todo; de otro lado, la textura hace expresiva, objetiva incluso, la superficie pictórica a la mirada o el tacto. En suma, el trazo enfático impone la huella de la artista en el concepto teórico y, en este sentido, destaca la reivindicación del libre ejercicio imaginativo formal hecho por la artista que, a partir de cualquier pretexto, nos descubre un aspecto lírico.

En la línea de los impresionistas europeos como Cezanne, a quien admira, Urrusti propone una pintura  que es comunicación a través de la selección de objetos, colores, texturas en un caos expresivo de formas. El espacio y la luz, obviamente, así como la graduación cromática son los protagonistas de unos lienzos que establecen diálogos visuales con sus espectadores. Naturaleza muerta blanca y negra, Naturaleza muerta en cacharro blanco y cerámica, Paseo, Jarrita etrusca, Figuras en una repisa, Floresoscuras, Pescaditos, Paisaje blanco con pájaro, Camuflado, Desnudo de espalda, entre otros. En Lucinda Urrusti, la explosión cromática se combina con la geometría de formas cotidianas como naturalezas muertas, animales de todo tipo, objetos que forman parte del uso diario y, también, figuras humanas.

He tenido el placer de contemplar en su lugar de trabajo a Lucinda Urrusti, en su maravillosa casa-estudio de Tepepan, México, y puedo asegurar que su personalidad afable, su mirada azul penetrante, su voz firme, sus manos fuertes y poderosas están presentes en sus lienzos. La variedad de técnicas y materiales que maneja la artista dejan ver un constante ejercicio de experimentación: combina maderas, papeles, cerámicas, hojas y flores secas, de manera que sus cuadros suscitan una suerte de reflexión táctil además de visual. Asegura que pinta todos los días, a veces incluso trabaja en diferentes cuadros al mismo tiempo y, me confiesa, que los finales de cada cuadro son lentos y toman cierto tiempo.

En su última exposición Matérica íntima (2004), declaraba que le interesaba trabajar cada vez más con volúmenes y que dedicaba mucho tiempo a buscar materias y texturas. Ha participado en más de cien exposiciones tanto individuales como colectivas y su obra se encuentra en distintos museos de las Américas.

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