Literatura
Por Marcelo Villena Alvarado
(La Paz, 1950). Con tres libros de cuentos (Fastos marginales, 1989; Chojcho con audio de rock ps’sshado, 1993; El octavo sello, 1996) y una novela (Periférica boulevard, 2004), la narrativa de Adolfo Cárdenas es el paradigma inaugural de una de las vetas más individualizadas de la narrativa boliviana reciente: aquella que hace eco de las voces y otros lenguajes (gráficos, radiofónicos, televisivos) recreados en las zonas populares y marginales de la ciudad de La Paz. Se trata de una obra fundadora, por lo tanto, y como tal encarna también un proceso apreciable desde distintos ángulos. El del surgimiento y la consagración de una literatura llamada «de la democracia», por ejemplo; es decir, ésa que festivamente recupera la multiplicidad de discursos y prácticas culturales históricamente soterradas durante el periodo de la dictadura militar (1964-1982), ésas que emergen finalmente en la escena pública allá por los 80, con la reconquista de la democracia y la constitución de la metrópoli andina, raudamente nutrida por la migración aymara. Desde una perspectiva más específica, puede apreciarse también que la obra de Cárdenas encarna un significativo esfuerzo de renovación donde se reactivan y desplazan ciertos dilemas muy anclados, tanto en la tradición de la narrativa boliviana como en los dramas que pasan por estos relatos. De inspiración claramente joyceana, la exploración de lenguajes y otras formas discursivas de la ciudad de La Paz confronta también, en Cárdenas, el desafío de unos odres nuevos para nuevos vinos.
Adolfo Cárdenas explora preferentemente espacios urbanos marginales, se ha dicho, pero esta opción culmina en realidad un recorrido que de alguna manera sigue los rastros del que históricamente hace a su mundo narrado. La trayectoria es expuesta de manera programática en Fastos marginales (1989), en efecto, a través de una articulación que divide el libro en dos partes: la primera, «Alajjpacha», con siete relatos situados en el Altiplano y sus valles adyacentes y la segunda, «Esta tierra», con cinco cuentos que transcurren en el escenario urbano de la ciudad de La Paz (espacio consagrado de manera casi absoluta en los libros posteriores). No hace falta discutir aquí sobre correspondencia entre el sustrato cristiano y la triple distinción de la cosmovisión andina contemporánea que distingue tres «mundos»: el de arriba, en aymara alax pacha; el de abajo, manqha pacha; y finalmente el aka pacha, este «mundo». Lo que vale la pena señalar, en cambio, es que desde Fastos marginales «este mundo» adquiere un rostro esencialmente urbano, y esto, precisamente, según el modo de la cosmovisión andina: es decir, como un centro (taypi) que es también una frontera donde mundos opuestos se enfrentan y copulan; como un espacio de mediación y encuentro de contrarios (tinku). Además de los referentes contextuales, por lo tanto, el paso del «mundo de arriba» a «este mundo» deviene sugerente en lo que hace a la lógica con la que Cárdenas moviliza diversas formas y lenguajes narrativos.
Efectivamente, si el «Alax pacha» era ese ámbito donde Cárdenas adoptaba el paso, la búsqueda y los límites del indigenismo (el deseo y la imposibilidad de «representar» el mundo indio, fantasma dramáticamente encarnado por ese narrador cuyo discurso, nítido y ordenador, pretende traducir, explicar e interpretar un mundo otro), a partir de los cuentos de «Este mundo» Cárdenas forja una narración que no sólo se impregna de oralidad y de lenguajes locales. Tal como la ciudad que narra Cárdenas, en efecto, irrumpe allí una narración que llega a asumirse como instancia inestable, como ese espacio de una circulación de voces en la que él mismo (el narrador) llega a ser comido en un plato de fricasé.
Ver todos los artículos de Libros clave de la narrativa boliviana