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Miércoles, 26 de septiembre de 2012

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Diccionario del Argot (2)

Por Ricardo Bada

Y continuamos con el desguace del Diccionario del Argot, El Sohez, de Delfín Carbonell Basset, editado por McGraw-Hill en Nueva York 2001.

En el caso de la página 557, «película porno // película pornográfica», prefiero pensar que es errata y no alusión a determinadas posturas en decúbito prono del benéfico Kama Sutra.

En el caso de la página 505, «Se le caía la baba ante el aparatoso escote cuya endidura [sic] central hubiese sugerido pensamientos obscenos a un niño de teta», a mí lo que me sugiere son pensamientos homicidas respecto del autor del diccionario y/o el corrector de la imprenta.

Y ya que andamos metidos en escotes, miremos la página 292: «escote de vértigo // escote muy abierto que muestra parte del pecho de la mujer: “Margarita llevaba un vestido con un escote de vértigo que lo enseñaba todo”» ¿Se puede documentar mejor que con este ejemplo lo de tomar la parte por el todo?

Dicho sea de paso, en este acápite falta el «escote palabra de honor», que se hubiese podido documentar con citas de la revista Hola, donde suelen emplearlo con más cortesía que acierto.

Y concluyamos (por ahora) con botones de muestra de tropezón morfológico de la variante donde se ningunean sohezismos que todavía son de uso: 332: ¿por qué sí «gañota», pero no «gañote»?, 336: ¿por qué sí «gayola», pero no «a porta gayola»?, 442: ¿por qué no «la mar en coche»?, y 443: ¿por qué tampoco «echar margaritas a los cerdos»?

Ainda mais:

He registrado muestras de lo que suelo llamar «chiste involuntario», como sucede en la página 105: «de (para) cagarse // impresionante: “Es normal que los laxantes queden excluidos de la seguridad social porque el medicamentazo es para cagarse”» ¿Pues para qué otra cosa deben servir los laxantes, si no es para ayudar a dar de cuerpo? ¿qué clase de seguridad social es esa que, caso de ser congruente, no aceptaría la penicilina porque es antibiótica? Pero, por si fuera poco, repasemos la página 222: «corazón // palabra cariñosa: “Mira, corazón, a una tía como tú no hay quien la aguante”». ¡Caramba, si eso es cariño, la apostrofada «corazón» no necesita enemigos!  

He registrado en la página 246 («irse algo a tomar por el culo // estropearse, malograrse: “que me vaya a tomar por el culo”») la vieja sabiduría que asistía al profesor Higgins en Pygmalion, cuando oyendo a la plebeya Eliza constata: «Nadie le enseñó qué es “quién” o “qué”». Porque, al menos a mi juicio, «algo» no es «alguien».

He registrado dulcificaciones insensatas e insostenibles como la de la página 265: «despellejar vivo // castigar, maltratar físicamente: “haber conseguido tomarse la justicia por su mano despellejándolo vivo personalmente”». Porque tratándose de una cita de Alberto Vázquez Figueroa en una novela titulada Caribes, el contexto me hace temer que ese despellejamiento haya sido bastante más sangriento de lo que cree Colomer Basset en su bendita inocencia.

He registrado un caso de eso que los uruguayos, gráficamente, llaman «de alquilar balcones», en la página 329: «gallo // pene: “pero no traten de mamarme gallo porque los jodo”», ya que después del éxito universal de Cien años de soledad, y si todavía hay alguien —en este mundo cada vez menos ancho y más CNN— que ignore el significado de «mamar gallo», el más lúdico de todos los costeñismos, entonces esta cita de José Raúl Bedoya, de nada menos que el «Papillón colombiano», les debe de sonar a un machismo tan necio como incomprensible.

He registrado, divirtiéndome con el devenir del idioma, que en la página 369 se documenta «hueca // homosexual», pero se olvida que también «hueco», al menos en Andalucía, significaba lo mismo. Y en ese contexto recuerdo que en los tiempos del primer franquismo, la letra de una canción del Frente de Juventudes de su Falange decía: «Cubre tu pecho de azul español, / que hay un hueco en mi escuadra / con cinco flechas en el corazón, / que se llama la Patria». Y que hubo que dejar de cantarla en mi tierra, porque la gente se sonreía al llegar al segundo verso.  Ay, sí, el idioma sabe vengarse a su manera...

Y ánimo, que ya queda menos.

(Continuará y concluirá)

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