Historia
Por Gabriel García-Noblejas
Mientras que la ruta de la seda, que promovió y afianzó el comercio entre China y Europa, se abrió paso por tierra firme, la ruta de la traducción entre el chino y el español se abrió paso por las aguas del océano que conducía de España a Méjico y de Méjico a Filipinas.
Los primeros encuentros entre la lengua china y la española se dieron en el marco de la evangelización de China. No es arriesgado pensar que los primeros intérpretes, en el sentido moderno del término, de chino y español fueron mayoritariamente clérigos que ponían sus artes interpretativas y lingüísticas al servicio de dicha tarea religiosa. De entre todos estos misioneros, fray Juan Cobo destaca por haber sido uno de los primeros (si no el primero) traductores de libros del chino al castellano, así como fue también el primero que predicó en lengua china, según la Historia de la Provincia del Santo Rosario impresa en Manila en 1640 (p. 140), y probablemente el primer europeo que escribió un libro sobre las ciencias europeas en chino, titulado Shilu y publicado en Manila en 1593. Su dominio, por lo tanto, de ambas lenguas y ambas formas de comunicación en ambas culturas no parece dejar mucho lugar a la duda.
Pero no nos confundamos. No fue fray Juan, ni mucho menos, el primero que dejó escritos sobre China, pues esto ya lo habían hecho otros, pero sí, por lo que sabemos actualmente, el primer traductor de un libro chino al español.
La obra que tradujo fray Juan Cobo se titulaba —según la trascripción en letras latinas que hiciera el traductor a finales del siglo xvi— Beng Sim Po Cam en chino y Espejo precioso del claro y limpio corazón en español. Esta traducción del título busca el sentido, la idea; no se ciñe al pie de la letra ni incurre en el error de buscar un paralelismo palabra por palabra, de pretender mantener la estructura sintáctica del original en la versión castellana. Todo lo contrario. El traductor consigue un título que sigue la prosodia del castellano, no la del chino, y se toma la libertad (o, mejor dicho, cumple con el deber) de añadir un adjetivo para mejor captar la riqueza semántica del original. El título Beng Sim Po Cam (que, según el sistema actual de trascripción llamado pinyin aprobado por la UNESCO hace más de cuarenta años, debería escribirse hoy día Ming xin bao jing) significaría, en bruto, en muy bruto, algo así como «limpio + corazón + tesoro + espejo». Dado que el primer término del título se aplica en chino tanto a lo luminoso, a la luz, como a lo límpido, a lo cristalino, el traductor decidió utilizar dos adjetivos, «claro y limpio», para mejor trasladar la riqueza semántica del original. Esta búsqueda del sentido en el título fue más allá y no escatimó aclaraciones ulteriores; el fraile retocó el título así: Espejo precioso del claro y limpio corazón o Riquezas y espejo con que se enriquezca y donde se mire el claro y límpido corazón. La traducción de la obra así titulada se publicó en versión bilingüe en Manila en 1593, es decir, en tiempos de la dinastía Ming, siendo Shenzong emperador de China y estando Felipe II, rey de España y Portugal, a cinco años de su muerte. Era la primera obra escrita que se traducía del chino al castellano.
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