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Jueves, 22 de septiembre de 2011

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Historia

La traducción del chino al español en el siglo xx: Carmelo Elorduy (3)

Por Gabriel García-Noblejas

Una tercera característica atañe a la versificación. El original es una colección de poemas, escritos en verso, a veces con rima. El traductor ha preferido no mantener tal disposición métrica, estrófica, literaria, y nos ofrece textos no versificados, sin métrica, aunque algunos con un ritmo sorprendente, en líneas corrientes a cuyos comienzos ha agregado letras que no existían de ningún modo en el original. Un ejemplo:

6. El espíritu abismal, hembra misteriosa y fecunda

  1. El Espíritu Abismal no muere.
  2. Es la Hembra misteriosa.
  3. La puerta de la Hembra misteriosa es la raíz del Cielo y de la Tierra.
  4. Su duración es perenne; su eficiencia, sin esfuerzo.

Una consecuencia de presentar los textos de esta manera: los textos no son poemas sino desarrollos, en prosa, de ideas, ordenados en una sucesión guiada por las letras —a), b), c), etc.— que el traductor añade; lo cual acentúa el valor conceptual, la intención de transmitir contenidos e ideas por encima de la transmisión de la expresividad poética. Da la impresión de que el padre Elorduy dio prioridad al trasvase de ideas, de contenidos, y a la presentación «filosófica» de los textos, más que poética. En su derecho estaba, claro está.

De ahí se deriva otra de las características de esta traducción: la de la interpolación, entre paréntesis, de muchos términos con los que pretende ilustrar, aclarar en un par de palabras ciertos conceptos. Decimos que se deriva, porque si el traductor hubiera preferido mantener lo poético de los textos no habría podido permitirse estas licencias (cortarían de cuajo el ritmo del poema), que, por lo demás, no desentonan cuando de lo que se trata es de transmitir ideas al lector. Veamos algunos ejemplos de estas añadiduras entre paréntesis:

51. Producción de los seres por el Tao y el Te

a) El Tao les da vida, el Te (Virtud) los cría, el Wu (cosa) los conforma, el Shih (influencias) los perfecciona. Por eso, de los diez mil seres, no hay ninguno que no venere al Tao y estime al Te. […]

Otro ejemplo, ahora tomado de la traducción de Chuang Tzu:

[…] Así (el emperador) Hsi Wei Shih tuvo por corte el gran bosque reodeado de un simple seto; […]

Un último caso, también entresacado del Chuang Tzu:

Shen T’u Chia era cojo. Asistía con Tzu Ch’an, del reino de Cheng, a la escuela de Po Hun Wu Jen. Tzu Ch’an dijo a Shen T’u Chia: Yo saldré primero y Su Merced espera, o bien Su Merced sale primero y yo espero (no quería salir con el cojo).

En este último caso, el traductor ha interpolado entre paréntesis una explicación de por qué cree él que los personajes actúan del modo en que lo hacen. De esta manera, se introduce en el texto una segunda voz, la del traductor.

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