Traductología
Por Gonzalo García
Leo en la traducción de una novelita infantil estadounidense —dirigida a lectores de 6 años en adelante— que, para completar una actividad escolar sobre las plantas, los protagonistas habían inventado esta canción:
Oh, las raíces están relacionadas con el tallo.
Y el tallo está relacionado con las hojas.
Y las hojas están relacionadas con las flores.
Y las flores están relacionadas con las semillas.
Al parecer, y si no reconstruyo mal la historia, hay un «espiritual negro» (entrecomillo porque el DRAE no recogerá el concepto hasta su 23.ª edición) llamado Dem bones o Dry bones que habría tenido origen bíblico en los «huesos secos» de Ezequiel, 37, pero luego repasa, con intención didáctica y relativa fortuna, los huesos del cuerpo. De este espiritual semipedagógico ha derivado también una canción laica, con un baile asociado, bastante popular en las escuelas y jardines de infancia. Las variantes son numerosas y la transición, curiosa: pasamos de los huesos descarnados y la palabra del Señor a huesos bailarines y la danza de los esqueletos (o un simple «canta conmigo», como proponen, no sin dolor de cabeza de quien se atreva a escucharlo, «Alvin y las ardillas»). La parte que aquí interesa dice algo así:
Oh, the foot bone’s connected to the leg bone.
The leg bone’s connected to the knee bone.
The knee bone’s connected to the thigh bone…
Volviendo al principio de este trujamán, la autora de la novelita ha tenido para con el lector la cortesía de crear una canción tal como lo hacen los niños: por simple imitación. Los mozarts no abundan, aunque se Baby-vendan en la sección infantil de las grandes superficies y se nos exija «estimularlos» desde el mismo vientre materno (no vaya a ocurrirnos la desgracia de tener un hijo, en vez de un genio). Si me disculpan la anécdota personal, creo que viene al caso: el protagonista del primer cuento que recuerdo haber escrito se llamaba Clark y de profesión era —no hará falta decirlo— periodista. La originalidad absoluta no es una inquietud nada infantil: el niño inventa usando lo que conoce.
Así pues, nuestros protagonistas toman una canción popular que habla de las partes del cuerpo y la adoptan sustituyendo estas con las partes de una planta, y la traducción, más que ser fiel a las palabras resultantes, debería ser leal a este proceso creativo.