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Lunes, 19 de septiembre de 2011

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Autores s. xx

Los epigramas de Erich Fried

Por Ricardo Bada

Sin duda alguna que en castellano, y hasta la llegada de los tristemente célebres Veinte poemas de amor y una canción desesperada, del aún hoy sobrevalorado Pablo Neruda, los poemas de amor que se transmitían de generación en generación eran los de Gustavo Adolfo Bécquer. No sólo por ser de amor, sino por ser poesía en estado puro:

Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol,
hoy la he visto…, la he visto y me ha mirado…
¡hoy creo en Dios!

Sólo como programa de contraste, recordemos que uno de los más afamados poemas de amor de Neruda es aquel que generaciones íntegras de mujeres de habla castellana han repetido hasta la saciedad sin darse cuenta del mensaje machista del primer verso:

Me gustas cuando callas…

¿Y en alemán? se preguntarán tal vez ustedes, ¿qué poemas de amor son los que se leen y se copian y se envían los enamorados? Me he planteado yo mismo la pregunta porque una amiga jovencísima me escribe desde Hamburgo: es alemana, está enamorada de un español que no sabe alemán y le gustaría enviarle algún poema de Erich Fried que yo ya tenga traducido, si es que los tuviere.

Y sí, tengo muchos poemas de amor traducidos de ese gran poeta que nos abandonó hace algunos años y que en español sólo es conocido, si es que se lo recuerda, por su poesía política y comprometida, de combate. Es muy curioso y al mismo tiempo muy deprimente lo que sucede con este autor, pero no es el único. Hasta del propio Rubén Darío se recuerda y se cita más su aguerrida oda A Roosevelt que un madrigal tan precioso como A Margarita Debayle.

De los muchos poemas de amor de Erich Fried ya traducidos por mí, empezaría citando éste, Un intento:

He intentado
intentar
mientras debo trabajar
pensar en mi trabajo
y no pensar en ti
Y me siento feliz
de que el intento
no diera resultado

¿Y qué me dicen ustedes de este otro, Dedicatoria?:

Escribir
para vivir
sería casi tan malo
como vivir
para escribir

pero escribir
alguna cosa
para luego
podértela mostrar

a uno casi
le podría
ayudar a vivir

Y pues no hay dos sin tres, completaré la terna con Jardín de invierno:

El sobre de tu carta
con dos sellos rojos y amarillos
lo he plantado
en la maceta

Quiero
regarlo a diario
para que me florezcan
cartas tuyas

Hermosas
y tristes cartas
y cartas
que huelan a ti

Debería haberlo
hecho antes
no ahora
tan entrado el año

Confieso sin embargo que al reojear un volumen con una antología de los poemas de amor de Erich Fried, tan ignorados en nuestro idioma, lo que he descubierto, mejor dicho: redescubierto, son algunos de sus epigramas, que no sé cómo es que se han escondido allí. Por ejemplo éste, titulado Especialidades inglesas:

En Inglaterra a la sodomía
se la llama bestialismo
al amor con animales
se denomina bestial

Según eso a un perro
que se ama con su ama
y en Inglaterra sucede
hay que llamarlo humanista

Asimismo, especialidad inglesa, el epigrama en la siguiente página de la antología: Encuesta en los servicios del British Museum:

«Who would you like
to do it with?
»
decía en la pared

«With little boys»
«With schoolgirls!
»
Ambas estaban tachadas

«With Princess Margaret!»
«Me with the Queen!!!
»
y en alemán «Mit Gott»

Mas una flecha encima
lo señalaba diciendo:
«You fucking saint!»

Y hay un tercer epigrama de Fried, y con él termino, protagonizado por un gran escritor homosexual francés, André Gide, protestante, Premio Nobel en 1947 y creador de la Nouvelle Revue Française. Un epigrama que es una delicia de maldad y de picardía. Y que dice lo que leerán a renglón seguido:

Al muchacho encontrado en un cine
André Gide le confesaba
en la cama o de mañana
tras una noche de amor:

Puedes decirle a tus amigos
que has dormido con un hombre famoso
con un escritor
Me llamo François Mauriac

Innecesario explicar donde reside la maldad: pero por si acaso. François Mauriac, también Premio Nobel, en 1952, era católico y heterosexual. El epigrama se titula, programáticamente, De la pederastia como arma.

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