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Martes, 21 de septiembre de 2010

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Traductología

Muy propio (V)

Por Gonzalo García

La cursiva anterior es mía, pero dado el caso, no sé si formularlo con más prudencia: se la he puesto yo. Sea como fuere, no cabe duda de que en el caso de fenómenos comerciales el nombre propio de un personaje se convierte en una marca; y es más barata una marca internacional que una nacionalizada, a la hora de producir toda la serie de productos adicionales, gorras, películas, muñequitos.

Podríamos pensar si este aplicar las podas del marketing sobre la traducción es una jardinería a destiempo, en lo que respecta a la calidad. O incluso preguntarnos si nadie tiene derecho a tijeretear de tal forma la integridad intelectual de un trabajo razonado. Pero en el fondo nos recuerda que la literatura, traducida o no, vive en un mercado y mediante una serie de empresas, no en el reino atemporal y aeconómico del Arte con mayúsculas. Hace poco el ganador más reciente del Premio Nadal declaraba: «Nunca he tenido prisa por publicar. Pienso que las leyes del mercado son una amenaza para la literatura».1

Desde luego, hay posibilidades que se pierden:

Era ya de noche, una noche de finales de mayo, y un chico de trece años subía en bicicleta por una carretera comarcal bordeada de altas coníferas, de regreso a su casa, una granja junto a un pequeño bosque.

Se llamaba Jack.

En esta novela, que se inicia en una «granja a las afueras de Silkeborg, una pequeña ciudad danesa», encontraremos a Jack y su perro Joker; y uno se puede preguntar, creo yo, no tanto por qué una escritora española sitúa la acción en Dinamarca (pues porque le da la gana), sino por qué lo hace con nombres ingleses (y no daneses).2 Lo mismo cabe decir de la concepción mitológica global, que se arraiga en la anglófona, y no en la española; y quizá lo mismo cabe decir, para que nadie se sienta señalado, de Meggie y Mortimer Folchart, los protagonistas de Corazón de tinta. ¿Una parte de nuestra literatura está naciendo traducida de antemano para que se pueda vender mejor en Fráncfort?

Yo no lo sé. Tampoco me parece ni una lástima ni grave: los trovadores «catalanes» de la Edad Media escribían en occitano, y lo mismo hacía todo un Ricardo Corazón de León. Siempre ha habido centros del poder, siempre ha habido imanes e imantados, siempre ha habido denuncias contra los que se arriman de más, siempre ha habido neoteroi y poetae novi que se reservaban para sí la concepción verdadera del arte. Y mira si no ha llovido que hasta se les ha muerto la lengua…

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  • (1) Según se recogía en El País, 7 de enero de 2006.volver
  • (2) Laura Gallego, Memorias de Idhún: La resistencia, SM, Madrid, 2004.volver
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