Historia
Por Gabriel García-Noblejas
Pero tal vez el arte de Marcela de Juan brille más en las traducciones con que nos ha regalado de poesía china, pues son, lisa y llanamente, poemas, poesía, muy a pesar de que la propia Marcela de Juan dejó escrito que la traducción de la poesía era una tarea «poco menos que utópica» y en la que solamente se podía aspirar a transmitir los temas presentes en el poema original y, con mucha suerte, parte de las emociones1. Por suerte para nosotros, ella logró impregnar sus textos de mucho más que de temas y unas pocas emociones. También aquí abrió camino, un camino que luego han recorrido traductores como Chen Guojian, Anne-Hélène Suárez, Pilar González o Guillermo Dañino (y que nos perdone algún colega cuyo nombre se nos haya quedado en el tintero), dedicados fundamentalmente a la traducción de la poesía clásica china.
Marcela de Juan, en efecto, se consagró a la poesía mayoritaria y progresivamente. Primero editó una Breve antología de la poesía china2, que acrecentó notablemente en 1962 en Segunda antología de la poesía china3, al incluir ahí muchos poemas de Li Bai así como unos pocos escritos por los poetas de los últimos años del xix que acusaban cierta influencia occidental como Wen Yiduo, Hu Shi, Guo Moro, etc., y algunos de Mao Zidong. Culminaría sus traducciones de poesía agregando a la anterior una buena cantidad de poemas, especialmente de factura reciente, y regalándonos así, en 1973, con Poesía china del siglo xxii A.C. a las canciones de la Revolución Cultural4. La mayoría de sus traducciones son insuperables. Si creen que exagero, lean una cualquiera:
En la región de las nubes espesas levanté mi cabaña,
en el polvo del mundo se pierden ya mis huellas,
me alejo sin cesar.
No me preguntes cómo pasa el tiempo.
Ante mi ventana corre el agua del arroyo,
en la cabecera del lecho me acompañan mis libros…
Marcela de Juan reflexionó en voz alta sobre las pérdidas que sufrirían sus traducciones: el ritmo, la rima, la fonía, el metro y el dibujo, aspecto este último derivado de que la poesía china es ideográfica, visual además de sonora5. Nosotros diríamos que es cierto, pero que, a pesar de que dichas características propias del lenguaje poético chino no podrían pasar a sus versos castellanos, sus poemas no dejan de tener ritmo y sonoridad en español, no dejan de lograr una expresividad enteramente poética en castellano. Hablando en plata: los textos que produce Marcela de Juan son poemas:
Miles de hombres se levantan, salen resueltos al camino,
miran a un lado y a otro.
Miles de hombres gritan: ¡En alto los garrotes!
¡Vamos a matar al recaudador de la contribución!
Además del ritmo y la sonoridad, y los temas de los poemas originales (el paisaje es el más relevante, seguido de la nostalgia, la añoranza, la fugacidad del tiempo, la invitación a la retirada vida, la amistad), pervive en los poemas de Marcela de Juan la característica que ésta consideraba definitoria de la poesía china: la sencillez formal, la simplicidad:
Si es la vida un gran sueño,
¿para qué atormentarse?
Yo bebo todo el día.
Cuando me tambaleo,
me duermo al pie de las columnas,
despierto bajo el sol;
oigo cantar un pájaro oculto entre las flores.
¿Qué hora será?
El viento de la primavera
difunde la canción del ruiseñor.
Me siento conmovido y pronto a suspirar,
Mas me sirvo otra copa.
Y canto yo también como los pájaros.
Cuando la noche llega a relevar al sol,
se agotan mis canciones,
mas he perdido ya de nuevo
la sensación de lo que me rodea.
Ver todos los artículos de «La traducción chino-español en el siglo xx»