Traductología
Por Ramon Lladó
Decía Cicerón que el traductor, vocablo que no existía todavía en su época, era un fides interpres, un intérprete fiel.
El filósofo Vladimir Jankélevitch (La Présence lointaine, París, Seuil, 1983) nos da una compleja pero feliz definición de la música, de la que dice que es, ante todo, un arte inexpresivo. Entiéndase, no pretende afirmar que la música sea inexpresiva en un sentido lato, antes bien que lo que expresa dista de ser una realidad concreta, un paisaje, una emoción privilegiada, un decorado. Es inexpresiva en el sentido etimológico del término, porque implica un sinnúmero de posibilidades de interpretación entre las que se puede elegir.
¿Expresa cosas la traducción? Veamos. La literatura sí lo hace. Construye relatos, levanta mitos, universos, describe objetos, retrata subjetividades. Es un arte transitivo. La traducción, como la música, no expresa, sino que interpreta; no crea el predicado de ningún sujeto.
También dice respecto a la forma musical algo muy importante Jankélevitch, que puede aplicarse al «arte» de la traducción. Y es que la recreación es una poesía secundaria, del mismo modo que la creación, el acto productivo, el hacer (poiesis) es poesía primaria. Así, el acto de lectura, la interpretación musical, y particularmente la traducción, con todas las mediaciones que intervienen en su delicado proceso, contribuyen al totum poético, de modo discontinuo, convirtiéndose en copartícipe del despliegue necesario de la poética. Las variaciones del traducir, sus distintas modalidades, sus «estilos», si es que se puede hablar de estilo, no dependen de la traducción, entendida como esencia sino del distinto modo de significar que tienen los textos. La lectura es poética, el traductor es —o debería ser— un lector especialmente receptivo. Traducir es transmitir una obra, pero sobre todo significa interpretarla, hacerla posible, más allá de metodologías, de procedimientos codificados, más allá de las consabidas distinciones entre géneros, disciplinas o tipos de textos que nada dicen sobre la traducción. La traducción, como interpretación, no distingue entre trasvase de textos sagrados, de poesía, de teatro, de ensayo, de novela. Ni siquiera el traductor debe discernirlos porque ya le vienen dados. Eso lo disciernen los que no interpretan, o sea los investigadores, los profesores o los pedagogos, puesto que la interpretación no supone conceptos distintos para traducir los distintos géneros, disciplinas o tipos de textos tan sólo, a lo sumo, maneras de trabajar, de estudiar, de atacar el instrumento cuando se ejecuta el pasaje, de leer libre y concienzudamente la partitura.