Autores s. xx
Por Francisco J. Uriz
Tranströmer es un traductor minucioso y se preocupa por el lector, intenta que no tenga posibilidad de mala interpretación en la lectura. En la carta del 22 de octubre de 1982, ante un caso dudoso, le pide a Bly:
Mira bien la versión sueca de tu misterioso poema tan triste y maravilloso. Prästen faller på väg från kyrkan es muy concreto: él se aleja paseando del edificio de una iglesia. Si lo traduzco como Prästen faller när han lämnar kyrkan puede significar también «El cura cae en pecado cuando deja la iglesia luterana». Si quieres que tenga también ese sentido tengo que utilizar la segunda versión. ‘Hill’ significa ‘kulle’ y ‘berg’. ¿Cuál prefieres? Yo prefiero ‘berg’ (montaña), es más bíblico. ‘Kulle’ (cerro) es demasiado trivial y tranquilo. Pero ¿quizá tú piensas en un verdadero ‘kulle’?
Y Bly le contesta tiempo después:
Seguro que ya has aclarado los detalles del poema «Snowbanks» por los que me preguntabas. Prästen faller på väg från kyrkan queda bien. El tío tropieza en la escalinata de la iglesia. Ha leído a demasiados teólogos liberales y se ve en apuros. ‘The hill’ no es propiamente una montaña, sino más bien un cerro alto. Quiero aludir a alguno de esos cerros que los turistas, infaliblemente, quieren subir. «¿Crees que vas a poder hacerlo, abuelo?» Llevaría una hora coronar su cima, de modo que quizá sea una montaña.
Unos años antes, al principio de su colaboración, Tranströmer se lamentaba de la imposibilidad de traducir algunos poemas que le había mandado Bly:
Los poemas son buenos, claro. Lo que es una pena es que ‘redwood’ [en español, secuoya] es uno de esos árboles americanos que no se pueden traducir (igual que ‘box-elder’ [en español, arce negundo]). No se puede traducir una flora completa. Un canguro es comprensible para un sueco pero rödvedsträd [traducción al sueco de ‘redwood’] o aún peor sequoia-träd, nunca.
En esos casos Tranströmer prescinde de la traducción —tiene otros muchos términos donde escoger—, pero eso no siempre se puede hacer y hay que apechugar con el problema y buscar una solución —más o menos buena— como veremos en los siguientes trujamanes.