Películas
Por Ramón Buenaventura
Hay un idioma rarísimo: participa de todos los que existen, no tiene nombre, es uno de los más difíciles de dominar y uno de los que más dificultades plantea al traductor; hablo del extranjero.
Es decir el idioma en que se expresan quienes no son nativos del idioma en que está escrito el texto original o en que dialogan los personajes de una película. Pongo un ejemplo que a lo mejor conocen incluso quienes no ven nunca la televisión: en Modern Family, serie de ya largo éxito que cierra ahora su tercera temporada, una de las protagonistas es «Gloria Delgado», moza colombiana casada con un señor que le lleva poco menos de treinta años, mujer muy-muy-muy latina (no tengo muy clara la noción de latinidad, pero los americanos sí, al parecer: persona ni negra ni blanca que gesticula mucho y chilla no poco), que habla por los codos con un acento terriblemente exagerado por la actriz que la interpreta, la espectacular Sofía Vergara. Acento, sí; pero ni un solo error gramatical ni de vocabulario (salvo cuando los guionistas lo necesitan para encajar un chiste). Dicho en otras palabras: el idioma extranjero de las películas y series norteamericanas se caracteriza porque sus practicantes, en general, tienen una pronunciación pintoresca y, a la vez, un completo dominio de la lengua inglesa. Así ocurre, por más ejemplo, en casi todas las películas protagonizadas por Penélope Cruz o Antonio Banderas, que, evidentemente, jamás conseguirán librarse de su acentazo hispano, pero que en sus papeles dominan por completo el léxico y la gramática de la lengua inglesa.
En realidad, la cuestión carece de importancia, porque esos diálogos están pensados para que los oigan quienes no hablan más que inglés (prácticamente el cien por cien del público norteamericano) y no poseen la sensibilidad lingüística pertinente. Y los productores se ahorran la contratación de un asesor ad hoc.
Lo malo viene cuando toca traducir al español los parlamentos de Sofía Vergara, Pe o Banderas. En el caso de Modern Family, el doblaje reproduce el método original: la colombiana habla con acento colombiano, pero en correcto español. Por obvias razones, el efecto que se consigue no es el mismo: el acento inglés superlatino de Sofía Vergara resulta hilarante a oídos anglos, y el español colombiano de su dobladora pasa casi totalmente inadvertido a oídos españoles (no sé a oídos colombianos, porque incluso a mí a veces me suena más bien mexicano). Es decir: uno de los recursos humorísticos básicos de la serie desaparece en su versión española.
No podría ser de otro modo, sin embargo. Para que el español del personaje pudiera sonar a extranjero sin incurrir en el disparate, se tendría que haber recurrido al truco —barato y frecuente— de mudarle la nacionalidad, convirtiéndolo en portugués o italiano (se hace con frecuencia, pero en Modern Family la localización colombiana es intocable). Y luego está que el doblaje tampoco puede permitirse la autenticidad gramatical y léxica: Gloria habla con un acento que suena latino, pero en español peninsular, sin giros ni vocablos de su país. Todo, pues, notablemente artificioso.
Tres cuartos de lo mismo ocurre en casi todas las demás películas en que los extranjeros hablan inglés: acento marcado, inglés tan bueno o tan malo como el de cualquier nativo. El espectador no tiene más remedio que adaptarse al recurso cinematográfico. Y el doblaje lo sortea como puede.
Son miserias de la profesión.