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Jueves, 6 de octubre de 2011

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Traductología

… pero eso no las libra de una buena culá

Por Gonzalo García

A mi entender, el traductor de «Oh, las raíces están relacionadas con el tallo» falla a sus lectores porque ni estos reconocerán el espiritual negro o la canción escolar de fondo, ni, en realidad, cabe percibir ritmo alguno de canción en sus palabras. Lo primero, en estos días de YouTube y Wikipedia y kilochorros de e-información, parece gravísimo, pero yo no lo veo así: nadie lo sabe todo y antes de la Gran Conexión Universal también se traducía. Lo segundo, en cambio, me parece una contradicción que no veo por dónde resolver: si «cantaron una canción», el texto tiene que ser cantable. Más aún, en un texto para niños.

Si el traductor no tiene la suerte de descubrir todo lo que hay detrás de cuatro versos en apariencia anodinos, debería inventar una canción vegetal, y listos. (Que aproveche para disfrutar del estupendo Versos vegetales, del poeta Antonio Rubio). Pero el juego es más emocionante cuanto más pequeño es el campo y más estrictas las normas. Así que, tradición infantil en mano (o en mp3, o en iPad), ¿dónde podemos ir?

Probablemente, los que hemos crecido en Cataluña saltaremos de inmediato con «En Joan Petit quan balla», lo que nos daría algo así:

La planteta quan balla, balla, balla, balla,
la planteta quan balla, balla amb les arrels.
Amb les arrels, arrels, arrels… ara balla la planteta.

Y seguiríamos bailando con la tija, les fulles, les flors y les llavors.

En español podríamos bailar por ejemplo al son del «corro chirimbolo»; e igualmente, ya que estamos, aprovechar versiones como la del «corro de la lechuga» (documentada en Ventas de Peña Aguilera, según el Cancionero musical infantil de Toledo, de Manuel Fernández) para hacer un «corro de la planta» aún más legítimo:

El corro de la planta, ¡qué bonito es!
Una raíz, otra raíz,
un tallo, otro tallo,
una hoja, otra hoja,
una flor, otra flor,
y la semilla, ¡cómo brilla!

Lógicamente, en el momento en que recreamos, las asociaciones son (muy) distintas. El contexto ha pasado de un espiritual que nos remite a un desierto de huesos y la palabra resucitadora, a un corro que en las formas populares tiende a concluir (búsquenlo en los cancioneros, pues los libros escolares lo suelen omitir) con «la oreja» y, acto seguido, un burlón «el culo de la vieja». Cabe recordar, sin embargo, que en la propia tradición original ya se había producido una mutación de lo bíblico a un tono huesero y guasero que recuerda menos a Ezequiel que al «moro Muza» que «sale de la tumba». Y en todo caso, peor es haber convertido un juego infantil de imitación cantada en una frase de manual científico como «las flores están relacionadas con las semillas». Al oír eso, como dice otra de las incontables versiones del corro chirimbolo, «yo de la pesambre / me caigo una culá».

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