Recientemente hemos observado en círculos técnicos el uso de la
expresión estado del arte. ¿A alguien le sorprendería saber que se trata de un
calco del inglés? State of the art es el más alto nivel de desarrollo de
un aparato, una técnica o un campo científico al que se ha llegado en un momento
determinado. Veamos algunos ejemplos:
Forty or fifty years ago the state of the art in radio
was represented by crackling noises coming from a console of (...). Aztec-temple
shape.
Insulation foams in the building and construction industry can
be manufactured from different polymers (...). The disposal of such low density
foam through co-combustion in a state-of-the-art Municipal Solid Waste
Combustor is the preferred option of the industry (...).
¿Existe en nuestro idioma una expresión que represente ese mismo
concepto? ¿Se podría traducir state of the art como «tecnología punta»?
Es posible que ambas formas sean semánticamente equivalentes, pero su uso es
diferente.
Volviendo a los ejemplos anteriores, no sería extraño leer «la
tecnología punta en radio» (entendiendo radio como el sector o la industria de
la radio), pero «una planta incineradora de residuos sólidos urbanos con
tecnología punta» quizá podría escribirse de forma más apropiada como «una
moderna planta incineradora de residuos sólidos urbanos». En cualquier caso, es
necesario hacer una ligera reestructuración de la oración para evitar el calco
de estructura.
Nuestros técnicos han comprendido la noción representada por
state of the art, pero no han sido capaces de encontrar una equivalencia
exacta en nuestra lengua. Se han visto obligados a traducir y, limitados por sus
conocimientos lingüísticos, han optado por el calco. Si el uso de estado del
arte se extiende, acabará por aceptarse, como ya ha ocurrido con el préstamo implementar,
del inglés implement (llevar a cabo, hacer efectivo,
realizar, ejecutar), el cual ha sido adoptado como consecuencia de la misma
problemática traductológica.
Estas expresiones, que aparecen generalmente en documentos
especializados, son traducidas por técnicos, con resultados poco satisfactorios
desde el punto de vista lingüístico. Pero ¿cómo evitar que esto ocurra? En
nuestras escuelas de ingeniería se imparten asignaturas de lengua extranjera:
¿no podrían ponerse de acuerdo ingenieros y filólogos para que estos asesoraran
a aquellos en su labor traductológica? Por otra parte, en las empresas en las
que se producen documentos científico-técnicos, ¿no podría implantarse la figura
del mediador lingüístico? Esta persona, con buenos conocimientos lingüísticos,
se encargaría de revisar los textos generados por los especialistas. Un mediador
lingüístico sería un puesto para ser ocupado por un filólogo, pero ¿es adecuada
la formación actual de nuestros filólogos para estos fines?