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Sobre El trujamán

El trujamán
Lunes, 20 de octubre de 2003


Las limitaciones del técnico-traductor

Por Manuel Sevilla Muñoz y Julia Sevilla Muñoz

Recientemente hemos observado en círculos técnicos el uso de la expresión estado del arte. ¿A alguien le sorprendería saber que se trata de un calco del inglés? State of the art es el más alto nivel de desarrollo de un aparato, una técnica o un campo científico al que se ha llegado en un momento determinado. Veamos algunos ejemplos:

Forty or fifty years ago the state of the art in radio was represented by crackling noises coming from a console of (...). Aztec-temple shape.

Insulation foams in the building and construction industry can be manufactured from different polymers (...). The disposal of such low density foam through co-combustion in a state-of-the-art Municipal Solid Waste Combustor is the preferred option of the industry (...).

¿Existe en nuestro idioma una expresión que represente ese mismo concepto? ¿Se podría traducir state of the art como «tecnología punta»? Es posible que ambas formas sean semánticamente equivalentes, pero su uso es diferente.

Volviendo a los ejemplos anteriores, no sería extraño leer «la tecnología punta en radio» (entendiendo radio como el sector o la industria de la radio), pero «una planta incineradora de residuos sólidos urbanos con tecnología punta» quizá podría escribirse de forma más apropiada como «una moderna planta incineradora de residuos sólidos urbanos». En cualquier caso, es necesario hacer una ligera reestructuración de la oración para evitar el calco de estructura.

Nuestros técnicos han comprendido la noción representada por state of the art, pero no han sido capaces de encontrar una equivalencia exacta en nuestra lengua. Se han visto obligados a traducir y, limitados por sus conocimientos lingüísticos, han optado por el calco. Si el uso de estado del arte se extiende, acabará por aceptarse, como ya ha ocurrido con el préstamo implementar, del inglés implement (‘llevar a cabo, hacer efectivo, realizar, ejecutar’), el cual ha sido adoptado como consecuencia de la misma problemática traductológica.

Estas expresiones, que aparecen generalmente en documentos especializados, son traducidas por técnicos, con resultados poco satisfactorios desde el punto de vista lingüístico. Pero ¿cómo evitar que esto ocurra? En nuestras escuelas de ingeniería se imparten asignaturas de lengua extranjera: ¿no podrían ponerse de acuerdo ingenieros y filólogos para que estos asesoraran a aquellos en su labor traductológica? Por otra parte, en las empresas en las que se producen documentos científico-técnicos, ¿no podría implantarse la figura del mediador lingüístico? Esta persona, con buenos conocimientos lingüísticos, se encargaría de revisar los textos generados por los especialistas. Un mediador lingüístico sería un puesto para ser ocupado por un filólogo, pero ¿es adecuada la formación actual de nuestros filólogos para estos fines?

 


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