Lenguas
Por Enrique Bernárdez
Recientemente se produjo un escándalo insignificante que no por ser anecdótico deja de tener un interés de mayor alcance: el profesor Ilán Stavans, del Amherst College, uno de los principales centros universitarios de carácter humanístico del estado de Massachusetts, Estados Unidos, presentó su traducción del Quijote al espanglis. La reacción, salvando las distancias, me recordó a lo que podríamos llamar el motín de la ñ, cuando la Unión Europea pidió que las cosas continuaran como hasta entonces, es decir, que se pudieran vender en España ordenadores sin nuestra simpar letra eñe. Y en vez de solucionar el eterno problema de que nuestras instituciones oficiales (mi propia universidad, por ejemplo) no utilizaran esa letra y la sustituyeran (en los listados de alumnos y las actas de calificaciones, por ejemplo) por cosas como * / y demás, resultaba más fácil caer en la sempiterna tentación española de ver conspiraciones y agresiones extranjeras por todas partes. Bueno, el caso es que bastantes gentes no reaccionaron ante la quijotesca traducción espánglica de Stavans con un «¡ja, ja, qué gracioso!» o un «pues mira qué curioso», sino con indignación, como si aquello fuera un grave atentado contra nuestra lengua, y no la simple defensa de una forma de hablar que es propia de un elevado número de personas. Algo común a muchas reacciones fue afirmar que aquello parecía otorgar carácter de idioma (de pleno derecho) al espanglis y, al mismo tiempo, que era imposible traducir a ese idioma porque carece de toda estabilidad, norma, etc. Otros afirmaron que se trataba de una jugarreta más de los lingüistas, personas que, como todo el mundo sabe, no tenemos ningún respeto por algo tan sagrado como la lengua, sino que buscamos hacer dinero a base de decir que son buenas lenguas que ni siquiera existen, como el espanglis (hay quien dijo estas cosas, casi literalmente). Así que, más allá de reacciones viscerales, voy a intentar responder a la pregunta «¿es posible traducir al espanglis?». Lo primero que debo decir es que términos como lengua, dialecto, jerga y demás son peligrosos, pues normalmente están asociados a sentimientos muy fuertes y por regla general de carácter valorativo, de modo que mucha gente piensa que la lengua es mejor que el dialecto, que es a su vez muy superior a la jerga. Pero en realidad lo que hay es lo que hay, aunque suene a Pero Grullo, y aquí, como siempre, usaré esos términos sin ninguna valoración, es decir, ninguna clase de habla es mejor que otra... desde el punto de vista lingüístico, porque socialmente es otra cosa.
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