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Jueves, 10 de noviembre de 2011

El Trujamán. Revista diaria de traducción

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Crítica

Lost in translation (2)

Por Francisco J. Uriz

Se busca: método o sistema para medir más o menos objetivamente el mérito y demérito del traductor. No tan preciso como el metro en una competición de salto de altura, pero sí orientativo.

¿Es un buen criterio el que tienen los propios autores sobre sus traducciones? ¿Lo es?

¿Cómo hay que tomarse las opiniones de grandes autores que conocen los idiomas de llegada sobre la traducción de sus obras? ¿Las leen a fondo? ¿Les echan una ojeada?

Claude Simon en un encuentro con sus traductores, en Arles, después de oír pacientemente la traducción a cinco idiomas de un párrafo de una de sus novelas, contestó lapidariamente a la pregunta de qué le había parecido: «Extraordinario. La versión inglesa es mejor que el original». El traductor inglés intervino muy nervioso: «Monsieur Simon, eso es imposible, la traducción no puede mejorar el original». Monsieur Simon lo miró con gran escepticismo y añadió: «Ese párrafo es perfecto. Inmejorable».

Hubo una época en la que Gabriel García Márquez sostenía, siempre que tenía ocasión, con algo parecido a la coquetería, que la traducción al inglés de Cien años de soledad es mejor que el original. ¿Podríamos bromear parafraseando el título de una película de la Coppola y decir Lost in the original?

¿Qué quiere decir García Márquez? ¿Que está mejor escrita? ¿Con mayor claridad, expresividad, precisión? ¿Que da una visión más exacta que el original de los acontecimientos? ¿Que se sigue mejor la trama del libro? ¿Ritmo más sugerente? ¿Cómo ha podido juzgar eso el autor? ¿La ha estudiado, se lo han dicho? En una frase que corresponde más al mundo del realismo mágico que al de la triste realidad, sostenía que el señor Rabassa se aprendió el libro de memoria y lo escribió en inglés.

Nunca he logrado entender cómo fue posible. Pero, bueno, como imagen es preciosa.

Yo mantuve un sano escepticismo cuando Artur Lundkvist refiriéndose a mi traducción de sus poemas me dijo: «Me gustan más que en sueco». ¿Era mejor que el sueco el ritmo, el sonido, la cadencia? ¿O simplemente que el idioma español le gustaba al autor más que el sueco?

Yo, de los elogios que me han dispensado, el que más he agradecido fue el de una reseña en la que ni siquiera se me mencionaba como traductor. El crítico simplemente relataba entusiasmado el descubrimiento de un gran poeta. ¡Qué gran elogio se hace a una traducción cuando se proclama que ha propiciado el descubrimiento de un escritor! ¿Para qué quieres más?

En el tema de las reseñas serias de traducción en la prensa diaria, nos movemos en el terreno de la imposibilidad. (Parto de la base de que no hay traducción que resista una tesis doctoral). Si es difícil juzgar acertadamente una traducción con una lectura y un cotejo rápido de tres o cuatro páginas del original (si disponen de este y conocen el idioma), y es utópico que un crítico dedique una semana a un cotejo minucioso para hacer una reseña en un periódico, contentémonos con la palmadita cariñosa, es decir, lo de excelente traducción de Fulano de Tal.

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