¿Cazador oculto o guardián entre el centeno
?
Por Fernando SorrentinoHacia 1970 leí por primera vez la célebre novela de J. D. Salinger titulada, en
esa época, El cazador oculto. El título inglés es The Catcher in the Rye,
y su traductor, Manuel Méndez de Andés. El libro, que conservo, fue publicado en Buenos
Aires, en 1968, en la colección Los Libros del Mirasol de la ahora extinta Compañía
General Fabril Editora. Sin embargo, hay edición anterior (1961) en la colección
Anaquel, de la misma editorial.
Desde luego, The Catcher in the Rye no
significa El cazador oculto, sino algo tan endemoniadamente difícil y ridículo en
español como «El agarrador en el centeno». De manera que, sin presentar
ninguna objeción, acepté el título que proponía el traductor y, más aún, lo
consideré un hallazgo.
En el capítulo XXII el protagonista-narrador,
Holden Caulfield, suministra a su hermana Phoebe una explicación que echa luz sobre el
porqué del título:
(...) me imagino a muchos niños pequeños
jugando en un gran campo de centeno y todo. Miles de niños y nadie allí para cuidarlos,
nadie grande, eso es, excepto yo. Y yo estoy al borde de un profundo precipicio. Mi
misión es agarrar a todo niño que vaya a caer en el precipicio. Quiero decir, si algún
niño echa a correr y no mira por dónde va, tengo que hacerme presente y agarrarlo. Eso
es lo que haría todo el día. Sería el encargado de agarrar a los niños en el centeno.
Sé que es una locura; pero es lo único que verdaderamente me gustaría ser. Reconozco
que es una locura.
La idea es clara. El problema reside en que no
hay manera aceptable de traducir al español la palabra catcher.
Sabemos que existe otra traducción, de Carmen
Criado (1978), con el título de El guardián entre el centeno. En un artículo
(«El traductor traicionado») aparecido en La Nación, de Buenos Aires, el 30 de
agosto de 2001, Rodolfo Rabanal prefiere como yo el antiguo título, y da sus
argumentos:
El guardián en[tre] el centeno es
estrictamente literal porque responde a las cinco palabras del título en inglés, pero
esa literalidad no beneficia el sentido, más bien lo oscurece. Veamos por qué. El
guardián es el arquero como lo llamamos nosotros en el fútbol o, para ser
más claro, el jugador que en el béisbol corre para atrapar la pelota; si ese jugador se
encuentra, de manera figurada, en un campo casi idéntico a un trigal, estará
evidentemente oculto y fuera del alcance del bateador. En suma, «cazaría» la pelota
desde una guarida y se comportaría como un cazador oculto.
Ésa es la idea que inspiró el título de Salinger, sólo que en inglés, y en los
Estados Unidos, bastaba con la literalidad para establecer la metáfora. Pero en la
versión en español era preciso imaginar el propósito de Salinger y dar exactamente la
idea que el autor buscaba. En efecto, eso se hizo, y de manera brillante en la traducción
argentina. Luego se impuso esta nueva versión y el guardián en el centeno ya no suena a
nada.
Es muy posible que Rabanal tenga razón. |