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Jueves, 16 de mayo de 2013

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Crítica

Una reseña a la inversa

Por Mario Domínguez Parra

Vladimir Nabokov, en su ensayo «Problems of Translation: Oneguin in English», escribe esto:

In other words, the reviewer of the “translation”, who neither has, nor would be able to have, without special study, any knowledge whatsoever of the original, praises as “readable” an imitation only because the drudge or the rhymster has substituted easy platitudes for the breathtaking intricacies of the text.

En otras palabras, el reseñista de la «traducción», que ni tiene ni podría tener en absoluto, sin una preparación especial, conocimiento alguno del original, alaba como «legible» una imitación solo porque el esclavo o el rimador han sustituido las pasmosas complejidades del texto por los tópicos fáciles.1

El dardo deletéreo de Nabokov va dirigido tanto al reseñista de turno como a los traductores que no son él. En todo caso, me quedo con la parte de la cerbatana con curare que se refiere al reseñista. Por ello, presento aquí una breve reseña a la inversa:

«El traductor Mauro Armiño acaba de publicar su traducción Stalin: la vida privada. La apertura de los archivos secretos de la extinta URSS ha permitido la escritura de un texto al que Armiño tuvo acceso para, a partir de él, reelaborar en nuestro idioma una magnífica biografía de uno de los líderes políticos más controvertidos del siglo xx: revolucionario para unos, dictador y asesino para otros. Uno de los aspectos más interesantes es el familiar. Se muestra hasta qué punto Stalin quiso mantener su coherencia (o su furia asesina, según a quién se pregunte) en sus actos de mantenimiento del estado revolucionario (o de la dictadura purgadora), involucrando en la lucha por mantenerse en el poder a su propia familia. Stalin, a finales de los años veinte, tenía muchos problemas de salud, a causa de su estancia en diversas cárceles antes de la revolución. Por esa razón pasaba mucho tiempo con su familia en su dacha de Zubalovo, cerca de Moscú. Armiño escribe, sobre los suegros de Stalin, lo siguiente: “En Zubalovo, los padres de Nadia tuvieron cada uno un cuarto; Stalin los respetó hasta el fin de su vida, incluso aunque evitase en lo posible encontrarse con ellos con posterioridad a 1937” (p. 91). Éste es el año de las brutales purgas que comenzaron el 2 de julio. Abel Enukidze, el padrino de Nadia (la segunda mujer de Stalin) y la cuñada de éste, Mariko (María Svanidze, hermana de su primera mujer, Ekaterina Svanidze, a quien llamaban Kato en la familia), fueron detenidos ese año. El padrino, acusado de trotskista y, a título póstumo, del asesinato de Kírov, fue fusilado inmediatamente. No se sabe con seguridad si la cuñada fue ejecutada en 1942 o si murió en su lugar de relegación (p. 170). La captura, por parte de los nazis, de un hijo de Stalin, Yakov, y la detención de la mujer de éste, Yulia (posteriormente liberada), porque Stalin sospechaba de que ella había hecho llegar una foto de Yakov a los nazis (p. 193), es un ejemplo de los extremos a los que llegó el georgiano. El texto en que se basó Armiño para su traducción incluye entrevistas a un círculo de amigos y familiares que permiten al lector profundizar en la influencia de la vida personal en la política de Stalin o viceversa. La exquisita y concisa prosa del traductor no deja lugar a dudas de que estamos ante uno de los libros en español del año».

¿Qué pensarían autores y editores2 si se obviara su trabajo de esta manera?

  • (1) Vid. Theories of Translation: An Anthology of Essays from Dryden to Derrida, eds. Rainer Schulte and John Biguenet, Chicago and London, The University of Chicago Press, 1992, p. 127. volver
  • (2) Lilly Marcou, Stalin: la vida privada, traducción de Mauro Armiño, prólogo de Enrique Múgica, Madrid, Espasa, 1997. volver
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