Profesión
Por Enrique Bernárdez
Los hombres que no amaban a las mujeres. Este es el título de una de las novelas de más éxito, también en España. Sus traductores (según me dijo uno de ellos) están hartos de que quienes conocen el original, les pregunten: ¿por qué habéis cambiado el título? Lo mismo sucede con los dos volúmenes siguientes de la trilogía: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire. Los títulos originales tienen poco que ver; son respectivamente (en traducción, claro): Hombres que odian a las mujeres; La chica que jugó con fuego; El castillo en el aire que estalló. Claro que no son los únicos ejemplos. Los traductores no tienen arte ni parte; más aún, protestaron ante el editor y pidieron que se conservara el texto original. Porque quien conozca la primera parte de la trilogía, en novela o cine, se dará cuenta de que trata de «hombres que odian a las mujeres», y el título usado en España es bastante ridículo. Más aún la segunda parte, porque «La chica que jugó con fuego», además de reflejar perfectamente el original, es igual de idiomático en español. No digamos el tercero, pues en la versión española se pierde el carácter de «castillo en el aire» que tiene el original.
¿A qué vienen estos cambios? Los conocemos muy bien en el cine. Rara es la película que conserva su título. Pero en las novelas, el motivo es otro. Se trata de una curiosa costumbre, o manía, de muchos editores. Normalmente han leído primero una versión francesa, más raramente inglesa, y para ellos ese «es el original», aunque realmente no sea así. Si los editores españoles de Millenium hubieran leído las traducciones italianas en vez de las francesas, quizá habrían conservado los títulos originales.
Pero claro, ¿por qué cambiaron los títulos los editores franceses? Habría que ir más lejos, porque peores son los cambios en las ediciones inglesa y alemana. Las versiones inglesas de la trilogía se titulan: La chica del tatuaje del dragón (¡¿?!), La chica que jugó con fuego (vaya, acertó) y La chica que le dio una patada al nido de avispas (¡¿?!). La versión alemana hace un juego con tres palabras muy próximas: Verblendung, Verdammnis, Vergebung: «Ofuscación, perdición, remisión». En las versiones portuguesas encontramos una situación muy peculiar: en Brasil, la primera lleva el título francés y en Portugal, el original; en la segunda, justo a la inversa; en la tercera, Portugal vuelve a llevar el título francés y Brasil, el original. ¿Están los editores locos, locos, locos?
En estas novelas entra en juego probablemente el lenguaje políticamente correcto («Hombres que odian a las mujeres» iría contra las más sagradas convenciones), pero en general es la idea del editor de que una novela se va a vender mejor con el otro título; razones comerciales son las que más habitualmente determinan el cambio de un título. En algunos casos se debe a que el título original es intraducible. Por poner un ejemplo cercano al autor de este trujamán, una novela islandesa ha aparecido aquí como Rosa candida, que es el título de la versión francesa pero con el acuerdo de la autora. El título islandés original es imposible de reproducir con una sola palabra española. Afleggjarinn es el esqueje de una flor, pero también un desvío en una carretera (o en la vida). Resumiendo: el traductor no suele ser «culpable» del cambio de título en un libro, y dicho cambio obedece a razones de las que es el editor quien tendrá que responder.