Lenguas
Por Mariano Antolín Rato
A la pregunta de cuántos idiomas habla el intérprete de un organismo internacional, la respuesta frecuente y un tanto guasona del interpelado suele ser: «Solo hablo español». Y me estoy refiriendo en concreto a uno de los intérpretes de esa nacionalidad, que junto a más de dos mil traductores y lingüistas de los veintisiete estados miembros de la Unión Europea trabaja en su sede del edificio Berlaymont, en Bruselas. Es una anécdota recogida por el periodista Iñaki Cuesta en un ameno artículo de agencia que acabo de leer en Ideal. Por una vez este diario granadino, y espero que sirva de precedente dadas sus excesivas pifias, publica un par de páginas sin desperdicio. También confío en que el ejemplo cunda, y en otras publicaciones de información general se ocupen de un asunto que a unos cuantos nos apasiona, aparte de permitir que nos ganemos, malamente, la vida —quienes siguen de modo regular esta revista digital, sin ir más lejos.
Coincide mi lectura mañanera un tanto apresurada del artículo, ligero pero bien documentado y escrito —y lleno de observaciones agudas como la relatada—, con otra que me lleva ocupando unos cuantos días. Bueno, en realidad, solo las horas que últimamente puedo arrancar a la dedicación a varias actividades, pagadas o no, pero que requieren casi todo mi tiempo. Y me refiero a la de un libro que en inglés se titula: Is That a Fish in Your Ear?, editado por Faber & Faber, Nueva York, 2011. Su autor, David Bellos es director del Programa de Traducción y Comunicación Intercultural de la Universidad de Princeton, además de traductor, entre otros autores franceses, de Georges Perec, Y, sorprendentemente, de Ismail Kadaré, que escribe en albanés pero él vierte del francés. Como por desgracia ya no puedo recurrir a Ramón Sánchez Lizarralde para que me informe de la calidad de esas versiones que él hizo al español magistralmente según opinión del propio Kadaré, las doy por buenas.
No tengo más remedio que hacerlo así, porque el libro de Bellos es uno de los más interesantes que he leído nunca referido al mundo de la traducción. Contiene todo tipo de saberes enciclopédicos, sucedidos doctos y curiosidades eruditas con notas a pie de página. Sin pasar por alto aspectos ideológicos, históricos y de política económica —no sé si hay otra—. Y todo expuesto del modo más entretenido imaginable y con una autoridad que apabulla, convence y estimula. Da igual que aborde la traducción literaria, la jurídica, la comercial, los subtítulos de películas y series de televisión, la rotulación de los bocadillos de los tebeos. Su punto de vista resulta sensato y con apoyo en las más fiables teorías.
El título, que descoloca bastante, se podría traducir por: ¿Eso de la oreja es un pez? Bellos dice que procede de un pasaje de la divertida novela de ciencia ficción Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams. La publicó Anagrama, pero en este momento no tengo acceso a ella para comprobar cómo vertió el siempre competente Benito Gómez Ibáñez la frase. El motivo de esa elección Bellos lo expone, pero de momento vuelvo al comienzo. Pues resulta que en el capítulo veintiuno —precisamente el que estaba leyendo cuando me encontré con el artículo de Ideal—, se ocupa de que en la Unión Europea nada es traducción, lo que pasa es que todo está traducido. En la actualidad oficialmente se usan veinticuatro idiomas diferentes. Y en todos y cada uno de ellos tienen idéntica fuerza, la misma autoridad, igual validez cada versión de una ley, regulación, directiva, o carta que surge de una comisión.
Esa paridad de los idiomas tiene, entre otras consecuencias, que ningún texto de la Unión Europea pueda ser considerado defectuoso basándose en que ha sido traducido incorrectamente de un original, pues cada versión en un idioma es la original. Lo que confirmaría la idea de Umberto Eco de que «la lengua común en Europa no es el inglés; es la traducción».
David Bellos demuestra del modo más competente que las cosas no son así. Que se utilizan idiomas puente. Y eso solo es una muestra del conjunto de cuestiones que aborda su libro y de las que seguiré ocupándome.