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Martes, 3 de mayo de 2011

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Autores s. xx

A vueltas con Ungaretti

Por Ricardo Bada

Por casualidad cayó de nuevo ante mis ojos, dentro del Museo de la poesía moderna, de Hans Magnus Enzensberger (una espléndida y clarividente antología alemana, polilingüe, de la lírica moderna universal), este poema de Giuseppe Ungaretti, «Allegria di naufragio»:

E subito riprende
il viaggio
come
dopo il naufragio
un superstite
lupo di mare.

Ese superstite yo lo entiendo como «superviviente» (incluso «supérstite», aunque este adjetivo, en español, parece reservado al uso jurídico). Y es así como el poema tendría sentido, pero nadie menos que Ingeborg Bachmann, una de las mejores poetas en lengua alemana del siglo pasado, y que vivió largas temporadas en Italia —de hecho murió en Roma, abrasada en el fuego que provocó una colilla suya mal apagada antes de dormirse—, la Bachmann, pues, lo traduce como «supersticioso», y eso me provoca algo más que una sonrisa, casi una carcajada. «El humo del cigarrillo debió nublarle las entendederas a la empedernida fumadora», sugiere Héctor Abad Faciolince, quien habla italiano con envidiable soltura y me propone la siguiente traducción a mano alzada:

Vuelve a emprender el viaje
de inmediato
como tras el naufragio
un viejo lobo de mar
sobreviviente.

 «Lo de ‘viejo’ —me dice— es un añadido mío, pero lo creo necesario en español para usar la misma frase corriente del italiano».

Le contesto que acepto los dos versos finales, incluyendo (pues me parece acertado) lo del «viejo lobo de mar», pero siempre trato de ser fiel a la morfología del original, en la medida de lo posible, y aquí lo juzgo necesario. Eso además de que no padezco el temor a que mi versión se parezca tanto al original, que deba arrostrar el reproche de ser excesivamente esclava del mismo. Mejor excesivamente literal y exacta, que no moderadamente creativa y menos exacta. Así es que yo traduciría:

Y súbito reemprende
el viaje
como
tras el naufragio
un viejo lobo de mar
superviviente.

Y ya que estoy metido en harina de Ungaretti, no quiero dejar de anotar mi recuerdo de un poema suyo, «Finale», que encontré también en ese Museo de la poesía moderna, y en el que cada estrofa termina con el verso il mare, il mare. Verso con el que a mi entender pretendía reflejar Ungaretti el movimiento de las olas al llegar a la playa y luego retirarse, aunque desde luego ésta es tan sólo una interpretación mía muy personal. Pero si la diésemos por cierta, o al menos como plausible, pudiera sostenerse que una traducción suya al castellano le añadiría un matiz que falta en el original italiano y que se originaría en el carácter ambiguo de nuestro sustantivo equivalente. Quiero decir con ello que ese verso podría traducirse como «el mar, la mar», que transporta mejor que el original la imagen de la llegada y el retroceso de las olas.

El original dice:

Più non muggisce, non sussurra il mare / il mare.
Senza sogni, incolore campo è il mare, / il mare.
Fa pietà anche il mare, / il mare.
Muovono nuvole irriflesse il mare, / il mare.
A fumi tristi cedé il letto il mare, / il mare.
Morto è anche lui, vedi, il mare / il mare.

Pienso que podría traducirse así:

Ya no brama, ya no susurra el mar / la mar.
Sin sueños, es campo incoloro el mar / la mar.
Piedad también inspira el mar / la mar. 
Nubes que pasan no refleja el mar / la mar.
A humos tristes cedió su lecho el mar / la mar.
También se ha muerto, mira, el mar / la mar.

Luego viene el momento de arrojar la toalla, la esponja y hasta el cubo, desde la esquina del traductor, y es cuando uno se encuentra con la vertiginosa epifanía del poema titulado «Mattina»:

M’illumino
d’immenso.

Es igual que aquello de García Lorca («la noche se puso íntima / como una pequeña plaza») cuyas palabras literales son directa y fácilmente traducibles en cualquier idioma del mundo. Pero la poesía que encierran, como encapsulada, esa es intraducible. Uno las mira y las remira, y uno se ilumina interiormente de inmensidad, pero no hay manera de decirlo que sea distinta que esa del original:

M’illumino
d’immenso.

Nada más, y nada menos.

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