Centro Virtual Cervantes
El Trujamán > Autores a. s. xx
Martes, 26 de marzo de 2013

El Trujamán. Revista diaria de traducción

Buscar en El Trujamán

Autores a. s. xx

Traducciones, retraducciones y momias de gato (7). Más censura, autocensura o corrección política avant la lettre

Por Carmen Francí

Siguiendo con el cotejo de traducciones de El molino del Floss, damos con otro párrafo un tanto insólito en una traducción que, aparentemente, fluye sin escollos: Stephen (llamado Esteban en la traducción de Morales) hace un gesto con las manos y la omisión de la traducción de la palabra playful, en el caso de Morales, y, en la de Sardà, la mala interpretación de la ironía del personaje, consiguen cambiar su carácter de modo definitivo. Stephen, al que el lector acaba de conocer, se convierte así en un individuo vanidoso e inaguantable, cuando en el original es un joven lleno de matices y mucho más complejo. Descrito tal como aparece en ambas traducciones, resulta difícil saber por qué Maggie acaba enamorándose de él.

El diálogo que citamos a continuación procede del momento en que Maggie y Stephen acaban de conocerse, están midiendo su ingenio y cada uno de ellos intenta deslumbrar a su interlocutor sin abandonar una clave irónica.

Decidedly, whenever old Mr. Leyburn's public spirit and gout induce him to give way. My father's heart is set on it; and gifts like mine, you know»–here Stephen drew himself up, and rubbed his large white hands over his hair with playful self-admiration–«gifts like mine involve great responsibilities. Don't you think so, Miss Tulliver?.

Yes, said Maggie, smiling, but not looking up; «so much fluency and self-possession should not be wasted entirely on private occasions.

Ah, I see how much penetration you have, said Stephen. You have discovered already that I am talkative and impudent. Now superficial people never discern that, owing to my manner, I suppose.

En traducción de Morales:

—Es cosa decidida. Mi padre lo desea y dotes como las mías —al llegar aquí Esteban se levantó y se pasó las manos por el pelo con gusto de admirarse a sí mismo— envuelven grandes responsabilidades. ¿No lo cree usted así, miss Tulliver?

Sí —dijo Maggie, sonriendo pero sin dejar de mirar a su labor—; tanta facilidad de palabra y dominio de sí mismo no deben malgastarse en privado.

¡No! Tiene usted una gran penetración —dijo Esteban—. Por de pronto ya ha descubierto que soy charlatán y descarado. La gente superficial no se percata de ello, quizá por mi actitud.

Y en la de Sardà:

Decididamente, en cuanto el patriotismo de señor Leyburn y su gota le induzcan a ceder el puesto. Mi padre lo desea vivamente, y dotes como las mías —aquí Stephen se levantó y pasó sus grandes manos blancas por encima de su cabello con juguetona admiración de sí mismo—, dotes como las mías llevan en sí grandes responsabilidades, ¿no le parece, señorita Tulliver?

Sí —respondió Maggie, sonriendo, pero sin levantar la vista—; tanta facilidad de palabra y dominio de sí mismo no deben malgastarse enteramente en privado.

¡Ah, veo que tiene usted gran penetración! —dijo Stephen—. Ha descubierto usted enseguida que soy locuaz y vanidoso. La gente superficial no lo discierne, tal vez por mi actitud.

Este lapsus o tal vez censura inconsciente de un personaje un poco molesto (casi se intuye que tanto Morales como Sardà pensaban que era un niño bien que no hacía más que interferir y distorsionar la vida de Maggie) nos hace pensar en la moderna corrección política que mencionaba no hace mucho Carlos Fortea en un brillante trujamán.

Ver todos los artículos de «Traducciones, retraducciones y momias de gato»

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es