Historia
Por Josefina Cornejo
Antes de que se gestara el golpe de estado que desencadenó la Guerra Civil, María Luz Morales (A Coruña, 1889 - Barcelona, 1980) ya constituía toda una referencia en la escena cultural y literaria de la primera mitad del siglo xx. Fue una figura singular y pionera: crítica de cine, moda y teatro; escritora y ensayista; traductora; vehemente feminista, galleguista y republicana. Su compromiso con la comunicación —«la gran señora de nuestra prensa» la llamaban— marcó la incorporación de la mujer a la actividad periodística en España.
Vivió entregada a la escritura en sus múltiples facetas. Su carrera se inició en la revista El Hogar y la Moda, que dirigiría a partir de 1921, donde comentaba los hábitos en el vestir desde una perspectiva novedosa y un enfoque sociológico. En El Sol firmó los artículos de «La mujer, el niño y el hogar», en los que plasmaba su voz fervientemente feminista y reivindicativa. En 1924 se incorporó a La Vanguardia en la sección «Vida cinematográfica». Sus críticas captaron la atención de la productora estadounidense Paramount Pictures, que la quiso como asesora literaria en sus filmes y a la que, con la llegada del cine sonoro, le confió, además, la traducción y adaptación de los diálogos y la dirección de las publicaciones Revista Paramount y Paramount Gráfico.
Pero estalló la guerra. Unas semanas antes, Morales, que, como representante de la Asociación de Escritores Gallegos, siempre estuvo muy vinculada a la vida cultural y política gallega, mostró su apoyo a la aprobación del Estatuto de Autonomía de Galicia y ocupó la secretaría de Mujeres Galleguistas durante todo el conflicto. Cuando Agustí Calvet Pascual, o Gaziel, tal y como firmaba el a la sazón director de La Vanguardia, emprendió el exilio tras el alzamiento militar, Morales —la única mujer de la redacción— se puso al frente del rotativo liberal, controlado entonces por un comité obrero formado por los trabajadores. Se convirtió así en la primera directora en la historia de España de un diario nacional. En 1938, colaboró en el guión de Sierra de Teruel (L’espoir), película documental de André Malraux sobre el derribo de un aparato integrante de una escuadrilla aérea perteneciente a las Brigadas Internacionales, no estrenado en los cines españoles hasta 1977. Tras el triunfo franquista, los redactores del diario barcelonés y su directora fueron cesados y juzgados, se les prohibió la salida de España y el ejercicio del periodismo en cualquier publicación. Morales, acusada asimismo de pertenencia al Partido Galleguista durante el «periodo rojo», sufrió varios meses de confinamiento en un convento en Barcelona en 1940.
Escribió siempre; afirmaba que el escribir le era tan necesario como el respirar. En un principio firmaba como un personaje galdosiano, Enrique Centeno; después, a raíz de su inhabilitación por el franquismo, se refugió bajo los seudónimos de Ariel y Jorge Marineda. Repartió su ingente producción en miles de artículos y libros. En la editorial que dirigía, Ediciones Araluce, publicó Obras maestras al alcance de los niños, sus adaptaciones de textos de Homero, Dante, Shakespeare, Goethe, Cervantes, Lope de Vega, entre otros. Destacó con éxito en el teatro; junto a la escritora catalana Elisabeth Mulder publicó la obra Romance de medianoche. Buceó en las vidas de personajes como Julio César, Alejandro Magno, María Antonieta, Edison o Marie Curie. Creó la editorial Surco y tradujo al francés André Maurois, a la austriaca Vicky Baum, a los catalanes Caterina Albert, Xavier Berenguel y Pere Quart. Teorizó sobre el cine, la literatura, las mujeres y los niños. En Las románticas 1830-1930 recopiló una colección de biografías sobre mujeres excepcionales, como Madame de Staël, la primera en publicar un tratado sobre traducción en 1816. En 1958, se llevó al cine su novela El amor empieza en sábado. Tras la represión sufrida, comenzó a reconducir su carrera como crítica teatral en el Diario de Barcelona y a retomar su actividad literaria. Trabajó en Salvat y colaboró en la revista Lecturas.
«Simple y sencillamente periodista». Así quería ser recordada. Mas lo cierto es que, tres décadas después de su fallecimiento, mucho queda por hacer para recuperar la trayectoria de este personaje clave de la cultura del pasado siglo.