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Martes, 18 de junio de 2013

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Lenguas

La novela intraducible

Por María José Furió

No son muchas las veces que le he oído a un editor afirmar acerca de una obra de ficción «es intraducible», pero en todos los casos se trataba de una obra del ámbito lingüístico caribeño. Recuerdo, por ejemplo, Solibo Magnifique y Texaco, de Patrick Chamoiseau (Martinica, 1953), y Divina Trace, de Robert Antoni (EUA, 1958).

No pareció del todo imposible traducir al español un texto breve y difícil de Paul Bowles, The Head T. A. Odutola: El Ogbeni Oja de Ljebu-Ode, (El Jefe T. A. Oudtola: el Ogbeni Oja de Ijebu-Ode), que resolvieron al alimón Rodrigo Rey Rosa y Pere Gimferrer y que en 2004 editó Seix Barral en la colección Únicos. Aun esta figura ineludible de la literatura norteamericana se llevó una regañina de parte de algún crítico moderno que no entendió qué quería decir Bowles con frases de este jaez: «Piratas chinos decapitados, el poder que la comodidad tiene sobre mí» o «¿Cuántos años hace que nos preguntamos si el jefe del cuartel general tiene mando sobre su fantasía de privación sensitiva?», por más que Rey Rosa señala en el prólogo que se trata de un ejemplo de escritura automática, que tal vez puede ser un «cadáver exquisito», escrito en Tánger, en 1968, y «sin duda bajo la influencia del cannabis».

A menudo, que una obra de calidad literaria se considere intraducible solo quiere decir que la editorial no considera rentable hacerlo. O bien porque el autor no es lo bastante conocido para recuperar el gasto de traducirlo (tanto más si no hay subvención), o bien porque no existen precedentes ni una tradición ha fijado soluciones a dificultades recurrentes, como puede ser la transcripción de formas orales de una lengua como el créole trinitense cuya escritura no está normalizada. En el área caribeña anglófona, la presencia de africanismos convive con la influencia del francés, pero también con las huellas de la dominación portuguesa, española, holandesa, sin olvidar que cuando la esclavitud dejó de considerarse rentable, se favoreció la emigración desde China, India, Siria o Líbano.

Las novelas intraducibles que he mencionado son deliberadamente textos híbridos, y la intencionalidad es política, pues pretende combatir la dominación colonial. La «base» normalizada o culta del texto es el inglés o el francés, pero el porcentaje de criollismos, de recreaciones del habla de la zona —las Antillas menores, Guadalupe y la Martinica en la narrativa de Chamoiseau; y la isla de Trinidad en la obra de Antoni—, ocupan más de un tercio del texto. En Divina Trace, el autor da la palabra a varias voces que narran en su particular idiolecto su versión de una misma historia, la de Magdalena Divina y su hijo-rana. A la exhaustiva presencia del créole, se añaden las influencias de James Joyce, Salman Rushdie, Derek Walcott —también antillano— y García Márquez.

Cuando en su tercera y cuarta novelas, My Grandmother’s Erotic Folktales y Carnival, Robert Antoni redujo la presencia de criollismos y de experimentalismo vanguardista que caracterizaban sus dos primeras y voluminosas novelas, editoriales de España, Finlandia y Francia se decidieron a traducirlo. Patrick Chamoiseau, un autor consolidado, solo ha sido traducido al español una vez, después de que Texaco obtuviera en 1992 el premio Goncourt. Emma Calatayud firma la traducción para Anagrama, de 1994. Y da la impresión de que se difumina algo del tono del créole francés al preferir en castellano la mayor corrección gramatical:

Ella répéta encore Mentô, Mentô, Mentô, en désignant d´une griffe l´endroit par lequel ces derniers avaient pris disparaître. Puis elle hurla un ordre (ou alors une supplique, c´est selon ton oreille): —Yo di zot libèté pa ponm kannel an bout branch! Fok zot désann raché’y, raché’y raché’y!… (Liberté n’est pas pomme-cannelle en bout de branche! Il vous faut l´arracher).

Y siguió repitiendo Mentô, Mentô, Mentô, señalando con la uña el lugar por donde habían desaparecido los tres hombres. Después, gritó una orden (o una súplica, según tu oído prefiera interpretarlo). —Yo di zot libèté pa ponm kannel an bout branch! Fok zot désann raché’y, raché’y raché’y!… (¡La Libertad no es una manzana de canela colgando de una rama! ¡Tenéis que arrancarla!).

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