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Lunes, 3 de junio de 2013

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Traductología

Sobre siglas

Por Mariano Antolín Rato

La otra noche viendo una película en inglés, oí decir a uno de los personajes que había estudiado en UCLA, siglas de lo que traducido es: Universidad de California en Los Ángeles. El actor, por supuesto, pronunciaba [yu] [si] [el] [ei] —en transcripción fonética aproximada hecha según los criterios de varios diccionarios que he consultado—. No unía los sonidos; se limitaba a deletrear las iniciales sin formar una palabra con ellas como solemos hacer los hablantes en español, que normalmente decimos Ucla. Pasa lo mismo que en el caso del  MoMA o la CIA, que para él nunca serían Moma o Cía, sino unas iniciales separadas con claridad. Y los ejemplos se pueden multiplicar, aunque aquí de modo innecesario porque pretendo referirme a la transcripción escrita de siglas del inglés al español.

Estas últimas semanas la cuestión se me plantea casi cada vez que me pongo a traducir. Resulta que en la mayoría de las páginas  de la novela que estoy traduciendo aparecen siglas. Y unas siglas no demasiado conocidas por el lector a quien va dirigido mi trabajo. O al menos doy por supuesto eso cuando a mí me resultan extrañas. Un criterio con una base de apoyo poco sólida, lo reconozco, pero al que recurro a falta de otro.

En el original, una novela policiaca de las que, por influencia de la famosa colección de Gallimard, se llaman negras, abruman las siglas. Dudo que ese agobio sea una característica del género que donde se publicó —[yu] [es] [ei], nunca Usa para ellos— conocen por thriller, aunque algunos pretenciosos lo adjetiven, en un calco directo del francés, como Noir. Da lo mismo, pues el caso es que la constante aparición de las dichosas siglas me tiene inquieto. Y no necesariamente porque resulte difícil —internet mediante— saber a qué se refieren. El problema reside en que lo más normal es que como tales siglas al lector en español no le digan nada —y vuelvo a extrapolar, quizá equivocadamente, mi ignorancia—. Ocurre, por ejemplo, con NYPD, que se repite sin parar. Mucha gente sabe que son las del New York City Police Department. Si apareciese sólo una vez, no habría problema. Se traduce por Departamento de Policía de Nueva York, y a otra cosa. Pero cuando se vuelve a presentar unas pocas líneas más abajo, y otra vez en la página siguiente y en la siguiente dos veces más, encontrarse con todas esas palabras, en lugar de las siglas, hace la lectura fatigosa. Cabe la posibilidad, que rechazo en principio, de arriesgarse a poner DPNY. Sería una creación que un traductor no tiene derecho a introducir.

Las consultas que hago me ayudan poco. Como era de esperar, dadas las pocas que contiene, esas siglas no aparecen en la Ortografía de la lengua española de la Academia, publicada por Espasa, que tanto se vendió en su momento —mi edición es de 2010—. Y los criterios establecidos en los libros de estilo del diario El País o la agencia Efe que tengo a mano tampoco son aplicables. Recomiendan que, aunque la sigla sea conocida, nunca se empleará sin que la primera vez vaya precedida del enunciado completo. En la traducción a la que me estoy refiriendo, ¿qué siglas debo poner, las originales o las del término traducido?

Veo que en varios trujamanes de hace como mínimo diez años ya se planteaba la cuestión y en ninguno de ellos sus doctos autores conseguían resolverla. Es más, uno de esos trujamanes se titulaba «Las siglas son traicioneras». Algo en lo que coincido plenamente esta temporada y me ha llevado a titular estas líneas con un modesto —sobre todo comparado con los de Cabrera Infante, maestro en estos asuntos— trabalenguas.

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