POESÍA
Por Ramón Buenaventura
Pero tampoco es imprescindible recurrir a Shakespeare o a Cervantes para meditar sobre la importancia de la belleza en la traducción. Miren esto:
Butterfly mornings and wild flowers afternoons.
Es un fragmento de una canción suave y melancólica que Sam Peckinpah, con fílmica astucia, introduce como un paréntesis de alivio lírico en su ya legendaria película The Ballad of Cable Hogue. El texto es de un ternurismo agudo, que en pantalla queda además acentuado por el cuerpo grácil de Stella Stevens, en destellos de desnudez. La traducción ha de partir del reconocimiento previo de una casi imposibilidad: el inglés puede forzar la función de los sustantivos hasta trocarlos en adjetivos, como ocurre aquí; el español, difícilmente: «Mañanas mariposa y tardes flores silvestres» a duras penas se entendería. Aun así, no parece que sea difícil dar con una equivalencia aseada: «Mariposas por las mañanas y flores silvestres por las tardes». Pero: el texto español nos queda violento, demasiado rotundo, sin los armónicos sensibleros del original; casi científico, porque incluso podríamos estar hablando de un investigador en busca de muestras por los campos. Horrible, cómo negarlo.
¿Y? Tendremos que provocarnos un apretón de fina sensibilidad y ver qué se nos ocurre (que encaje en la canción). El primer adelanto sería cambiar «flores» por «florecillas» (creo que «mariposillas» sería excederse, sobre todo por las resonancias zarzueleras: «Mujeres, mariposillas lindas / que jugáis con los quereres»). Se nos podría pasar por la cabeza «mariposas mañaneras», pero lo descartamos de inmediato. ¿«Mañanas de mariposas y tardes de florecillas silvestres»? Podría valer, ¿no? Seguro que si lo pensáramos un rato más se nos ocurriría algo más delicado y sensible, pero vamos a dejarlo ahí.
¿Qué he querido decir con todo esto? Precisamente lo que no he dicho suficientemente: que la belleza, en el idioma, es un valor tan indiscutible como inconmensurable, que no hay ni puede haber aparatos para medirla y que el talento del traductor sigue siendo imprescindible.
Maquinitas a nosotros.