Lenguas
Por Ramón Buenaventura
Hay traductores silvestres o piratas: mozos, alguna moza, entusiastas, generosos con su tiempo, optimistas con su talento, al servicio de otros piratas más principales, es decir de quienes se bajan películas en versión original (o sea, mayormente, en inglés) y luego necesitan subtítulos para entenderlas.
Es un fenómeno difícil de valorar. En internet hay varias páginas donde puede usted encontrar subtítulos en español para miles de películas. Miles, casi siempre con muchas versiones para cada título. Llevan banderita, para que se sepa a qué castellano atenerse: argentino, mexicano, puertorriqueño, peruano, colombiano, venezolano, español; llevan especificaciones técnicas, para que se sepa con qué versión técnica de la película encajan más o menos impecablemente; llevan un trabajo considerable, porque, como ya imaginarán ustedes, la cosa no consiste solamente en ir tecleando las equivalencias españolas de los diálogos originales: también hay que sincronizar los textos, para que salgan en pantalla al mismo tiempo que el personaje dice la frase de marras. Una trabajera. Gratis pro Deo, además: no parece que estas páginas generen beneficios para nadie; puro altruismo subversivo.
De todas formas, no son los aspectos técnicos de la cuestión los que me interesan aquí, sino la querella humana que se traen los traductores silvestres sobre el español. Entre ellos, los hamericanos1 parecen detestar inmensamente las versiones en «español europeo» o, como también las llaman, las «versiones coño». No soportan, por ejemplo, que traduzcamos «asshole» por «gilipollas». Es más: en sus versiones avisan, con cierto orgullo, que han eliminado las españoladas. Y proclaman que sus subtítulos están en español neutro. (No entremos en la calidad de las traducciones silvestres; digamos solo que es mala casi siempre y pésima con frecuencia; errores tan inverosímiles como este que acabo de notar en un capítulo de Californication: «I love you too» = «Te amo demasiado».)
Habrá que averiguar, por otra parte, qué se debe entender por español neutro. Si se baja usted una versión argentina de subtítulos, va a estar voseada, va a traducir «miniskirt» por «minipollera» y va a utilizar «coger» en el sentido que todos sabemos que coge en cuanto cruza la mar océana hacia el sur. Dicho de otro modo: no estará en ese famoso español neutro, sino en el español de Argentina. Lo equivalente cabe decir de todos los demás orígenes. A mí, la verdad, la cuestión me trae al pairo, porque jamás me han molestado las variantes del español, que considero tan mías, todas ellas, como si hubieran nacido en mi entorno familiar o las hubiera inventado yo. Pero, evidentemente, muchos usuarios de la lengua encuentran abusivo e insultante que cada cual hable a su modo, al modo de los suyos, al modo que fue aprendiendo al vivir.